EL MONSTRUO

El fútbol siempre encuentra su paréntesis para terminar con emocionantes momentos de despedida. El Cádiz y el Cartagena, hace dos ratos enemigos del Granada en la Liga, han abandonado el residuo de la ‘B’ y se embarcan en la Liga Adelante, viendo así premiada su fuerte inversión económica. El Recre de mi buen amigo Antonio Carrasco vuelve a esa división con el semblante serio pero con la garantía de un proyecto saneado y respaldado por las instituciones públicas locales.

Pero no es de marchas de equipos sobre lo que me quiero centrar hoy. Las últimas jornadas son caldo de homenajes a futbolistas que se retiran o emprenden un epílogo alegre en su tierra natal. El desangelado Bernabéu despidió el domingo a Cannavaro, un futbolista nunca a la altura del Balón de Oro que consiguió, pero que ha derrochado la entrega que se le exige a un profesional y ha contribuido a esa unión de vestuario que tantos réditos le ha dado al Madrid en los últimos tiempos. Pero el adiós más lacrimógeno fue el de la máxima expresión del futbolista. Hijo de jugador, padre de otro futuro, capitán, emblema y ejemplo de la cultura deportiva del gran Milan. Paolo Maldini cierra un libro de instantes gloriosos.

Maldini es el monstruo que se sigue apareciendo en las pesadillas de Michel. Fue el lateral izquierdo más seguro del mundo durante años, cuando la falta de velocidad le pasó factura y se reconvirtió en central. Apuró sus temporadas de selección mientras las piernas le aguantaron y desplegó toda su capacidad en cuantos títulos ganó el club rojinegro en la etapa dulce de su historia, que todavía colea. Fue dirigido por Arrigo, por Capello y por tantos otros, y siempre encontró su confianza. Su voz es ley en el vestuario. Era el primero que llegaba a Milanello y el último en marcharse. No se le conocen debilidades ni enemigos, salvo los ultras a los que nunca toleró y bien que se lo recordaron. Pero un hombre íntegro no se debilita por los reproches de los miserables.

Con Maldini se marcha gran parte de la historia del fútbol. Un hombre que ha pulverizado récords, que desmonta las teorías de que a los 30 arranca el declive de un futbolista. Un tipo que cumplía su jornada laboral íntegra con una sonrisa eterna. Todos lamentamos su marcha y sólo uno se alegrará levemente. Michel, que podrá al fin dormir tranquilo, con la luz apagada. El monstruo del candado, bello y duro al tiempo, se marcha a su cueva a descansar. Le echará de menos.

1 comentario

  • Por carlos, mayo 25, 2009 @ 9:16 pm

    sobre Cannavaro, es difícil para un defensa italiano triunfar fuera del calcio, donde juegan mucho más arropados.
    Muy bonita la reseña a Maldini, para mí el defensa más importante del mundo en los últimos 20 años, por encima de Baresi, Desailly, Sammer, Koeman o Hierro.

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