Anquela y la cama

Me insinúan que transmito cierta euforia en mis valoraciones del Granada tras el partido ante el Athletic. Creo que es una percepción equivocada, distante a mi postura, de una intencionada prudencia por mi parte. Solo afirmo que me pareció honorable el despliegue del equipo en la segunda parte, no solo por la actitud, sino también por comprobar que hay aptitud. A veces, uno duda de lo que tiene más claro.

Cuestiono que fuera una raya en el agua. Creía, y ahora reafirmo, que hay futbolistas adecuados para formar un equipo competitivo, digno para medirse al resto de rivales por la supervivencia en Primera. Pero, si cabe, tan importante como esa sensación positiva se encuentra la que viene de una comprobación relevante. Los jugadores, dispersos durante este arranque de Liga, están comprometidos en sacar este proyecto adelante, no pretenden adjudicarse el mandato del vestuario, que por ahora corresponde a Anquela, algo que por sus actos corroboran.

Quiero pensar que ese vestuario no está contaminado, que si el técnico tiene que perder su cargo será porque los directivos comprueben que su trabajo esteriliza el éxito, no porque los futbolistas decidan que es mejor bajar los brazos y cambiar de jefe. Quizás me congratulo de algo que debería de darse por hecho, pero no siempre es así. La plantilla está con su técnico y ahora está en sus manos mantener en vilo el carácter adecuado para que sus planteamientos reluzcan. Le esperan dos citas de altura, ante dos equipos que, a día de hoy, están en puestos de acceso a la Liga de Campeones. Es un reto exigente, que no puede afrontar solo. Si sus hombres empujan, el desafío podrá encararse. Anquela, para su suerte, tiene la cama deshecha.