Hoy os propongo una reflexión sobre Albarracín, un bellísimo pueblo que en apenas dos décadas ha pasado de estar lánguido y ruinoso a tener una saludable salud patrimonial y una desbordante vida cultural y turística (gracias sobre todo a la labor de la Fundación Santa Mª de Albarracín). Sin embargo, una vez realizado lo más complejo, deberán diseñar fórmulas que garanticen que su rico patrimonio no se vea afectado por la presión turística e inmobiliaria ni que la experiencia de visitar este lugar se vea mermada por la masificación.

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AGRADECIDOS POR SU LABOR A FAVOR DEL PATRIMONIO ARTÍSTICO, MONUMENTAL, PAISAJÍSTICO Y MEDIOAMBIENTAL

Hace unos días tuve el honor de asistir al acto de inauguración del curso 2017/18 del Centro de Estudios “Pedro Suárez” donde gocé de la impresionante conferencia: “La gestión integral del patrimonio cultural: el caso del conjunto histórico de Albarracín”… pero eso es otro tema del que quisiera hablaros detenidamente mañana o pasado, ya que hoy voy a centrarme no en el acto en sí, sino en difundir porqué son importantes este tipo de entidades y a qué van destinadas.

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AYER VIVÍ COSAS GRANDES, MUY GRANDES, EN LA CATEDRAL DE GUADIX

Ayer viví un día muy especial en Guadix, la hermosa ciudad andaluza que me vio nacer, ya que fue uno de esos días en los que la tradición y la cultura en su máxima expresividad se manifiestan con esa grandiosidad que solo está reservada para los días más señalados… Y es que ayer, como cada segundo domingo de noviembre, sus gentes, mis paisanos, celebraban con gran solemnidad la festividad de su patrona, la Virgen de la Angustias, y yo tuve la fortuna de asistir al acto más relevante de cuantos se programaron: La misa pontifical que se celebró en la Catedral…

Era en efecto un acto religioso, pero en realidad también constituyó una maravillosa experiencia cultural, espiritual y para los sentidos, en la que en la que cada uno de los allí presentes fuimos al tiempo actores y espectadores de una liturgia cargada de simbolismo y de un innegable valor antropológico, que seguía un patrón depurado a través de los siglos, y en la que cada uno de sus detalles contribuyeron a la creación de un aura que le daba trascendencia a todo cuanto allí pasó…

Y no cabe la menor duda de que la grandiosidad de la arquitectura de la Catedral de Guadix jugó un papel estelar, ya que la simple contemplación de sus espacios, la luz filtrada, las columnas y filigranas, o las bóvedas de esta joya del renacimiento andaluz ayudaban a trasponerte abriendo todos los poros de tu ser, e incluso te invitaban de alaguna manera a reconciliarte con el ser humano, cuya mano fue capaz de diseñar primero y a construir después algo tan sublime… pero fue mucho, muchísimo más, por supuesto, lo que allí ocurría.

¿Sería entonces por la devoción de las gentes? ¿O por la solemnidad con la que las autoridades civiles y religiosas representaban su papel? ¿Quizás por la escenografía de un ritual en el que cada acto estaba cargado de sutilezas y de significado? ¿O por los ropajes barrocos del séquito de sacerdotes que procesionaban tras del Sr. Obispo? ¿Sería el incienso? ¿Cuánto no dependería lo que allí ocurría de la música del órgano y de las voces corales que cantaban un “Benedictus” maravilloso? ¿O por el brillo de los retablos y de la imaginería religiosa que ayer lucían su mayor esplendor? ¿Y la Luz? ¿No sería acaso por la luz de los centenares de cirios que destellaban dando calor y color a esa otra luz que la arquitectura primero y la tecnología después supieron aportar? ¿Y los recuerdos, qué papel jugarían en todo aquello? Porque yo no podía abstraerme de tantas vivencias relacionadas de una u otra forma con aquel edificio, evocando recuerdos de seres entrañables para mí con los que había compartido momentos similares muchos años atrás…

Por tanto, ayer viví, como os decía, una extraordinaria experiencia cultural difícilmente separable de la experiencia espiritual que también viví… de modo que aún hoy, muchas horas después, aún disfruto erizado de aquella emoción tan intensa.
Y es que no hay nada comparable con la riqueza que atesoran las catedrales, con todo lo que representan histórica y culturalmente, para comprender que el patrimonio trasciende de lo meramente arquitectónico y va mucho más allá… Es decir, de lo meramente artístico del edificio contenedor y de los bienes muebles en él contenidos… Porque las catedrales, como los grandes conjuntos conventuales o monumentales, son verdaderos archivos de nuestra historia colectiva.

Por eso no hay ningún sitio como las catedrales para entender que los aspectos antropológicos y simbólicos son consustanciales a los físicos, y que no podría bastar con restaurar el inmueble si ello no se realiza en el contexto de un verdadero entendimiento de lo que ese monumento significa en todos sus aspectos, incluyendo obviamente el religioso, que constituye su esencia, su sentido y su origen.

Y mi mente, caprichosa en esta mañana otoñal, mientras os escribo me lleva a recordar los quince años durante los que asesoré al Obispado de Guadix como arquitecto diocesano, en los que fui testigo de excepción del impulso que a finales de los ’80 tuvo el Plan Nacional de Catedrales, primero desde el Ministerio de Cultura español y después ppor los diferentes gobiernos regionales, y que supuso un salto cualitativo en los modos de proyectar las intervenciones sobre el patrimonio cultural. Y dio lugar a la formulación de numerosos Planes Directores (yo tuve el honor de dirigir el correspondiente a la Concatedral de Baza) a través de los cuales fue tomando forma una manera diferente de intervenir en el patrimonio al considerar que las labores de conservación o de restauración del edificio o de sus bienes muebles más destacados (un retablo, por ejemplo) debían inscribirse dentro de un verdadero plan organizado en el que pudieran identificarse actuaciones mucho más diversas. De ahí que tuviesen cabida aspectos relacionados con la investigación histórica y documental; con el uso cultural del edificio; con la actividad turística; con la conservación de toda clase de bienes muebles tales como vestuarios, misales y libros corales; con la imaginería, las pinturas murales y los programas decorativos; con su uso museístico; o con la mejora del entorno del monumento, por ejemplo, y todo ello con el concurso de numerosos especialistas y desde el convencimiento de que se hacía imprescindible una visión holística de la intervención sobre el patrimonio cultural.

Años después, tuve la oportunidad de replicar esta metodología para la intervención en otros conjuntos monumentales o incluso para abordar trabajos complejos de planificación…

Pero el caso es que ayer viví cosas grandes, muy grandes, en la Catedral de Guadix.

CATEDRAL DE GUADIX fotografía de TORCUATO FANDILA

RECORRIENDO LAS CENTRALES HIDROELÉCTRICAS DE JÉREZ DEL MARQUESADO

Este domingo pasado, como casi todos ellos, decidí salir a la montaña para hacer senderismo y cargarme de vitalidad… Recordareis que una de mis frases favoritas es esa que dice:

¿Qué hay en los paisajes que no sea una cierta fertilidad en mí?

Pues bien, en esta ocasión recorrí el Barranco Alcázar, en la cara Norte de Sierra Nevada (Jerez del Marquesado, España), primero ascendiendo por su margen izquierda hacia el área recreativa de La Tizná, y ya tras el bocata, descendiendo por su margen derecha. Conociendo un maravilloso paisaje cultural que nos iba narrando cómo el hombre del lugar se relacionó con la montaña y supo convivir con ella.

En realidad el hilo conductor del recorrido fueron las diferentes obras de ingeniería que a lo largo del siglo XX se hicieron para producir electricidad destinada fundamentalmente para las cercanas Minas de hierro de Alquife, hoy clausuradas pero que durante décadas han sido la única fuente de trabajo de toda la comarca del Marquesado. Aunque lógicamente durante el recorrido en cierto como pudimos identificar los vestigios que a lo largo de la historia dejaron estas gentes, con sus costumbres, en el lugar…
Así pues, iniciamos nuestra senda recorriendo un antiguo camino de arrieros que cruzaba la Sierra y que discurrió en gran parte por uno de los “cortafuegos” del bosque de coníferas que fue sembrado allá por los años ’50 y que en apenas unas décadas ha trasformado el paisaje comarcal. Pero enseguida llegamos a los primeros ingenios para producir electricidad, de los muchos que hay en este valle: Las Centrales Hidroeléctricas del Marquesado. Todo un sistema conformado por la recogida de agua de los arroyos y su canalización a través de un canal para que no mucho después, una vez conseguido un gran desnivel respecto del río, caer con toda la fuerza hacia una Central Hidroeléctrica y sus turbinas para producir la electricidad que permitió modernizar las Minas de Alquife.

Y durante el recorrido que nos ocupó unas cinco horas, apreciamos todos los elementos que conformaban estos sistemas de generación de electricidad, absolutamente innovadores para su época y que trajeron la “modernidad” a estas montañas… Canales, balsas de acumulación de agua, cámaras de descarga, la casa del guarda, las tuberías, las centrales con sus turbinas… Un maravilloso patrimonio de arqueología industrial que ojalá que más pronto que tarde pueda sea objeto de las obras de conservación (e incluso de puesta en uso puntual) para que pueda ser “contado” a los visitantes… Por lo que aprovecho desde aquí para mandar un fuerte abrazo y todo mi apoyo a Juan Carlos Guerrero (investigador/soñador local) que está intentando impulsar estas iniciativas…

Y durante el recorrido visitamos una vaquería, o recorrimos diversas acequias de riego, con sus partidores, nos acercamos a las plantaciones de castaños… y de alguna manera, visualizamos también la exquisita manera con la que el hombre popular se relacionó con el medio en el que vivía y con el que convivía…

En definitiva, una maravillosa mañana teniendo como una guía excepcional a la fotógrafa Nuria Hernández, en unos parajes sobrecogedores, que me cargaron de energía y también de pensamientos… y quién sabe si también de proyectos…