Todos mienten

Esta columna se publicó el jueves, 29 de agosto, en IDEAL. Viene muy al caso.

Me gusta la metáfora de la bomba cuando hablamos de fichajes porque enlaza perfectamente con la naturaleza inflamable de esta información, que tan pronto explota para sorprender a la audiencia o bien revienta en la cara del periodista, dejándolo en mal lugar. Quiere la gente que corroboremos con absoluta certeza operaciones abiertas, negociaciones triviales, nombres que suenan en conversaciones secretas. Pero es difícil hallar la verdad en un mercado donde son muchos los que juegan al despiste, cuando no tienen directamente las cartas marcadas. Filtraciones oficiales, representantes que desembuchan, jugadores que se van de la lengua, entornos que de alguna manera traicionan a su protegido. Son múltiples las vías ocultas por las que acceder a un dato, pero muy pocas las que te aproximan a la realidad. Esta es cambiante y lo que hoy es negro como el tizón, mañana es blanco como Iniesta. El juego de la conjetura se apodera de cada verano mientras el periodo de fichajes se mantiene abierto. Hasta última hora no se sabrá si el capítulo de altas se cierra en Granada con los aterrizajes de dos conocidos, Recio e Ighalo, y del reemplazo eventual de Nyom, Foulquier. Mientras el club intenta colocar a Aranda, se mantiene brillante el foco de atención en el apartado de bajas. Dice Pina que Siqueira se marchará «sí o sí». Está el jugador convencido de que no volverá a vestirse de rojiblanco. La afición va asimilando la ausencia de uno de los mejores de su historia reciente. Sin embargo, la campana del dos de septiembre, fecha del cierre, ya asoma tras la esquina lista para sonar, mientras el brasileño sigue domiciliado en el mismo lugar que siempre. Debe de haber algo que se nos escapa a todos para que el presidente tenga semejante seguridad. Quizás de los contactos con el Madrid si haya algún acuerdo verbal que esconden, pendiente de que la primera pieza que se mueva sea la de Coentrao fuera de la casa blanca. Por ello Siqueira comenta a algunos amigos en la intimidad que en unos días vivirá en la capital de España. Puede ser una simple broma para acallar bocas, un acto de franca sinceridad o la sencilla confusión de alguien que sabe menos de lo que le gustaría sobre su porvenir. En este pulso de intereses parece imposible despejar la incógnita por ahora. Digan lo que digan, todos mienten. Por acción u omisión.

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