La bella disparidad

Algún aficionado del Granada que me sigue en Twitter me hacía constar este martes que le extrañaba que junto a mi artículo de opinión publicado en Ideal.es apareciera otro de mi compañero Carlos Balboa en el que se criticaba con dureza las recientes actuaciones de Fabián Orellana. Ambos textos se completaban en la pasarela de portada con un tercero, de Juanra Olmos, también editor en nuestra web, en el que defendía que el público pitara lo consideraba inconveniente en un partido, posicionándose en un lado diferente al que yo mismo defendí en mi crónica del partido en el Ideal versión impresa. A este amigo lector le extrañaba la virulencia de Carlos, diagnosticando que así no se ayudaba a la situación. Yo he intentado explicárselo con transparencia: las opiniones no son libres y no tienen que nacer bajo el pretexto de ayudar, aunque a veces las críticas más ácidas también ayudan.

Lo que creo que ha quedado demostrado es que en nuestro medio somos capaces de convivir periodistas con visiones a veces antagónicas de una misma situación. En muchas cosas estamos de acuerdo y en otras discrepamos. Exponemos de manera serena, consiguiendo a la vez algo importante: que cualquier lector se identifique con nosotros, porque unos y otros encontrarán alguien con el cual sientan que sintonizan.

La disparidad creo que es positiva. Pero en una cosa estamos unidos. Todos deseamos la permanencia del Granada. Nadie utiliza este soporte con acritud ni negatividad. Lo haremos con más o menos razón, con moderación o sal gorda, pero deseando que al final de esta aventura los rojiblancos estén donde están. En Primera división. Que sigamos discrepando todos, pero que sea en la élite.

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