Cuestión de dioptrías

Uno de los grandes problemas de las dos anteriores campañas de abonados en el Granada estaba en la tabla rasa que existía en los graderíos más amplios, tribuna y preferencia, donde salvo en el escaso margen contiguo al palco, la zona VIP, se pagaba un precio único. El club se complicaba poco en la gama de precios y así se pagaba igual si se olía el césped o si se rozaban las cabinas de prensa, si se estaba pegado a una esquina o si se veía más ceca que lejos a la directiva. Por fin el club ha tenido a bien dividir el campo en sectores más concretos, subdividiendo las clásicas zonas alta, media y baja en central y lateral. El Granada enfoca así un problema de dioptrías, pues el fútbol se contemplaba diferente y había que constatarlo en el precio, que como prometió Pina han bajado, sobre todo para los abonos más gravosos, menos nítidos en los fondos, donde ya había un descuento apreciable.

Dice el directivo González Segura que con estos precios ansían aumentar en 2.000 el número de abonados (no llegaron a 14.000 en la pasada) con el fin de equilibrar finanzas, que se verán mejoradas por el contrato televisivo pero que zozobran por la parte de patrocinios, pese a que la mayoría de empresas locales mantienen su respaldo, que no el mecenas principal de la camiseta. La entidad también tiene detalles para las sagas y el tercer miembro de una familia pagará la mitad. Los hinchas más entusiastas se concentrarán en una esquina, junto a peñistas, mientras que en otro rincón se aplicarán los descuentos a desempleados y jubilados mayores de 65 años.

La solución no es mala con estos colectivos pero quizás tendría que haberse matizado también una rebaja por si desearan mantener un asiento en otra plaza. Matices de una campaña en la que al menos se ha cumplido el designio presidencial y se compartimenta el estadio. Ahora solo queda esperar a que el Granada encuentre ese patrocinador nuevo, que probablemente vendrá del exterior, y que siga fortaleciendo su plantilla, un proceso que va por buen camino.