El corro del patatal (Betis 0 – Granada 0)

Crónica publicada en IDEAL

Era más probable tropezar con un tubérculo que asistir a una secuencia digna de pases en un Villamarín más parecido a un campo de minas, donde tanto el Betis como el Granada bailaron el anodino corro del patatal. Una danza sincronizada, reiterativa y sin vistosidad, en una Sevilla bajo los últimos coletazos de la canícula, para mayor incomodidad de los protagonistas, que bastante tenían con limpiarse el sudor, aguantar la fatiga y sortear los hoyos para no pisar a algún topo. Un partido más para la concentración atrás que para la imaginación arriba, el refrendo de lo mejor y lo peor de los rojiblancos en lo que llevamos de curso, que mantienen su imbatibilidad como forastero, con un punto conquistado por garra pero sin filo. En un tapiz maltrecho, ni con la mejor intención se habría aposentado el cuero. Abundaron las persecuciones, los despejes y las faltas por encima de los disparos a puerta y los remates. El-Arabi se aflojó en dos buenas opciones, una por acto, y los de Pepe Mel generaron bastante ruido en el último cuarto de hora, pero funcionó el achique de los rojiblancos, con un Murillo que merece que su apellido sea superlativo. Roberto apagó alguna llamarada suelta, justo cuando los depósitos se vaciaban y se incurrieron en varias precipitaciones. Verdú hizo bastante pupa y el menudo Cedrick casi cabecea a gol un balón suelto, pero los de Alcaraz escaparon sin recibir un solo tanto por primera vez en la temporada. No es para tirar fuegos artificiales pero sí refrenda los mecanismos protectores.
Jeison “Muro”
En su búsqueda de una personalidad definida, el patrón a seguir está siendo esencialmente el de la compostura. Pese a que el Granada lleva tres partidos con poca incidencia ofensiva, sí ha ido evolucionando en cuanto a reacciones ante el acoso del adversario. La irrupción de Murillo es la mejor noticia de los últimos meses en un club alicaído tras las marchas de Mikel Rico y Siqueira. El colombiano no solo ha calzado con naturalidad en la plantilla, sino que aporta madera de líder. Su futuro es esperanzador. Una piedra angular sobre la que apuntalar las carencias que se suceden, que tendrán que ser mitigadas con el paso de las jornadas.
La mezcla de nombres en vanguardia tiene que ir propiciando alguna ruta potable. El bacheado césped bético resultó el lugar menos propicio para triangular, pero en adelante el Granada necesitará encontrar su partitura. El calendario asoma lleno de dificultades. El técnico tendrá que seguir trabajando en que los que coexisten se encariñen con la red enemiga.
La expedición ya había visitado la instalación el día anterior, por lo que la táctica a esgrimir se condicionó por las circunstancias. Tenía como punto cardinal la ubicación de un recuperador como Iturra en el centro del campo, para no cargar de partidos a Fran Rico en esta quincena frenética. La gestión de recursos se subrayó también con la salida de Riki. Con El-Arabi, como ocurrió en Pamplona, el fútbol directo encuentra un diapasón. Pero sin duda el ingreso más llamativo fue el del joven Álvaro, que relegó a Benítez tras varias semanas poco ducho. El sevillano no acabó de romper con la timidez. Fue disciplinado con los requerimientos de su puesto en la izquierda y de sus botas emergió la mejor llegada en el arranque del partido, cuando a los veinte minutos salió al paso de las tenazas en el costado y envió un centro a El-Arabi, que encogió el cuello como una tortuga en un remate precario. Álvaro está en periodo formativo, pero asume con ganas un reto dificultoso. Merece el mismo cariño que si fuera un chaval del filial por ser coetáneo.
El esférico viajaba catapultado desde las defensas durante la mayor parte del tiempo, obviados los centrocampistas en general. En las caídas rondó el peligro, como en una complicación de Angulo, al que se le está haciendo pesado cubrir el rol de Siqueira, el añorado inquilino del lateral. Pocos duelos hubo a ras de hierba, aunque el más frenético tuvo en la pugna a Vadillo y Nyom, con el canterano del Betis dificultando mucho al francés.
A los locales les empezó a salir costra en ese hábitat y a fuerza de coraje iniciaron más escaramuzas alrededor de la trinchera rojiblanca. Apretaron en arrancadas al contragolpe y en tiros desde la distancia, con mucho mérito en Salva Sevilla, un prestidigitador que evitó las trampas de la pradera. El Granada seguía sin conectar las piezas cuando le devolvían la posesión, más allá de los rasguños de Buonanotte, que logró el pleno de amonestaciones en la zaga enemiga pero que no pasó de un chut de falta como principal argumento punzante. En continua descomposición, los cambios de ambos estrategas buscaron huir del atolladero. Mel se resignó a lo más febril con Braian, más rotundo que Vadillo. Alcaraz repostó en las alas, con Brahimi y Benítez. Sin que su presencia ampliara las vías en demasía, sí que presidieron dos buenas oleadas. El mallorquín logró un desborde con centro que El-Arabi empalmó fuera de nuevo. Brahimi hallaría al ariete tras escurrirse de varios rivales, pero el marroquí no ajustó suficiente la mirilla.
Mientras Verdú ocupaba el vacío de Salva Sevilla con varias amenazas a Roberto, el Granada se iba atenazando para mantener el resultado vigente. Yebda había sido introducido por su envergadura para ganar algunos lances aéreos, en una posición más adelantada que habitualmente, pero apenas tuvo repercusión. Fue un punto cosechado en una huerta, más por lo rudimentario que por lo artístico. Sin descanso, el miércoles hay una vuelta a casa, allí donde existe más responsabilidades frente al público. Más incomodidades por ahora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *