Granada CF: Lo que pase, pasará

Cuando intentamos dar un paso, pueden suceder dos cosas. Una, que avancemos y podamos dar otras zancadas sucesivas. O Dos, que nos tropecemos y caigamos al suelo. Siempre existen ambas posibilidades, pero sería enloquecedor tener siempre presente que cuando caminamos por la calle podemos darnos de bruces en cualquier instante, igual que sería estresante valorar mientras conducimos que nos la podemos pegar en todas las curvas. Tener en cuentan los riesgos que conlleva cada decisión es importante, pero detenernos constantemente en lo negativo y ahondar siempre en los supuestos más pesimistas sólo nos sumen en la más terrible de las amarguras.

Yo no sé si los Pozzo se van a ir, ni si van a entrar como accionistas en el Espanyol. Tampoco he podido medir el impacto que supondría para esta familia repartir esa inversión entre el equipo catalán y el Granada, ni si la relación tendría más perjuicio que beneficios. Simplemente, el hecho principal del desembarco no ha ocurrido, pero la imaginación ya vuela en nuestra ciudad y siempre se detiene, como es costumbre, en el postulado más negro para el equipo rojiblanco.

La aparición de los Pozzo fue un milagro para el Granada. Como tal, sigue siendo algo bastante increíble que perduren aquí. Gracias a ellos, y al grupo de Pina en el que han depositado su confianza, se conformó un equipo decente con aspiraciones de ascenso y se entabló el camino de soluciones económicas por el pasaje de depuración de la ley concursal. Todavía nos encontramos en un estadio primario, con el proceso de refinado de cuentas en curso y el conjunto luchando por ser primero en el campeonato regular. Sin embargo, las noticias procedentes de Barcelona han comenzado a desestabilizar. Son mensajes de naturaleza informativa, a los que muchos le dan un prisma que erosiona morales. Mientras no haya movimientos, los Pozzo siguen aquí. Lo demás es construir ciencia - ficción sobre un hecho no producido. Alimento de conjeturas que en nada ayudan al ambiente.

Tal vez los Pozzo se vayan, pero es que desgraciadamente el Granada no puede aferrarse a ningún compromiso, sino dar las gracias por el día en que se fijaron en su anquilosada estructura. Hay que esperar que estos gestores no deserten, que el club levante la cabeza, pero si se van los buenos granadinistas tendrán que buscar a otro mesías. Es la historia rojiblanca desde hace lustros. Lo que es absurdo es no disfrutar de este momento maravilloso, casi onírico, trayendo siempre a colación que igual que vinieron se esfumarán algún día. Esa opción siempre estará abierta, aunque no recalen en el Espanyol.

No viajemos con la tensión del pesar, sino aprovechando cada instante mágico. Es tan contraproducente como pensar que al Granada le sobrará dinero este año. ¡Pero si tiene casi 12 millones de deuda! Habrá que amortizarla, digo yo. Pensemos en el saneamiento y el ascenso antes que en ciudades deportivas y nuevos campos de entrenamiento, que a veces anhelamos un proyecto deportivo de altura y nos queremos saltar de golpe todos los pasos. Si ha habido despilfarro se ajustará a finales de junio no ahora, porque si se consigue el objetivo cualquier inversión habrá estado justificada. Que la institución está todavía en Segunda B y estos tipos no llevan ni un año. Que  no se pida lo que no ha hecho nadie y no se hostigue tirando siempre del hilo que más daño hace. Lo que pase, pasará. Y no lo evitaremos por removerlo una y otra vez.

El crack corrompido (columna de Ideal)

Muchos de los fenómenos de la Historia nos han trasladado la sensación de que habrían llegado todavía a más si no se hubieran rendido ante la dejadez. Durante años, parecía consustancial que un gran jugador se viera vulnerado por los placeres y los halagos. Enormes futbolistas que se transformaban en deficientes deportivas por la atmósfera irreal que algunos interesados generaban a su alrededor, cargada de notoria fama, piropos excesivos, dinero multiplicándose y aburrida ociosidad. ‘Cracks’ del balón corrompidos por los delirios de grandeza momentánea. Un proceso que ha truncado más de una carrera, en el que podría caer Daniel Benítez. Su voluntad pende de un hilo.
Cuentan que el extremo mallorquín del Granada procede de un barrio humilde de su tierra, donde abunda cierta marginación y demasiada delincuencia. Benítez progresó con unas actitudes futbolísticas fantásticas, que le hicieron llamar la atención de los ‘buscatalentos’. Reúne todas las cualidades que un entrenador implora hallar en uno de sus hombres. Velocidad con el esférico controlado, mil soluciones en el regate, disparo potente y seco, buen ajuste para el pase y el centro. Sin embargo, Benítez no acaba de explotar todo su talento. Vive apresado por ciertos monstruos. Se deja vencer a menudo por la vagancia. Elige mal como costumbre.
Benítez empezó la Liga en el Granada como un tiro y empieza a caer en el cuestionamiento. La grada no entiende sus poses chulescas, las múltiples protestas a los árbitros que sólo sacan amarillas y su irremediable querencia hacia el individualismo, que quebranta la idea colectiva de equipo. Los técnicos se preguntan qué podría ser de él si se implicara en el trabajo, si mantuviera un espíritu competitivo, si sacará a la luz sus cualidades de manera ordenada. El Udinese apostó fuerte por Benítez e invirtió un quintal para que terminara de explotar en el proyecto rojiblanco. Benítez parecía sobrado para esta categoría. Ahora empieza a impregnarse de cierta vulgaridad. Sus atisbos díscolos se hacen demasiado habituales.
El negocio ha sido durante años tolerante a la soberbia de las estrellas, dispuestas a rendir según les pareciera, señoritos que necesitaban una corte de pretorianos guardándoles las espaldas para no tener que esmerarse en las rutinarias tareas defensivas. Este juego empezó a estropearse cuando sus virtuosos descuidaron el esfuerzo como motor. La hornada española de los Xavi, Iniesta o Silva desmiente que un tipo con clase no pueda sudar la camiseta. El que aspira a la grandeza lo es en todas las facetas.
El fútbol es también voluble pero siempre suele conceder nuevas oportunidades. Benítez tiene que aprender cuanto antes el valor de la constancia, si quiere alcanzar las cotas de éxito que su calidad presupone. Si no abandona esa seductora pero destructiva vida distraída su futuro es oscuro, por mucho que crea que por marcarse unas cuantas carreras y deslumbrar con una finta resulta suficiente. Sería uno de esos efervescentes jugadores que pululan por categorías subterráneas, del que todo el mundo se pregunta por qué no llegó más lejos. Pues porque descubrieron la respuesta demasiado tarde. Para Benítez no lo es. Aún.

Sangonera - Granada: ¿Dónde están los demás?

Decía este verano Qique Pina que Ighalo le recordaba a Eto’o. Lo que no concretó fue a qué Eto’o. Si aquel que triunfó en el Barcelona con una voracidad incontenible, el ilusionado mallorquinista que reclamó a Florentino un sitio en el Bernabeu o aquel jovencísimo camerunés que apuntaba maneras en el filial blanco pero que deambulaba de cesión en cesión sin explotar su enorme talento. Tal vez Ighalo esté en esa fase inicial, donde el delantero deja asomar sus virtudes pero le falta el poso justo para pasar de bueno a imprescindible: la tranquilidad ante el gol. Son fases complicadas de alcanzar, cuyo alcance puede tardar lo suyo.

Le ocurrió al joven Eto’o, se apoderó también de Higuaín esa imprecisión anotadora hasta hace pocas fechas y parece aún presente en Ighalo a su modo, al que muchos compañeros recordaron su frivolidad al intentar terminar con vaselina una jugada de reflexión más sencilla, con el 1-1 en el marcador. Es fácil culpar al que falla, pero para hacerlo hay que estar en esa posición crucial. ¿Dónde estaban los demás? Éste metió dos goles.

Un equipo es también su estilo, pero por encima de ello influyen la importancia de sus jugadores más determinantes. Hace bien poco, el Granada no necesitaba jugar bien para ganar muchos partidos. Ahora, algunos de esos hombres fundamentales parecen quemados. Lo de Benítez es preocupante, Felipe hostiga pero se le ve mermado, Tariq desconcierta porque tan pronto da un gran pase como falla un remate en el área pequeña.

De repente, Ighalo se ha quedado muy solo y el equipo no hace otra cosa que marrar oportunidades. Hoy algunos culpan al nigeriano, al que se infravalora su portentosa capacidad para desmarcarse y jugar al espacio. Otros se anclan en la banda y se dedican al regate maquillado.

La culpabilidad de Tomé no se encuentra en que el equipo juegue mal. Eso ahora mismo no es tan capital. Lo preocupante es que los futbolistas llamados a romper la mediocridad de la Liga se están apagando. Hay futbolistas por los que se ha pagado traspaso que tendrían que ser auténticas estrellas, aunque esta categoría invite más al pundonor que la clase. Es probable que se gane este domingo al Jerez. Puede que hasta se golee, pero en estos momentos el técnico tiene que ser capaz de recuperar psicológicamente a este grupo. Se le están pudriendo las manzanas más lustrosas. El tiempo apremia.

Granada CF: Reflexiones del partido ante el Ciudad

La victoria siempre es terapéutica pero la de esta semana para el Granada tiene múltiples lecturas positivas. El recorte en la clasificación es el dato objetivo que alimenta la esperanza del primer puesto para los rojiblancos, pendientes de no fastidiarla en las próximas semanas para llegar al decisivo choque con el Melilla en Los Cármenes a tiro de piedra. Pero el triunfo rehabilitó a dos futbolistas que necesitaban una actuación decente para acallar críticas e involucrarse en esta recta final y decisiva para el equipo. A su manera, Ighalo y Óscar Pérez no habían rozado las posibilidades de juego que se les presuponían. Ayer ambos empezaron a mostrarse no sólo vistosos, sino sobre todo implicados.

Ighalo apuntaba maneras desde su irrupción. Tenía todo lo que se le puede pedir a un delantero. En el campo del Jerez, donde debutó, desplegó gestos para creer en una evolución portentosa. Pero antes que jugador es persona y nadie en su piel habría tenido la cabeza en su sitio para abstraerse de los múltiples avatares que ha vivido desde entonces y así centrarse en su oficio. A Ighalo sólo se le puede echar en cara que todavía se le nubla la vista ante la red. Caía con prontitud en la ansiedad del delantero con ganas de gol pero con el horizonte difuso. Es, salvando las diferencias, el trago que también le tocó sufrir a Higuaín en el Madrid, con la diferencia de que a Ighalo se le ha exigido rendimiento de estrella, cuando no deja de ser un chaval de veintitantos con todo el fútbol aún por delante. Cuando algunos lo crucificaban de antemano, ayer dio muestras de su valía. No sólo cuentan sus goles. También, su capacidad de presión y el modo de acompañar las jugadas. Es un delantero que crea peligro por sí mismo. No es poco.

A medida que crece su figura, brota un estilo diferente en el Granada. No se vio ningún balón en largo, tal vez por dos motivos, que son compatibles. La ausencia de Amaya y la disposición del entrenador, que abogó por otra propuesta menos directa. Eso tuvo consecuencias en la boya del Granada. Tariq apenas apareció en escena y cuando lo hizo, prácticamente estorbó la salida de balón. En un equipo que se decida por construir el fútbol con pases rasos, Tariq se hace una rémora por su técnica deficiente. Ahora bien, como especialista en aclarados no tiene precio. Los goles de Ighalo llegaron precedidos de movimientos de arrastre de Tariq, que fueron fundamentales para abrir espacios. Quizás sea su nuevo rol. Alivar la tarea para que el nigeriano se luzca. Observaremos si se consolida el cambio y asimila transformarse en segundo espada de alguna manera.

Óscar Pérez fue otro de los rehabilitados, aunque no tanto por su primera parte. Actuó en zona cómoda, sin adentrarse en el mar de piernas que formó el Ciudad, con pases rutinarios, de lado a lado, sin causar daño alguno. Quizás le hacían falta algunos pases protocolarios para coger confianza. Después mejoró su presencia con alguna idea de mérito, aunque sigue algo atolondrado a la hora de defender (su amarilla fue innecesaria) y mantiene esa timidez que escama en un mediocentro, pues en su puesto hay que ser más comunicativo. Lo malo es que no viaja a Sangonera, pero hasta le puede ir bien. Este futbolista puede llegar a ser importante, pero sobre todo luce en Los Cármenes. Si se confirma la lesión de Granada, su protagonismo aumenta y es bueno que abandone ese gesto apático que tanto decepciona.

Tetteh es una noticia interesante. Jugó poco, con el partido definido, pero mantuvo mucho criterio y tranquilidad. Atreverse a lanzar dos veces a puerta en el día de tu debut, en un estadio considerable con tres cuartos de entrada, denota arrojo a espuertas. A la fortaleza aparente se le une que tiene tacto en el pie. No debemos precipitarnos, pero apunta maneras. Eso es bueno, visto el déficit de luz en el centro del campo rojiblanco. Con Kitoko en proceso adaptativo, el resurgir de Óscar Pérez y el descubrimiento de Tetteh promete variantes en la recta final de la Liga.

Pero por muchas apariciones que surgan, hay un futbolista modesto que es ahora mismo titularísimo. Se trata de Lucena, que ha conquistado hasta el corazón del presidente con sus maneras. De pivote defensivo o de central, Lucena es ahora mismo un valladar indiscutible. Tiene una inteligencia táctica que compensa cualquier tara física. Ayer, actuando de central, llegó a aparecer en posición de remate en una jugada ofensiva del Granada. Se le ve a tope de forma y cómodo en su situación actual. Tiene un grado de madurez tan alto que le permite compensar cualquier defecto. No hay quien le tosa como uno de los once elegidos.

La portería sigue siendo una tecla delicada. Con José Juan se han ganado los tres últimos partidos, el gallego ha dejado alguna parada de mérito por el camino, pero inquieta en ciertos lances. Mide mal en las alturas y eso costó un gol en Águilas y un susto con el Ciudad. El ostracismo puede condicionar su ritmo de competición, por ahora no parece probable que pierda el sitio, pero tampoco se ha aferrado a los palos con la suficiente garantía para ignorar un posible regreso de Raúl. José Juan seguirá jugando, pero tendrá que elevar el listón.

El próximo partido cotejará la evolución de este Granada. Todo indica que Tomé volverá a la propuesta física similar a la de Águilas. Es probable que mantenga el 4-4-2, con Lucena y Cámara como garantes del centro del campo, regresando Amaya a la retaguardia. Kitoko huele a banquillo o grada, mientras que Tetteh podría ser premiado con una nueva entrada en la lista. Llamas será titular en el puesto de Rubén y tendrá que demostrar su fiabilidad sin esperar comparaciones, porque mejorar al cordobés es casi imposible. El partido de Sangonera será duro, pero por primera vez en semanas el Granada tendrá la opción de meter presión al Melilla, que actúa por la tarde. Olvídense del juego en tierras murcianas. Al Granada le toca ganar, con la estética en segundo plano.

Granada CF: Las orejas de lobo

Nunca he pedido la destitución de Tomé pero tampoco me considero un gran defensor del ideario del entrenador del Granada. Le vi algo superado por los acontecimientos a principio de temporada pero a su vez muy coherente en sus valoraciones, lo cual me conducía a pensar que este técnico sabría solucionar los problemas de control que tenía su equipo. Muchas semanas han pasado y sigo apreciando fisuras tácticas acusadas, que no ha podido solventar. Muchos circunstancias han condicionado esta evolución. Arbitrajes erróneos, campos complicados y lesiones de hombres importantes han influido en desvalirle a la hora de encontrar su equipo.

Este blog es visitado por muchas voces críticas a Tomé, como la de Francisco López. Pero a estas alturas de la película, hasta él valora el riesgo de relevar al técnico como muy alto. Es toda una incógnita lo que puede ocurrir con tan poco tiempo a la vista con otro director de orquesta. Tomé, que se ha reconocido amante del fútbol combinativo, no ha conseguido plasmar sus intenciones. Lo más que ha conseguido es una defensa consistente en muchos partidos, mucho dinamismo en ataque y un centro del campo cuyos inquilinos cambiaban semana a semana.

Toca la hora de la verdad en otro estadio de ciertas estrecheces, pero con una subrayada noticia a cuestas. Tomé se ha dado cuenta del percal. Sabe que los hombres que tiene son los que le tienen que llevar al objetivo y ha comprobado de sobra cuánto dan de sí la mayoría de ellos. Es hora de que se aferre a ciertos futbolistas cuyo involucración está más que demostrada. Gente firme, sin cartel, por la que no se ha pagado traspaso y que conocen la élite de oídas, pero que se parten el alma. Cuando se le ven las orejas al lobo, es aburdo huir. Hay que encararlo con coraje y darle bocados.

Granada CF: Paracaidistas no, zapadores sí

Ayer estuvo a punto de pasar la de Antic en el Madrid, hace ya unos lustros. Pina y su tropa estuvieron a un paso de cargarse al entrenador tras una victoria (con el serbio fue con el equipo blanco como primer clasificado). Sufrida, agonística, pero victoria al fin y al cabo. La directiva ha dejado de analizar el fútbol desde el prisma aritmético y se preocupa de la imagen que ofrece este Granada (y es preocupante). Un estilo muy distante del esperado, que se embolica fuera de casa y que no suele manejar bien con el balón en su estadio, pese a los triunfos encadenados. Tomé ya siente el aliento en el cogote del que se ve exprimido. No es la primera vez a lo largo de la temporada. El mensaje alentador de Pina es el clásico discurso que antecede a una destitución. Los rojiblancos tienen que variar su tónica en Águilas porque en este juego del ahorcado, a Tomé le queda sólo una oportunidad hasta completar la figura. Empiezan a colocar en el disparadero a Chaparro. Suena con fuerza y hay un técnico afincado en Granada que parece interesarle la operación.

La responsabilidad del entrenador es fundamental, en lo bueno y en lo malo. El partido se empieza a gestionar el lunes. El domingo ya hay poco tiempo para improvisaciones. Pero también hay que reconocerle sus aciertos en ciertas decisiones, como en los cambios. Ayer tocó las teclas justas que le permitieron acariciar los tres puntos. Ocurrió en el momento que empezó a orillar a los paracaidistas y empujó al redil a los zapadores.

Llamo paracaidistas a aquellos jugadores venidos de Segunda, con importantes historiales en la espalda, pero que todavía sobrevuelan la categoría enganchados a su trozo de tela, sin aterrizar en el inestable terreno de la Segunda B. Tipos como Kitoko u Óscar Pérez (pongamos nombres como ejemplos) que todavía no han ofrecido ni la mitad de la mitad de lo que se espera de ellos. La excusa de la falta de ritmo pasa a un segundo plano tras un buen puñado de partidos seguidos. Lo que tienen que mejorar no es el físico, sino la actitud. Aquí no valen tanto las florituras como el espíritu guerrero. Y aquí es donde entran los zapadores.

Los zapadores pertenecen a ese cuerpo militar que en la guerra construyen los puentes y estructuras por donde luego pasarán sus compañeros. Son soldados de vuelo corto, expuestos con facilidad al fuego enemigo, que suelen jugarse el pellejo para que los demás puedan avanzar. No suelen colgarse las medallas, pero su labor es esencial para que sus compañeros continúen la batalla. Granada o Lucena responden a este arquetipo. No suelen rondar el gol, su labor es bastante oscura, pero su suma al balance del equipo le da un salto acusado en una Liga a veces tan perra.

Tomé tiene suerte en el fondo. Cuando le firman el teórico ultimátum, recupera a sus mejores escuderos. Esa cuadrilla de secundarios que no resaltan en el ataque pero que se convierten en cruciales para ajustar las fichas. Granada ya está aquí, Lucena mantiene el tipo, Cámara ha pagado su tonta expulsión. El centro del campo carga el depósito de garra, tras el paso de unos decepcionantes artistas. De Kitoko aún se puede esperar algo más y seguro que crece junto a hombres que basan su fútbol en la abnegación. Óscar Pérez quemó sus opciones. Sigue en el paracaidas. Probablemente, enganchado a algún árbol.

El puesto maldito del Granada

Cada puesto en un esquema futbolístico tiene su relevancia para el progreso del equipo pero hay una posición que marca bastante el estilo al que se aspira. La figura del mediocentro organizador define la impronta en el juego y consolidar a un futbolista en esa demarcación se plantea como indispensable para marcar una línea de actuación consistente. Sin embargo, el Granada lleva años caracterizándose por no tener un referente fijo en ese lugar clave. Ya va para largo y este año tampoco se ha resuelto la ecuación, pese a la abundancia de candidatos.

Aún recuerdo la temporada del ascenso a Segunda B, en la que nadie parecía perpetuarse en la parcela. Zurita, Morán, Javi García o Lucena fueron algunos de los que fraguaron el salto de categoría, pero ninguno fue indiscutible en esa función (aunque los dos últimos eran titularísimos).

Tras el ascenso, el Granada peinó el mercado a la caza de un hombre que garantizara fútbol, pero ni Rodri primero ni Álex Colorado después triunfaron con la camiseta rojiblanca.

Óscar Cano trabajó en la sombra junto a Félix Cobos para solucionar esa papeleta tan importante y alistó a Jorge García y Ocaña. El cordobés tuvo un bajo rendimiento y el gaditano alternó tardes pletóricas con otras más irregulares. Aún así, representó la parte más consistente de aquel equipo que se quedó a las puertas de las eliminatorias.

La destitución temprana de Cano el año siguiente y el aterrizaje de Braojos permitió ver otras posibilidades. Las que trajeron Jon Altuna y Jesús Sierra. El vasco era más goleador que constructor, mientras que el pinero mantenía su clase pero el peso de los años se le notaba a lo largo de los partidos. Además, tendía a jugar más adelantado o en banda. Ni ellos ni Ocaña continúan en el proyecto actual.

Ahora, las combinaciones han sido muchas. Algunos que se ha postulado ya ni siquiera están en la entidad, caso de Torrecilla o Coke. Otros, como Granada, cayeron cuando más consolidados parecían. Kitoko llegó para otros asuntos, mientras que Cámara y Óscar Pérez, los llamados a representar con fidelidad el rol de creadores, tienen unos bajonazos inexplicables. Cámara se erige como el que mejor solventa el papel, pero la prescindible expulsión del otro día le hace perder crédito. Lo de Óscar Pérez es de diván. Nadie entiende por qué este futbolista parece tan entristecido. Puede que este domingo tenga su enésima oportunidad, por las lógicas circunstancias de ausencias. Ya no hay excusas de ritmo, ni de terrenos poco proclives. Ni siquiera, la de encontrarse a un rival encerrado, porque el Ceuta seguro que intentará imponer su personalidad. Óscar ascendió a Primera con el Tenerife pero no imaginaba lo que le esperaba en Granada. Aterrizaba en un puesto maldito ante el que nadie ha encontrado su particular conjuro.

Granada CF: Nyom, el turco

Hacer de alguien cabeza de turco es una expresión muy manida que tiene su origen en las Cruzadas. Los cristianos libraban cruentas batallas con el pueblo otomano en aquella época y cortale la cabeza al enemigo se convertía en un valioso botín, para una especie de ritual. Procedían a clavarla en lo alto de un mástil para después insultar al encéfalo sin cesar, echándole la culpa de todos los males habidos y por haber. Es por ello que la expresión sugiere que al que se personifica con ciertas acusaciones suele no ser el causante absoluto de las mismas. A veces, ni de refilón.

A Nyom se le ha convertido en un futbolista carismático por méritos propios. Su entrega y capacidad le han labrado un hueco en corazón de la hinchada rojiblanca, maximizado por una genuina evolución que le transforman en un lateral completo y apetecible por grandes equipos. Quizás seducido por ciertos intereses o tal vez despistado por otros motivos, lo cierto es que pareció bajar la guardia en el último partido. Volvió esa montaña de gelatina (descripción registrada por mi compañero Juanjo Martín) que atemorizó a su público con sus errores de bulto. Hizo dos penaltis y le señalaron sólo uno. Su imbatible condición pareció desmoronarse ante la insistencia de un extremo, Abraham, bastante inferior a otros muchos que ’secó’ en su momento.

Nyom tuvo fallos individuales, eso es cierto, pero hasta el punto de focalizar en él la derrota en Lucena, va un abismo. En nada intervino en la jugada del primer gol local. Tampoco era su par el que remató el córner del segundo gol. Pero es fácil señalar al joven. Al que se muestra tímido y no da voces en la caseta. Alguno quiere convertir a Nyom en ese chivo expiatorio (otra añeja expresión) del mal del Granada. Pero no fue ese. El Granada no presionó, no abrió bien las bandas, apenas dio tres pases finos, la separación entre la media y la defensa fue abismal, Tariq no acertó en la mayoría de sus controles para la transición, excesivamente estático. Con ese panorma, es fácil que nos fijáramos en la velocidad de Collantes, el único capaz de romper esa quietud que imperaba entre las camisetas rojiblancas.

Nyom merece un rapapolvos para que no se le suban los humo a la sesera, pero no hagamos de su cabeza un objeto al que menospreciar. Hay otros futbolistas que ni siquiera erraron como él. Simplemente, se rascaron la barriga. Y eso sí que es grave.

La voz del Granada

Me caía bien Visnjic. Se protegía por una fachada de excesiva seriedad que no era tal. Siempre me pareció un cachondo disfrazado, que ganaba mucho en la distancia corta. Tenía conocimientos y humildad, cualidad esta última no siempre bien valorada (ni en el fútbol, ni en la vida). Tengo vivo el recuerdo el día de su destitución y aquel partido previo con el Cartagena que perdió en el último minuto, en un lance desafortunado. Pero su derrota psicológica había llegado unas semanas antes. Su Granada cayó en casa del colista Cerro Reyes, dirigido curiosamente por García Tébar (técnico hoy del líder Melilla). Ese día, como el domingo en Lucena, presencié el partido a pie de campo, junto al área técnica del Granada. Entendí muchas cosas.

Visnjic daba las instrucciones precisas, en un tono adecuado, atendiendo a las correcciones que requería el partido. Pero no le hacían caso muchos de sus hombres. Incluso alguno le hizo sospechosos desplantes. Se notaba que había veneno en ese vestuario. Era la base del ascenso desde Tercera, escasamente reforzada. El ambiente estaba crispado y no invitaba a creer en una nueva clasificación a Segunda. A Visnjic le habían pedido en privado que mantuviera al equipo en mitad de la tabla y al siguiente año, sin muchos de los renovados por subir, ya sería otro cantar. Pero el club vendió otra cosa y el entorno devoró a la parte más débil, desacreditada encima por algún jugador que luego fue apartado en la posterior etapa de José Víctor.

Actualmente, desconozco el punto en el que nos encontramos. No sé si la situación actual se parece a esa o es más bien como la acontecida con Juan José Barón, en la que una facción importante y representativa de la plantilla pidió al presidente que se lo cargara. Capto hoy que ese no es el problema, aunque la pachorra de ciertos jugadores el domingo pueda llevarnos a conclusiones precipitadas.

Lo que sí me percate es cómo se comporta Tomé. Escuche todas sus instrucciones. La mayoría de las órdenes giraba en torno a lo que pedía en ese momento el juego. El problema era la voz. O sus gritos. Son tantos y tan constantes que acaban desestabilizando a cualquiera. En mi breve experiencia como futbolista competitivo, nunca soporté a aquellos técnicos que se pasaban el partido gritándote por cada acción, sobre todo cuando llovían los reproches. Eso sí, nunca estaba de más un arenga desde el interior, un compañero que espoleara a los demás para reaccionar ante malos resultados. Pero en el Granada, nadie hablaba con los demás en Lucena. Era un grupo mudo y un entrenador excesivamente chillón. Unos por retraídos y otro por nervioso, no consiguieron solucionar nada.

Decía Pellegrini, cuando todavía militaba en el Villarreal, que el entrenador no tiene por qué dar muchas órdenes en el transcurso de un encuentro, porque es el trabajo semanal donde tiene que incidir en sus apreciaciones. Durante el choque, son sólo retoques, aunque sean contundentes. El entrenador que se mantiene siempre apagado no transmite, pero el que vocea y vocea termina cansando. No culpo sólo a Tomé de la nefasta actitud de sus hombres en la última cita, pero sí sería necesario que se templara, porque un líder con sabidura de un club de Segunda B no puede recurrir a las expresiones del preparador de unos alevines, aunque lo que se vea invite a semejante cabreo. Cada cual tiene su tono, pero el del técnico aparte de profundo tiene que ser nítido y ser capaz de cambiar lo que ocurre. Si no, hay un verdadero problema interno.

El Granada y el aterrizaje

La maniobra más complicada en aviación es el aterrizaje. Requiere nervios de acero en algunas circunstancias, por más que los pilotos más avezados hayan traficado en el descenso durante infinidad de horas de vuelo. El aterrizaje siempre es un reto para el capitán que toma los mandos mientras se aproxima a la pista. Hasta que las ruedas no se posan sobre la pista y el aparato inicia el proceso de desaceleración, hasta el individuo con más temple tiene un ligero nudo en la garganta.

Aterrizar en el fútbol es aún más duro. Asimilar el cambio de una categoría superior a otra inferior tiene que provocar una cierta depresión ante un retroceso duro, aunque sea para militar en un equipo de postín venido a menos. No es lo mismo planear sobre el aeropuerto JFK que por la vía de llegada de un aeródromo minúsculo. Acostumbrarse a las estrecheces de la Segunda B lleva un tiempo. Habituarse a la mediocridad transforma la impresión inicial de un futbolista. Jugadores con cartel se convierten en bodrios al no asimilar estos vaivenes. La mayor colección de talento acumulado en una decada en el Granada CF nos demuestra la importancia de saber mezclar los talentos procedentes de un escalón superior con los obreros que saben comercializar en un mercado de usureros.

No me creo que Kitoko u Óscar Pérez sean tan limitados como están demostrando. El primero depende mucho de su físico, pero ayer lo que le faltó fue más ardor que energía. Lo de Óscar Pérez tiende al diván. Ha quemado todo su crédito, y ya no puede alegar la falta de oportunidades. Las turbulencia degeneran en un ambiente crispado. Los que no juegan empozoñan, y los que lo hacen se sienten frustrados por su doble cara. La alegre en su estadio, la torcida fuera.

Sinceramente, uno ya no sabe cómo acabará esto. Pese a todo, sigo creyendo en un campeonato rojiblanco, con ventaja incluso sobre los demás, con un Tomé con sus defectos y virtudes equilibrando alineaciones. Pienso que lo de menos es la postura del entrenador, con franqueza. Estos jugadores deben demostrar mucho más. Esta avioneta no viaja siempre por parajes idílicos, ni cuando se baja por las escalerillas se luce un impecable uniforme. Aquí hay polución, averias, faltas de suministros y mucha grasa desparramada. Por desgracia, algunos observan desde la escotilla, temerosos de enfangarse, sin aceptar que esto es la Segunda B y ellos hoy son de esta categoría, y de ninguna más.

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