Mezcla de alientos

La pelea por la salvación se dirimía en el mundo de la X hasta que Mario Bermejo, maestro del rebote y la carambola, apareció para amortizar un pase de Orellana, quien navegaba en el fango hasta entonces. El destino devolvía a la vida a un Celta que se entristeció ante el Mallorca hace una semana con idéntica suerte, pero adversa: un gol en las postrimerías. El empate momentáneo con el Zaragoza permitía a los maños aproximarse un poco al Granada. Con el tanto de Bermejo, la distancia se conserva pero se suman los vigueses a la batalla, que encima tienen un refuerzo de lujo a partir del próximo partido: Iago Aspas.

Una mezcla de alientos se juntan en el cogote rojiblanco, exasperado por su ineficacia, sorprendido porque todos consiguen logros que para ellos resultan inalcanzables. Las cualidades difieren pero en algo sintonizan los de abajo. Pulula un miedo atroz al fracaso. Pero los rivales del Granada encuentran un nexo. Absolutamente todos han tenido ya una de esas victorias emotivas que refuerza la moral, gestada en los últimos minutos. No así el conjunto de Lucas Alcaraz, que sin haber pisado el descenso en la segunda vuelta lo ve aproximarse con una ola.

La presión es incesante y la situación es macabra. Le aprieta pero no le ahoga, pero la secuencia sin triunfos se alarga. Cuando más se acostumbra el equipo a pedir la hora por su querencia histórica, nuevas situaciones aparecen a cual más incierta para poner a prueba la fiabilidad de sus jugadores y la fidelidad de la grada. Pero esto último no falla. A la hinchada no hay que concentrarla para que se involucre en pos de la supervivencia. Ahora esperan que sus chicos descubran en la tercera concentración el significado de la victoria y cuelguen en el armario los miedos, las dudas.