Mikel Rico y los complementos

5 dardos para el Granada – Athletic

* Cierta vez, en un viaje en autobús, a algún tripulante de la expedición del Granada le dio por sopesar una parada en Despeñaperros para desayunar en Casa Pepe, un restaurante singular adornado con motivos franquistas en el que muchos paran por morbosa curiosidad, más que por convicción ideológica. Allí aparcó el vehículo rojiblanco pero hubo un jugador que se negó a bajar. Era Mikel Rico, al que sus principios le impedían visitar aquel lugar aunque fuera por hacer la gracia. Así es este vizcaíno de Arrigorriaga, un hombre de una ética inflexible, capaz de mantenerse en silencio ante la prensa porque un medio, Ideal, se hizo eco de un controvertido caso judicial que recogió la prensa rumana y que inmiscuía en principio a Torje, algo que reconoció excesivo meses después al levantar el veto. Enorme defensor de la privacidad de los jugadores, pidió siempre respeto por algunos incidentes acaecidos en las etapas de Orellana y Dani Benítez, dos de sus grandes amigos aquí. Su semblanza del chileno, al que trataba de justificarle lo injustificable, le convertía en el perfecto defensor de causas perdidas o a medio perder. Rico trató de erigirse en un protector intachable del vestuario, aunque fue crítico, sin embargo, con aquellos compañeros que se besan el escudo de una camiseta que no sienten. La foto de Siqueira y Brahimi no andaba lejos.

*  El sueño de Rico siempre fue jugar en el Athletic. Por eso ha intentado siempre encontrar el camino para llegar hasta el club de su corazón. Vio pasar el tren hace dos veranos y éste no estaba dispuesto a volver a quedarse tras su sonido. Tenía un preacuerdo desde primavera y sabía que en el periodo estival todo tenía que fructificar. El día que se presentó en Bilbao, tras semanas de inquietud, se besó el escudo con alegría, en señal sincera de fidelidad. Nadie puede dudar que lleva esos colores adosados a la piel. Por eso no se entiende que considere que sería una falta de respeto no celebrar un gol de su escuadra ante el Granada. Dudo que ningún bilbaíno le pudiera reprochar la comprensible contención, pero sí ha ofendido a algunos de la rojiblanca horizontal, que sienten la mera posibilidad de que se comporte así, aunque sea de manera atenuada, como una afrenta. El volumen de rajadas en las redes sociales se ha desmedido. Curiosamente, Rico ha desaparecido de Twitter.

* Mikel Rico vuelve a Los Cármenes y se le quiere homenajear. No es malo que el fútbol deje un paréntesis para glorificar a su pasado reciente, pero el boato debería de limitarse a los prolegómenos como mucho. Una vez arrancado el partido, Rico tendrá que ser amedrentado por la hinchada como lo que es, un jugador del rival, alguien que va a hacer todo lo posible porque su equipo gane. Que ya es historia. Como en aquel diálogo de los 300, parafraseando a Leonidas, aquí se trata de recordarlos. De recordar cómo contribuyó al ascenso. Cómo sudó cada permanencia. Eso es lo justo, como también tienen sus argumentos quienes le reprochan lo que apretó a última hora para marcharse. Querer mejorar es un bonito deseo, pero un aficionado no puede entender que ese concepto se separe de su entidad.

* Rico también es un jugador al que se echa de menos por su grado de complementariedad. Este Granada se ha adornado con nombres con cierto prestigio pero faltan los nexos. Rico no era el mejor recuperador, ni el mejor disparando, tampoco organizando. Pero servía de hilo al equipo, auxilio en el costado, llegada por arriba, personalidad en la disputa. Son esos jugadores que no salen demasiado en las portadas pero sí se les puntúa cada semana, acaban llevándose la clasificación de la regularidad. Alcaraz insistirá en los mismos que compitieron ante el Valencia, esperando una mejor suerte esta vez. Con él, Rico fue titular siempre. Como con los demás. Veremos si encuentra a un elemento que merezca tal devoción.

* El equipo de Rico viene con cierto brío, con él como titular. La grada responderá a sus impulsos al verle. Un juicio imprevisible. Merece el respeto de un ídolo mientras no haya balón en juego. Es un tipo honrado aunque arrancara las raíces plantadas en esta tierra. Para él, su gran desafío vital no estaba en Granada, sino en su casa. Ojalá algún día haya un futbolista cuyo sueño sea quedarse a perpetuidad aquí. Será un gesto de que el proyecto está sano. Será una muestra de verdadero amor. Mikel Rico lo dio todo como granadinista, con honradez, pero jamás alteró sus lealtades ni entregó su alma, que seguía con la esperanza puesta en residir en San Mamés.