LO QUE SIENTEN LOS PENSAMIENTOS

“Miscelánea”

Se lamentaba hace años mi amigo Emilio, responsable del desarrollo urbano de una pequeña ciudad argentina, de que “siempre iba detrás de los acontecimientos”,  una elocuente manera de expresar cómo el vertiginoso ritmo que nos exige la vida actual no nos deja otra alternativa que hacer y hacer cosas, tomando constantemente decisiones apoyados apenas en nuestro instinto y sin que apenas tengamos la oportunidad de  poder levantar la mirada para visualizar a dónde nos llevan.

Y por más que queramos revelarnos y hacer las cosas de otra manera, es difícil, seguramente imposible, sustraernos a este vendaval en el que tenemos que elegir, decir, hacer, producir, escribir, proyectar o encauzar tantas cosas y además tan rápidamente que finalmente asumimos que ya es exitoso ir apagando cada uno de esos incendios… siguiendo el ritmo de los acontecimientos que se van superponiendo uno tras otro. Porque nunca solemos tener ni el tiempo, ni los datos, ni los recursos, ni el presupuesto óptimos…
Por eso aquella frase que me dijo un día Emilio en Reconquista, me recuerda cada día que debo tener bien entrenada mi capacidad de elegir buenas o al menos óptimas primeras ideas sobre cada asunto, ya que generalmente ni hay oportunidad para pensar detenidamente  las cosas y depurarlas con el poso de la reflexión, ni tendremos más tarde la  opción de cambiarlas por otras… Y eso explica que solo una intuición bien entrenada, unos razonables conocimientos sobre la materia a decidir, una buena organización, y seguramente también ciertas dosis de sagacidad, van a permitirte tener constantemente buenas primeras ideas que más tarde, durante el proceso de su desarrollo o de su ejecución, puedan ser pulidas, matizadas o ajustadas y puedan evolucionar para convertirse, por ejemplo, en un buen diseño.

Y resulta que hoy, aquí me tienes, reconociéndote abiertamente que el ritmo de los acontecimientos nos supera cada día en todos los ámbitos, y ahora al volcar mi mirada veo nítidamente que llevo años, muchos ya, navegando por las aguas del río de la vida, sorteando rápidos y salvando remolinos, sin saber muy bien a donde me llevarían. Viviendo casi sin tiempo de averiguar lo que realmente sentí en cada momento… incapaz de discernir aquello esencial de las voces huecas de los cantos de sirenas… Vamos, confundiendo tantas y tantas veces la paja con el grano…

Por eso he decidido que voy a cambiar algunas cosas, no muchas pero sí las más importantes, y quiero tenerte a ti como testigo. Y la primera de ellas es que voy a salirme de esa vorágine para adelantarme a los acontecimientos y verlos venir, avanzando esa decena de pasos que me hagan ir delante de ellos…

Y lo voy a hacer obligándome a meditar cada día, al alba, escuchando a mi corazón y leyendo mi mente… Voy a averiguar lo que sienten mis pensamientos… Y te lo quiero contar cada día en La Ciudad Comprometida.