La guerra del ‘nueve’

Media Primera división, sector modesto, busca un delantero centro para completar plantilla, pero es al Granada a quien más la pesa la estadística negativa, por ser el equipo menos goleador de la categoría y solo tener un atacante disponible. La espantada de Floro Flores por sus problemas extradeportivos y las marchas de El-Arabi a la Copa de África y de Machís al Sudamericano sub 20 han dejado en cuadro a los rojiblancos, que solo tienen a Ighalo como ariete y han contando con Pedro Conde, punta del filial, como subalterno y meritorio para la convocatoria ante el Valencia.  La ausencia del marroquí y del venezolano estaban previstas desde el comienzo de la temporada, no así la de Floro, pero ya desde el arranque de diciembre se barruntaba la necesidad de que el club acudiera con premura y acierto al mercado de invierno, con el fin de encontrar alternativas. Pero no ha cerrado nada. Las negociaciones siguen.

El problema es el de siempre. Si hay una posición en el campo definida por los números esa es la de vanguardia. Los que arrojan felices guarismos suelen estar perfectamente acomodados en sus destinos, actuando con regularidad. Los que tienen un historial errático son un riesgo absoluto. Como opciones quedan dos gamas de futbolistas. Por un lado, el joven en el que asoman cualidades pero que todavía no ha roto moldes. Por otro, el veterano que todavía tiene gol pero que guarda la espalda a un titular y que está cansado de disfrutar solo de minutos de saldo.

Ambos perfiles están cotizados. Si militan en un equipo importante, puede tener un sueldo desproporcionado o el propietario de los derechos busca asegurar por contrato la continuidad de su delfín. Si están enganchados a una escuadra con objetivos similares a los del Granada, siempre existirá la sensación de refuerzo de un rival, por lo que se buscará una considerable compensación económica aunque el elemento tenga ya sus años, que asegure a la entidad, a su vez, poder sustituirle con garantías.

Esta psicosis de no darle agua al enemigo implica una parálisis en el mercado nacional, el más goloso por los conjuntos sumidos en la supervivencia, que desean estiletes reputados. Solo un desembolso económico importante o la predisposición adecuada del tentado, dispuesto a la presión para forzar su escapada, pueden desentrañar la situación. Mientras tanto, Ighalo será el llanero solitario. Hay un motivo para el consuelo. Cuando no queda más alternativa y la desesperación cunde es cuando este nigeriano con alma de ídolo ocasional suele exhibir sus mejores actuaciones.

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