Estreno ideal con acento africano (Osasuna 1 – Granada 2)

Crónica publicada en IDEAL.-

Es tan descomunal el entorno de frivolidad que rodea a los futbolistas que con frecuencia olvidamos su sensible y común naturaleza humana. Llevan esa trayectoria cargada de lujos, al volante de deportivos potentes, vistiendo ropa de marcas prestigiosas y con relojes enormes en la muñeca que, de alguna manera, se barre la impresión entre la gente convencional de que detrás de estos ricos prematuros se esconden personas que padecen los mismos calvarios que el resto. El-Arabi, ese delantero de apariencia despistada, ha pasado esta semana por uno de los tragos más amargos que se puedan sufrir: la pérdida de una joven hermana. Yebda, por su parte, ha lamentado un año y medio sin jugar por lesiones que, en sus distintas formas, ya le habían tenido prácticamente anulado el curso previo. Uno, el delantero marroquí, aún de luto, y otro, el centrocampista argelino, falto todavía de ritmo, protagonizaron un estreno ideal del Granada con sus goles, de acento norteafricano. El fútbol les iluminó con ese premio pero su actuación fue más allá. En un campo de los que retumban, bregaron como el que más para amasar un triunfo inaugural, una faceta inusual para los rojiblancos, al que el blanco con ese sombreado de La Alhambra sobre la camiseta les abrió las puertas del éxito y también agarraron un atisbo de felicidad para dos chicos que han soportado los avatares amargos de una vida que no siempre está presidida por la opulencia y la carcajada.
En un campo donde el Granada sí ganó el curso pasado, y con idéntico resultado, pero donde a él se le resistió con insistencia el gol, El-Arabi fraguó una actuación pletórica de las que evaporan, por instantes, aquella inexcusable losa de ser el fichaje más caro de la historia del club. Tras un trance ante el que a cualquiera le hubiera costado hasta mantener la estabilidad emocional, él enfrentó la empresa con un arrojo inesperado y una calidad sublime.
Los tantos adornan las gestas de los delanteros, pero fue su preponderancia absoluta la que le hace concitar méritos para aguantar una titularidad que hasta esta fecha tenía discutida por Riki, al que su baja por sanción le podría llevar a su vez al banquillo momentáneamente si el dorsal nueve sigue en semejante estado de gracia, manejando una suerte de controles y giros de alta escuela, con un destape enérgico.
Periodo de engrase
Está el equipo todavía en franco periodo de engrase, con eso olor a nuevo que se observa al desenvolver una caja. Tres chavales debutaron en Primera división, con Murillo como titular encima ante la baja por lesión del capitán Diego Mainz. Dos jugadores del esquema vienen de meses de convalecencia, eterna para Yebda, frustrante para Dani Benítez, que ya había sufrido el castigo del ‘botellazo’ en el comienzo pasado de Liga. El mallorquín, luciendo el brazalete de líder, ese que le confiere una altiva madurez, volvió por sus mejores fueros, siendo un taladro por la banda izquierda mientras le llegaron las fuerzas. Fatau y Álvaro se sumaron a la causa durante la segunda mitad, al igual que Fran Rico, ese genio que ha vencido al pesimismo al que le pronunciaba una maltrecha rodilla y volvió a competir en el tramo final.
Todos contribuyeron a sobreponerse a un partido serio, afrontado con bravura por ambos conjuntos. Efectivo en la primera mitad para los rojiblancos, acelerado después por un Osasuna que jamás se rinde en El Sadar, compensando con fulgor todo el fútbol que le falta.
El 0-2 con el que llegó el descanso fue un enorme premio para un Granada que cedió el peso del balón a los locales pero que atacaba con presteza, un sello característico de Alcaraz sobre todo fuera de Los Cármenes. El primer aguijonazo llegó por la derecha, cuando Brahimi interactuó con Nyom, que no tiene miramientos al llegar al área y busca la zona franca de remate. Por allí apareció ligero El-Arabi, libre de cepos, para marcar y ser homenajeado por sus compañeros, solidarios ante el sufrimiento que latía en su compañero tras la tragedia reciente.
Los navarros no reclutaron las suficientes maneras para que Roberto, bajo palos, se viera acobardado por una atmósfera siempre vehemente en El Sadar. En la prolongación del primer tiempo, Yebda se valió de un córner para reencontrarse con la gloria y expedir un lustroso certificado de ilusión. Le animó más allá de lo que soportaban sus crujientes bisagras. En una zona del campo donde pronto encontrará competencia tras la evasión de Mikel Rico, el argelino quiere levantar la mano y decir cosas.
Tensión elevada
El Osasuna elevó la tensión e hizo invisible la elegancia de Brahimi, consumida en empujones. Más aleteó Piti, siempre exquisito con el balón, aunque poco acostumbrado a la intensidad defensiva que imprime este estilo. La contratación más ilusionante tuvo un extraño traspié, aunque dejara muestras de su catálogo también. Consumado especialista desde los once metros, falló el lanzamiento que podía haber quebrado la resistencia local, que se había espoleado por un tanto de Puñal, con uno de esos tiros lejanos que parecen propulsados por su fiel hinchada. Piti erró un penalti claro de Oriol en la segunda mitad ante un Andrés Fernández que se adelantó en exceso, con licencia arbitral. Piti, que discutió en el trofeo por tirar un lance así con El-Arabi, quien lo falló al final, acabó consumido por el mismo desatino que su pareja en ataque. La sombra de Siqueira, casi infalible bajo esta suerte, sobrevoló el ambiente. No en el juego, durante el cual Angulo estuvo más que decente.
El resultado siguió sin distancia y en cualquier balón a la olla podían saltar los rayos. Quiso Alcaraz dar oxígeno al costado con Álvaro, quien tiene un descaro incontenible y rezuma ganas de triunfar. Hasta tuvo una opción de marcar, pero empalmó mal un balón desde el costado.
El técnico acabó formando un pastiche para mitigar el peligro que generaba el bombardeo del Osasuna, llamando a filas a Fatau y Fran Rico, juntando a cuatro mediocentros en distintas posiciones. Todos dispuestos estratégicamente para achicar a destajo.
Sumar los tres puntos bien valía aquella abigarrada construcción, que permite afrontar el recibimiento al Madrid con otro aire en Los Cármenes. La puesta a punto siempre es mejor si el colchón se engorda. La máquina de fichajes no se detiene pero los que están, cumplieron. El-Arabi se sobrepuso al dolor y demostró que es más fiable de lo que su rostro invita.

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