Un chequeo a lo que llevamos de pretemporada

Un aspecto ha quedado claro en lo que el Granada lleva de pretemporada: ninguno de la treintena de jugadores que entrena con los rojiblancos podrá reprocharle a su entrenador que no le esté concediendo el beneficio de la duda. Anquela ha decidido tomarse el primer tramo de la preparación como un sistema de promoción donde hasta los claramente descartados tienen la oportunidad de lucirse y reivindicarse, a costa de forjar desde el principio una estructura sólida que acabe deparando con el equipo titular. La formación que, con los mimbres actuales, todos imaginan como la elegida -más o menos- todavía no ha asomado en ningún partido. Eso ha ocasionado desconcierto en el aficionado y mala imagen en los partidos ante rivales inferiores, donde apenas se han exhibido ciertos detalles individuales pero también muchos problemas en automatismos elementales.

Anquela reconoce que hay cosas que no le están gustando aunque también ha recalcado que hay plazo para mejorar. Está claro que si los teóricos jugadores con los que no se cuenta están actuando es porque es necesaria su muestra para que algún club se interese por ellos. Solo en algún caso excepcional alguno alterará su futuro, bien porque esté demostrando que tiene una plaza, bien porque su ficha sea demasiado generosa como para quedarse sin licencia.

Por ahora, las conclusiones generales quedan aplazadas hasta que se consuma el siguiente plazo de partidos, en los cuales el técnico pretende ya esbozar algo más acorde a la que será la realidad en Liga, con una formación que aguante unos 60 minutos en el campo, sin realizar 11 cambios seguidos. Eso sí, esta semana se antoja complicada para ello, pues encadena dos partidos seguidos, el viernes y el sábado, por lo que Anquela tendrá que calibrar si vuelve a repartir tiempo de manera equitativa o comienza a inclinarse por un esquema tipo.

En cuanto a táctica, el Granada se ha manejado entre unos similares 4-4-2 y 4-2-3-1. El elemento diferencial ha sido Orellana, el único hasta la fecha que ha ocupado la demarcación de enganche, en un papel análogo al de Martins el curso pasado. Ante su ausencia, los rojiblancos han apostado por una dupla en ataque, donde se ha asomado algún detalle pero todavía escaso, precaria de cara al gol.

Sin duda, el problema más flagrante tras los tres amistosos veraniegos es la dificultad para generar ocasiones de gol. Con respecto a la pasada campaña, el hueco que deja Martins es enorme. Orellana es un jugador de gran calidad, pero no tan intenso y participativo como el luso. Sin el chileno, solo queda un amplio ramillete de ‘llegadores’, tipos rápidos que disputan el uno contra uno, pero sin grandes soluciones para filtrar pases (al menos, en lo mostrado hasta ahora). En la zona de máquinas la pareja de relumbrón es la que forman Iriney y Rico, pero ninguno es especialmente destacado en la contrucción. El brasileño da equilibrio y recuperación y Mikel abarca terreno y suma mucha llegada. Las lesiones de Fran Rico y Yebda y la marcha de Abel Gómez, un honorable suplente precisamente para armar el fútbol, provocan que la búsqueda de uno o dos jugadores que den posibilidades para la zona de pivotes o la de enlace sean importantes. Quizás no futbolistas de peso diferencial, pero sí complementos que en un momento dado disputen el puesto a los que están.

El Granada vuelve a La Manga y allí, de nuevo, el conjunto se concentrará en la mejora de sus carencias. Con lo que hay debería de haber para un once competitivo que pugne con dignidad en la Liga, sin marcarse alardes impropios, fruto del optimismo desorbitado. La economía es una prioridad en la entidad y tras los esfuerzos realizados necesita descargarse de jugadores (y sus nóminas) para afrontar nuevos desafíos en el mercado. Sin salir, nadie puede entrar. Pero si no acaban mejorando la faceta creativa, la campaña se puede hacer larga si arrecian las lesiones. Cordero es consciente de ello. Tiene tiempo de remachar una plantilla con mejores recursos pero aún pendiente de un ligero impulso.