Internacionales incómodos

La adquisición de internacionales por parte del Granada más que un prestigio para el club se ha convertido en un estigma para los jugadores, a los que las convocatorias les agotan e incluso les lastran a la hora de consolidarse en el once titular rojiblanco. El caso de Gabriel Torje es emblemático y cumple la paradoja. Titular indiscutible con Rumanía, donde es una estrella con sus goles y asistencias, todavía no ha conseguido ser de la partida en ninguno de los tres partidos oficiales con su equipo. Mientras que en cualquier otra entidad un futbolista seleccionado por su país tendría su plaza fija y reservada, a Torje le ha sido imposible por ahora convencer a Anquela.

No es ni mucho menos el primer caso de esta controversia. Paradigmático fue en su día el de Mensah, indiscutible en aquel momento con Ghana, octavofinalista del Mundial de Sudáfrica, pero con un papel absolutamente secundario en el Granada. A veces, el trasiego que corresponde a los viajes con las selecciones mellan el rendimiento de estos elementos. No parece casual que dos de los que tuvieron que viajar de un lado a otro el curso pasado, como Diakhate o Yebda, acabaran cayendo lesionados. Más curioso fue lo ocurrido con el combinado nigeriano. Mientras Uche, repudiado por un sector de la afición, era permanente en los esquemas de las ‘águilas’, Ighalo no iba ni citado, pese a ser el ojo derecho de parte de la hinchada.

Esta temporada el Granada también maneja una retahíla de internacionales. Aparte de Torje, están todos los africanos, incluyendo a Nyom, que aunque de pasaporte francés tenía lazos familiares con Camerún y con ellos actúa, siendo sin embargo suplente, a pesar de ser el lateral derecho de guardia.

Con el paso de los meses comprobaremos si la condición de representar al propio país da bula para entrar en los esquemas de Anquela. Mientras el marroquí El Arabi sí se perpetúa, aunque veremos lo que afecta su reciente paternidad, Torje aún no ha conquistado los designios de su entrenador. Lo que tendría que ser un signo de distinción se convierte a veces en una rémora.

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