Escaparate

Columnas publicada el 30 de agosto en IDEAL

Hay conquistas que no se labran en el campo, sino en la grada, con un valor simbólico tan descomunal que acaban arrastrando al propio estatus del equipo hacia otra esfera. El Granada pudo considerarse conjunto de Primera desde aquella memorable tarde en Elche, pero cuando realmente se erigió como uno más de los selectos clubes de la élite fue cuando su hinchada desembarcó en el estadio Santiago Bernabéu y se mostró al mundo en su fervor multitudinario. Con la cantidad y sobre todo con la calidad de su ánimo, mandaron un mensaje inequívoco de que esa entidad había escalado hasta la cima para quedarse, por la importancia de su legado en los 70 y sobre todo por el impulso de un público refrescado y entusiasta, con la máxima ilusión. Todos en Granada conocemos el sufrimiento adherido a unos seguidores que han visto a esta entidad a punto de languidecer en el más triste anonimato. Pero el retorno a lo alto y el muestrario de pasión en uno de los grandes templos del fútbol español arrinconó algunos de esos tristes recuerdos para echar por fin la mirada al frente con optimismo. Por fin había unanimidad en algo en la ciudad. El llamado histórico pasó a ser el único. El de siempre.

Este domingo se repite la visita al estadio del considerado como el mejor club del siglo XX, el vigente campeón de Liga, y seguro que muchos granadinos ya planifican otra jornada festiva. Pero en medio de la algarabía hay un partido y existe la tentación de asumirlo como un trámite amargo hacia una derrota inequívoca por el potencial del Real Madrid. Los blancos no han ganado aún en Liga y vienen de la dureza de la Supercopa ante el Barcelona, lo cual no significa que lleguen diezmados pues si hay un rival con resistencia a la adversidad y capacidad de reacción ese es el de Mourinho. Sin embargo hay veces que los astros se alinean y ocurren fenómenos extraños. Si de algo puede presumir el Granada, aparte de tener garantizado que un buen sector del coliseo blanco se teñirá de franjas rojas, es que su entrenador logró que el gigante anfitrión doblara la rodilla con mimbres modestos. Tal vez aquello fuera una raya en el agua, como esa escasa y única victoria reflejada en los anales rojiblancos en la capital de España, un hecho de naturaleza excepcional. Pero así se conciben los sueños. En las situaciones más insospechadas, en los escenarios de gala. El país verá animar a una gente simpática que recuerdan a Wally. Personas que se han ganado estar allí.

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