Antídoto granadinista

A cualquier observador exterior le choca que el Granada destituya a su entrenador con dos puntos de ventaja sobre el descenso, sin poder gozar de todos los fichajes que prevé la entidad en el mercado invernal. Ahonda en la confusión que Quique Pina lo defendiera a ultranza en fases más duras de resultados, resaltando que no existían problemas internos con la plantilla, y que ahora dé este giro implacable. Después de soportar ciertas inclemencias, a esas personas del fútbol que otean desde la distancia, normalmente desde la capital de España, les parece raro que la derrota en Sevilla suponga esta consecuencia devastadora. Pero en el Sánchez Pizjuán no solo se perdió, hubo circunstancias preocupantes. El equipo destiló sensaciones caóticas y Anquela solo encontró excusas peregrinas para justificar el desaguisado en la rueda de prensa. El miedo, la confusión táctica y la ruptura con respecto al once titular que había vencido al Rayo depararon una actuación horrenda, con el técnico nervioso en su banquillo y alterado en la dirección, con el ejemplo claro del posicionamiento de Mikel Rico, que pasó de mediocentro a interior zurdo y de allí al lateral derecho. Anquela ha reconocido que jamás llegó a desprenderse de ese poso de angustia que le delata desde que aterrizó en la ciudad. Pina le ha quitado ese yugo. Su causa personal en pos de la defensa a ultranza del jienense terminó. Escuchó a su ‘Pepito Grillo’.

Anquela ha gozado de la oportunidad de su vida, pero no la ha conseguido aprovechar por distintos motivos. El principal, no asentar un modelo reconocible, estable y lo suficientemente efectivo. Incendios ha tenido dentro como todos, especialmente con los que menos han contado, pero lo que ha cuestionado su dirección desde la caseta han sido los bandazos, que pillaron con el pie cambiado a muchos jugadores. Anquela se implicó al máximo con el proyecto, ha sido cortés en un grado superlativo con el entorno del club, pero no ha hallado su camino deportivo.

Cuando parecía que sus esquemas se construirían en torno a un mediocentro defensivo y Recio, decidió variar a un extraño 4-1-4-1, donde los exteriores iban para dentro, convirtiéndose en una víctima propicia para un Sevilla que sobresale precisamente por los costados. Eso no es jugar valiente, como le ha defendido un famoso periodista nacional, de esas ondas en la que Anquela es reconocido como un estratega consumado, en parte por lo bien que cayó en su fructífera etapa en Alcorcón, cuando fue accesible a los medios, que le popularizaron como ‘Anquelotti’. Fue una propuesta cobardona. No era la primera vez que incurría en algo así. Un reconocimiento de que el grupo quizás no daba más de sí. Poca fe en las propias cualidades. Dimitir de cualquier jerarquía. Suele salir caro en Primera.

Pina quería redoblar su confianza en Anquela con la llegada de los fichajes, pero tan solo ha disfrutado de Recio y Aranda, al que tampoco hizo titular en Sevilla. El ya extécnico mezcla tristeza y desahogo tras los acontecimientos. El timón cae en manos de un entrenador granadino, pero más reputado en Primera, con casos de éxito pero también de fracaso, con la etiqueta de defensivo a cuestas, pero la suficiente experiencia para saber plantear soluciones versátiles a la lucha por la permanencia. Lucas Alcaraz vivirá una segunda parte profesional en su ciudad, donde hay gente que le adora y otros que le detestan. Entre esos detractores también los hay cainitas, aquellos que aborrecen el éxito del vecino. Empieza ya la singladura. Su maestría se pone a prueba, aunque hay algo incuestionable. El antídoto a la situación es un verdadero granadinista. El nudo sentimental tal vez le ayude o sea un lastre. Los partidos lo pondrán en su sitio.

2 Comentarios

  1. Acertado e inteligente análisis aunque sigo pensando q el desastre en Sevilla no justifica lo contrario de lo q dijo pina hace menos de una semana. Anquela a pesar de su profesionalización y su implicación merecía la destitución antes de navidad porque demostró q no había cogido el rumbo , ahora bien, si lo mantienes con el discurso de q confías en el y q lo quieres ver con nuevos refuerzos no te queda otra q hacer lo q dices aunque pierdas en Sevilla. Una pena q su sustituto no sea abel pero toda la suerte del mundo para lucas

  2. Desgraciadamente, muchas veces el tener muchas ganas y poner mucho empeño en hacer las cosas bien nos lleva justo a que ocurra lo contrario, y que las dificultades que surgen nos hagan presionarnos más a nosotros mismos. Creo que es lo que ha ocurrido con Anquela, que en mi opinión, se ha visto traicionado por sus inmensas ganas de triunfar y hacerlo bien en nuestro club. Es una pena y lo siento, puesto que soy de la opinión de que la gente que trabaja y lucha por hacer las cosas bien merece alcanzar ese objetivo. Pero esto es fútbol, un juego con gran componente de azar, y ese punto de suerte necesario para alcanzar grandes cotas es lo que le ha faltado a Anquela, junto quizás con algún mimbre en el equipo que ahora si ha llegado. No me gustan los cambios de entrenadores, pero hay veces que no queda más remedio, sobre todo, por lo que me ha llegado por los medios y por amigos aficionados, por la situación de ansiedad personal de Anquela que le podía costar (en palabras textuales de un altísimo dirigente de nuestro equipo) un infarto en el banquillo.

    Ahora llega Lucas, al que vi hace 15 años entrenando a nuestro equipo en Segunda B. Espero que como buen granadinista que es sepa lo que se cuece en esta ciudad y toreé con muleta templada a los toritos que por ella circulan, con no menos cuernos por el hecho de ser toritos, además de algún ganadero afincado en los balcones del ayuntamiento. Y sobre todo que lidie con una plantilla que se ha puesto de dulce con las últimas incorporaciones. Si hace 15 años a él, y a mí, nos dicen que ibamos a estar en igual situación (él como primer entrenador del Granada y yo ocupando mi butaca en el sector D) pero jugando en Primera y recibiendo al Real Madrid, no nos lo hubiéramos creído o al menos hubiéramos sonreído y soñado. Y hay veces que los sueños se hacen realidad. Por tanto, Lucas, sueña y llévanos a la salvación… y quien sabe a donde en el futuro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *