El Granada y los árbitros

El peligro de la espontaneidad es que es tremendamente difícil controlar las emociones. Por más que me concentre antes de un partido para la tarea de narrar o comentar, siempre acabo devorado por la frustración, la alegría o el enfado, aunque sea durante pocos segundos. Los árbitros, figuras esenciales en el fútbol y que siempre desatan nuestro juicio más crítico (e hiriente) son blanco de mi indignación frecuente por sus peculiares decisiones. Rodríguez Ramos, el que hizo sonar su silbato en el encuentro San Roque – Granada, se llevó una de mis más sonoras reprimendas en bastante tiempo.

Pero mi actitud cambia cuando voy a escribir. Trato de relajarme, contar hasta diez, sorber un poco de agua, respirar con alivio, estirar las piernas, adoptar una postura cómoda. A la hora de confeccionar una crónica hay que pensar en el día siguiente, que es cuando se lee el periódico. Entonces, la gente habrá dormido, se le habrá pasado parte del cabreo y ya lo estarán tan calientes para leer un alegato encendido sobre las maldades de los que antes vestían de negro. Por eso, intento sacar de mí el perfil analítico y frío, consecuente con la reflexión sosegada que me proporciona el papel. De ahí que mis comentarios irritados de una retransmisión se moderen al cambio y tiendan a meditarlo todo mucho más.

Rodríguez Ramos, el canario que castigo con sus apreciaciones al Granada, se une a la lista que lidera el ínclito Rupérez Chércoles, el único ser en el Pedro Escartín de Guadalajara (junto a sus asistentes) que no vio aquella mano de Marín que acabó en gol. Sí, es un nombre que nunca se olvidará por su trascendencia, en aquella fase de ascenso. Pero hoy medito y no recuerdo el nombre del árbitro del partido de vuelta. Un colegiado que expulsó a dos futbolistas del Guadalajara, por cierto. Aún así, hubo que esperar a una épica prórroga para concluir el ascenso rojiblanco.

Le doy vueltas y lo pienso. Recordamos poco cuando nos ayudan y mucho cuando nos destrozan. Este año, hasta la fecha, está tocando retorcerse en el lamento pero, quién sabe, lo mismo la suerte en las decisiones sonríe en el momento decisivo. Rodríguez Ramos se equivocó, al Granada se le resbaló un punto y sólo queda esperar que le retiren la amarilla a Mainz. Pero no removamos más la aciaga circunstancia. Lo que queda es esperar que estas dos semanas de decisiones contrarias muy controvertidas sean sólo anécdotas en un año triunfal. El Granada tiene aspectos futbolísticos que mejorar, lo de menos es si es primero ya o en dos semanas. Eso es lo importante. Lo del árbitro es una fuerte excusa, pero no nos olvidemos de las carencias esenciales. Que las hay.

1 comentario

  • Por Francisco López, January 26, 2010 @ 3:40 pm

    Puedo suscribir casi todo lo que dice, yo sí recuerdo las expulsiones de aquel partido con el Guadalajara, dirigido por un murciano si no recuerdo mal, y no me parecieron injustas ni comparables con la obra teatral del tal Joaquín, actor de tercera fila que junto a su compañero de reparto del colegio canario encontraron en el Granada su momento de gloria. Pobre gente.

    Los problemas del Granada son otro tipo de carencias que usted sugiere al final de su artículo, pero de las que no habla. Yo le digo lo que, en mi humilde opinión, falla en este equipo, dejando a un lado los árboles y centrándonos en el bosque:

    1) Error en el fichaje del delantero centro, un equipo hecho a golpe de talonario debe tener en la punta al mejor hombre, al más experimentado, al de mayor calidad, al de perfil superior. Ese debió de ser el fichaje de categoría superior que hacía falta para un equipo que quería marcar diferencias. Se equivocaron.

    2) Lo del medio centro organizador es un error perdonable porque lo de Oscar Pérez es increible y era imprevisible.

    3) El técnico NO FUE PENSADO PARA ESTA PLANTILLA, NI PARECE TENER RECURSOS PARA MOTIVAR A FUTBOLISTAS DE ESAS CARACTERÍSTICAS. No es un mal entrenador para equipos más modestos, no es mala persona, pero una vez comprobado que su propuesta táctica no pasa del juego directo y del abuso de posiciones fijas y estáticas carentes del elemento sorpresa, debió pensarse en un relevo.

    Un saludo.

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