Granada CF: Nyom, el turco
Hacer de alguien cabeza de turco es una expresión muy manida que tiene su origen en las Cruzadas. Los cristianos libraban cruentas batallas con el pueblo otomano en aquella época y cortale la cabeza al enemigo se convertía en un valioso botín, para una especie de ritual. Procedían a clavarla en lo alto de un mástil para después insultar al encéfalo sin cesar, echándole la culpa de todos los males habidos y por haber. Es por ello que la expresión sugiere que al que se personifica con ciertas acusaciones suele no ser el causante absoluto de las mismas. A veces, ni de refilón.
A Nyom se le ha convertido en un futbolista carismático por méritos propios. Su entrega y capacidad le han labrado un hueco en corazón de la hinchada rojiblanca, maximizado por una genuina evolución que le transforman en un lateral completo y apetecible por grandes equipos. Quizás seducido por ciertos intereses o tal vez despistado por otros motivos, lo cierto es que pareció bajar la guardia en el último partido. Volvió esa montaña de gelatina (descripción registrada por mi compañero Juanjo Martín) que atemorizó a su público con sus errores de bulto. Hizo dos penaltis y le señalaron sólo uno. Su imbatible condición pareció desmoronarse ante la insistencia de un extremo, Abraham, bastante inferior a otros muchos que ’secó’ en su momento.
Nyom tuvo fallos individuales, eso es cierto, pero hasta el punto de focalizar en él la derrota en Lucena, va un abismo. En nada intervino en la jugada del primer gol local. Tampoco era su par el que remató el córner del segundo gol. Pero es fácil señalar al joven. Al que se muestra tímido y no da voces en la caseta. Alguno quiere convertir a Nyom en ese chivo expiatorio (otra añeja expresión) del mal del Granada. Pero no fue ese. El Granada no presionó, no abrió bien las bandas, apenas dio tres pases finos, la separación entre la media y la defensa fue abismal, Tariq no acertó en la mayoría de sus controles para la transición, excesivamente estático. Con ese panorma, es fácil que nos fijáramos en la velocidad de Collantes, el único capaz de romper esa quietud que imperaba entre las camisetas rojiblancas.
Nyom merece un rapapolvos para que no se le suban los humo a la sesera, pero no hagamos de su cabeza un objeto al que menospreciar. Hay otros futbolistas que ni siquiera erraron como él. Simplemente, se rascaron la barriga. Y eso sí que es grave.
1 comentario
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Por Camilo José Mudarra, February 10, 2010 @ 4:18 pm
Buenas tardes Rafael:
La verdad es que yo ví el encuentro en directo como tú, de pie, y me dio la sensación de que cuando el partido no se pone de cara al Granada hay ciertos jugadores a los que le afecta de manera especial (principalmente, Cámara y Nyom). A pesar de eso, soy incapaz de reprocharles algo, ya que el primero fue el único que recogía con rapidez el balón cuando salía del terreno de juego para perder el menor tiempo posible y al final, viendo que ya era imposible remontar, de pura impotencia, derramó su ira contra el jugador del Lucena.
En el caso de Nyom, en la jugada precedente al penalti que cometió, me llamó la atención que tuvo sus más y menos con un compañero, donde parecían discutir aún por la responsabilidad del segundo gol cordobés y eso creo que le descentró un poco ya que no supo anticiparse al recorte de Abraham y lo derribó.
En definitiva, coincido contigo en que la gente suele culpar a quien comete penalti o goles en propia puerta y no se fijan en aquellos que pasan desapercibidos y creo que hay varios en el equipo aunque sigo pensando que el problema del Granada a domicilio es que no impone su juego ni domina la pelota.
Un saludo.