El chantaje y la resaca

Hay una especie de chantaje emocional que provoca que se perpetúen los grupos ultras en los fondos de los estadios. Alardean de que sin ellos los recintos serían mudos y se asemejarían más a los teatros, como si en esos lugares no se aplaudiera cuando toca y se respetara el espectáculo en su transcurso. La efusividad de estos entusiastas con la bufanda como excusa les otorga, bajo ese argumento, patente de corso cuando sobrepasan ciertas normas, incluso beneficiándose de algunas prebendas por parte de algunos clubes, en cuanto a espacio, desplazamientos y precios del carnet. Su privilegiada argumentación se desmonta al barruntar un escenario que les excluyera: donde ellos jalean, habría sin duda otras personas. Tal vez con el mismo espíritu de ánimo melódico con el tiempo, pero sin embriaguez colectiva, olor a marihuana y brotes de agresividad latente. Es decir, lo que había antes de copiar el ‘hooliganismo’ en los campos: aficionados con menor poder adquisitivo pero el mismo apego o más al club del que tienen los de tribuna. Dispuestos a cantar, vitorear e impulsar a los suyos, hasta que llegaron los vehementes que se apoderaron de la zona, arrinconaron a las familias y se inventaron falsas rivalidades.
Estas rencillas impostadas todavía laten en sus mentes enfermas. El crecimiento vertiginoso del Granada CF ha propiciado que no dé tiempo a alimentar nuevas enemistades en Primera división, aparte del duelo dialéctico que se originó entre la directiva propia y la del Zaragoza. Pero en los años de Segunda B sí germinaron batallas estúpidas con ciudades en torno a las que se inventó un rechazo sistemático, salpicado de episodios cobardes y violentos. A gran parte de los abonados del Granada CF hoy se les comenta que la gente de Linares es rival natural y se quedan con cara de estupefacción. Más aún cuando sabemos que el actual Linares ni siquiera es el que se enfrentó al Granada en Liga, como también es de sobra conocido que los que se desplazan con los clubes no suelen ser estos bravucones hinchas, sino los seguidores más moderados y de edad avanzada. Familias tranquilas que dedican el fin de semana a dar calor a su pasión, sin enfrentarse con nadie.
Los incidentes acaecidos tras el partido que enfrentó al Maracena y al Linares, en el que se vieron involucrados ultras del Granada -que se ve que no tenían otra cosa que hacer este domingo-, demuestran que en esta ciudad existe un problema de fondo que debe erradicarse inmediatamente. El Granada no es responsable de estos incidentes en la localidad metropolitana, pero sí puede contribuir a orillar a los garbanzos negros de su grada joven, ponerse al servicio de las fuerzas de seguridad del Estado, establecer diálogo con ciertas peñas para que se desprecien estos actos y se localice a los que manchan el nombre de la afición en general, no solo de un sector.
Lanzamientos de piedras, lluvias de objetos, barricadas, palizas, hasta consumo y tráfico de drogas. El expediente de algunos mentecatos que se esconden bajo la turba es demencial, aunque no todos los adeptos de estas agrupaciones son malos ciudadanos. De hecho, muchos solo buscan expresar su pasión cada domingo sin detenerse en fomentar batallas lamentables, con ese punto de hilaridad que tolera el fútbol. Pero ellos también pueden sumar para apartar a los que sobran. A los que un día cometerán una fechoría gigantesca de la que seguro que se arrepentirán, pero será tarde.
Este próximo fin de semana sí que juega un equipo del Granada ante el Linares. Acude allí el filial. Uno solo espera que en un ataque de valentía y fidelidad al club, los mismos que se pasaron por Maracena para asustar a unos meros ancianos se echen la mochila a la espalda y se presenten en tierras jienenses. Tal vez no sea una maniobra inteligente, porque allí se encontrarán a cuatro homólogos dispuestos a liarla. Al menos, no dejarán solos a los muchachos del B, a sus amigos y familiares. Los pobres a los que les va a tocar tentar la suerte. La resaca del colocón.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *