El entrañable José Víctor

Lo entrañable de los mayores es esa mezcla entre la sabiduría profunda del discurso pulido por los años y la reiteración de usos y tradiciones milenarias, con el ánimo de ilustrar a las personas con las que guardan cierto afecto. Si algo me transmitía José Víctor Rodríguez de Miguel es ese aprecio por el joven periodista con ganas de aprender, al que siempre respetó como si tratara con el profesional más experimentado. El ‘abuelo’, como todos le llamaban, unos con cariño, otros con retranca, es un señor más pesado que la digestión de un puchero cuando expone una de esas ideas que lleva grabadas a fuego, pero se hacía querer por su indiscutible educación y porque, con el tiempo, te percatabas de que aquellos parlamentos estaban cargados de razón, desde la ternura de alguien reputado en el fútbol.
De José Víctor no se acordarán muchos de los que se han sumado al auge del Granada. A día de hoy, no es una de las figuras más recordadas en los anales, pese a protagonizar dos acciones relativamente recientes y trascendentales. Fue sustituto de Juan José Barón en la primera temporada de Paco Sanz en la presidencia, cuando el equipo obtenía irregulares resultados y se alejaba del primer puesto del grupo IX de Tercera, una categoría que parece ciencia – ficción desde la óptica actual. José Víctor recondujo la situación, el Granada fue campeón y superó las dos eliminatorias por el ascenso a Segunda B, no sin sufrimiento, tras cuatro años en una categoría impropia de la entidad. Inquirido por el reto cumplido, José Víctor le restó importancia. Lo normal para la entidad era no estar en una división tan baja. Lo único que había logrado, decía, era una vuelta a las viejas rutinas, declaró con modestia.
Al curso siguiente fue usado de nuevo como bombero. El Granada lanzó un proyecto pretendido como ambicioso, pero la etapa de Josip Visnjic en el banquillo fue interrumpida por las rachas aciagas. José Víctor apareció para asegurar la permanencia y lo logró, con un mérito añadido. El club empezó a preparar la siguiente campaña en cuanto a fichajes sin demasiada discreción. Aún así, el murciano sostuvo el equilibrio en un vestuario cabreado y tuvo incluso partidos para el recuerdo, como aquel triunfo ante el Sevilla Atlético de Manolo Jiménez en Los Cármenes, con jugadores tan populares como Capel, Alfaro o Fazio.
José Víctor no renovó ni como secretario técnico. En un primer momento se le conectaba con una futura escuela de fútbol rojiblanca que jamás nació. Inició nuevas aventuras y ahora vive tranquilo en su casa de un pueblo alicantino. De él recuerdo muchas conversaciones, que se dilataban en el tiempo, cuando uno era de los pocos periodistas que frecuentaba entrenamientos. José Víctor me esgrimió una teoría que siempre considero. Es la del gol.

Para un hombre tan obsesionado con la estadística, pues tenía fichas redactadas a mano o a máquina de escribir de prácticamente los jugadores de cualquier categoría, la capacidad anotadora de un equipo la constituían la suma de los valores individuales previos de sus jugadores. Aunque parezca una perogrullada, para él había que considerar que un conjunto con aspiraciones ambiciosas necesitaba un delantero que capitalizara más de 15 goles, un segundo punta o mediapunta que estuviera en torno a 10; y unas bandas que aportaran algo más de 5. En otras posiciones, siempre había de considerar quién tenía llegada desde segunda línea y qué jugadores eran buenos rematadores en jugadas de estrategia. Luego se producirían datos inesperados, conjunciones que mejoraran o empeoraran registros, pero en general esa suma de partes deparaba el rendimiento global, según José Víctor.

Llevo el análisis al Granada y me encuentro con conflictos al atender a su alineación tipo actual. El delantero centro habitual hasta la fecha, El-Arabi, lleva cuatro goles. El segundo mejor goleador es el banda derecha, Torje. Ningún tanto lleva Benítez, el zurdo. Tampoco su predecesor, Orellana. Brahimi, nada menos que el mediapunta, ni se ha estrenado. Mikel Rico, con su llegada, lleva dos. Iriney, nada. Los centrales no están especialmente finos en el remate, aunque apunta en Copa Diego Mainz. Lo demás es pobreza en el remate. Eso nos lleva a conclusiones.
Tal vez habría que optar por la solución simplista y aproximar al gol a los que más lo rondan. Un delantero centro, que pudiera ser Ighalo, que sí marcó en Copa y lo rozó en Liga, con Torje probando a su espalda. Dos bandas ágiles, sin miedo al disparo. Por estado físico, podrían ser Benítez y Jaime, en la derecha, que es egoísta pero en diez minutos pisó el área ante el Espanyol, con la cualidad de que al jugar bien a banda cambiada cuando se perfila tiene tiro. Esta solución retrasaría a Brahimi al centro del campo, pudiendo acompañar a Iriney, más ordenado, o Mikel Rico, más versátil. Se formaría una pareja heterogénea, no la suma de dos hombres eminentemente de contención. Brahimi solo ha probado una vez, de salida, en la sala de máquinas. Fue en la ida de la Copa, con aciago resultado. Pero hay fórmulas que tal vez merezcan la revisión de una segunda oportunidad. Anquela ha concluido partidos con alienaciones de intenciones ofensivas, pero pocas veces se ha visto esa osadía de inicio.
Muchas veces los entrenadores guardan reparos por actuar fuera de casa, por enfrentarse a rivales que se acomodan con el balón en posesión. Pero golpear con la misma piedra puede dar también resultados. No sé si José Víctor le daría el visto bueno a esa propuesta ambiciosa. Puede incluso tacharme de osado, de intervencionista. Lo que no se puede negar es que acerca a los mejores rematadores a la portería contraria. Este Granada actual se ha preocupado mucho por dejar su puerta a cero y lo logró ante el Espanyol, pero ha pagado un precio caro: no marcar tampoco. No sé cuánto tiempo se quedará Anquela. Lo que sí creo es que algo tiene que variar para cambiar esta tendencia actual. La mala suerte no puede ser una excusa socorrida. Si reúne a la gente con gol, las cosas pueden discurrir con mayor sencillez. Es una idea que me recorre, mientras rememoro al bueno de José Víctor. Junto con Fabri, el entrenador más exitoso de la historia reciente. Ya entonces se le veía caduco. Hoy les digo que era un sabio.