El hombre del cayado

Columna publicada en IDEAL el 19-09-13

Tanto tiempo estuvo el Granada entre ruinas y fracasos que solo le quedó disfrutar de la nostalgia durante casi 40 años. Aunque ciertos libros engrandecen la etapa dorada del club, siempre preferiré el verbo de los que hoy peinan canas y se apoyan en un bastón, porque lo sintieron en la grada de la Cárcel, por ejemplo, cuando estaban lozanos. Uno de esos abuelitos que jamás perdió la fe en vivir lo que hoy acontece, que acudía a los entrenamientos cuando la mayor parte de la ciudad no reconocía por la calle a los jugadores, me trasladó una experiencia interesante, que viene a cuento.
Ocurrió en la temporada 1975 – 1976. El mejor ciclo estaba en su ocaso. Tras llegar incluso a una posición que hoy daría acceso a Europa, el Granada se encalló, salvándose en la última jornada en la campaña anterior. Joseíto, el entrenador de los mejores éxitos, había sido destituido y la entidad quiso prestigiar el puesto con la incorporación de uno de los mejores técnicos de la época, Miguel Muñoz, el estratega que vio levantar varias copas de Europa al Real Madrid. Se marchó Porta pero vinieron algunos fichajes de postín, como Megido y Denis Milar. De alguna manera, el presidente Candi apostaba por lo que hoy se llamaría un giro hacia la excelencia, renunciando a ciertos valores más austeros. Tras una primera vuelta aceptable, el conjunto entró en barrena. Ni siquiera en Los Cármenes encontró en hilo. Una derrota en casa, ante el Espanyol por 0-1, qué curioso, con gol en propia puerta de Toni Grande, hoy segundo de Del Bosque, dejó al Granada a los pies de los caballos. Finalmente le clavaron todas las herraduras.
Desde entonces, el equipo pasó por todo tipo de tormentos. Intentó volver una y otra vez, hipotecándose hasta las orejas, fracasando. Probó incluso categorías menores, amagó con regresar en una efímera vuelta a Segunda pero duró menos que un dulce en una guardería.
Ahora todo se ve distinto. Nos sentimos de Primera división. Queremos ser igual que el resto. Jugar como los mejores, o al menos decentemente, como ciertos ‘vecinos’ que consideramos parejos. Pero el fútbol no es sencillo y obsesionarse con la estética puede acabar siendo contraproducente. A quienes reclamamos prudencia nos tachan de conformistas. Renegar de la historia condena a revivirla. No digo que haya que renunciar a que el fútbol fluya y visitar Los Cármenes sea un gustazo, pero ante la duda siempre preferiré la moraleja actual de aquel hombre del cayado, que sufrió aquella tragedia justo el año que parecía que el equipo volvería a triunfar. Siempre será mejor bostezar en Primera, antes que nadar en el lodo, aunque se golee al Carolinense y el carné sea más barato.

2 Comentarios

  1. Pues bosteza tú (en primera) si tanto lo prefieres. La diferencia es que nosotros pagamos y no poco, para ver fútbol, a ti te pagan por bostezar por eso increíblemente lo defiendes. Ahh y no es carnet se dice carné.

  2. Aparte de la errata, de la que tiene razón (aunque como sabrá en su etimología era carnet), creo que no me he debido de explicar bien si sólo se queda con esa frase aislada. Usted no sabe si yo pago o no aparte de hacer mi trabajo. Es como si para analizar la política tuviera que estar necesariamente afiliado a un partido. Recuerde que los periodistas somos personas que tenemos amigos y familiares que van al estadio en calidad de abonados siempre, por lo que soy sensible a lo que supone un gasto así. Eso no impide que exponga que uno se abona en parte por fidelidad al equipo, juegue como juegue, no por ver un espectáculo desde lo aséptico. Esa es mi opinión. Quien no tiene ese bagaje o perspectiva histórica sobre el equipo tendrá una pasión más reciente. Puede que más frágil. Saludos.

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