Jonas apaga la falla en el descuento (Granada 0 – Valencia 1)

Crónica publicada en IDEAL.

Hay una serie de citas que ilustran el folclore del fútbol, que muy pocos saben identificar con quien las acuñó en origen, pero que se quedan ahí, grabadas como el sello de un toro, para su rescate en situaciones frecuentes. Dice una de esas famosas frases que en este deporte el que perdona lo paga caro, con la crueldad que a veces le caracteriza, dejando con la cara del que le cierran la puerta del autobús tras correr hasta la parada. El balón a veces castiga el mérito y engrandece la vulgaridad, pues el Granada levantó un auténtico escaparate de oportunidades para marcar que no fueron materializadas ante un Valencia de una llamativa mediocridad. Lo intentaron los locales hasta la profunda fatiga, agarrados a las energías sobrantes del soporífero patatal del Villamarín, muy nítido Buonanotte sobre todo en el primer tiempo. Pero el fuelle se esfumó y los visitantes comenzaron a amenazar en alardes de algunos de sus buenos jugadores, aunque en realidad el tanto que crucificó la ilusión rojiblanca vino de un grosero fallo propio. Un burdo error de Ighalo en la salida de balón que destruyó a la excepcional labor del resto de elementos. Banega culebreó con hostilidad, Canales le abrió el horizonte por el costado y Jonas llegó al centro perdido que no supo cortar Diakhaté. Todo en el tiempo añadido.
Pocas veces el Granada actuó con semejante plasticidad, bien orientado en la construcción, afanoso en las recuperaciones, pero absolutamente desacertado ante la portería contraria. En veinte minutos ya había llegado más veces y con mayor peligro que en prácticamente el resto de partidos de lo que se lleva de campeonato. Era una versión convincente, con un once titular casi calcado al de Sevilla, con la salvedad de Brahimi en la izquierda, pero con una propuesta más ambiciosa con la posesión. En las primeras acometidas, los de Alcaraz adoptaron una confianza agigantada en sus posibilidades. Se percataron pronto de que este Valencia sestea, lejos de aquel modelo pulcro que asentó Valverde la campaña pasada.
El Arabi cabeceó la primera irrupción, pero su labor fue oscura, con querencia a la contención en las jugadas más que al disparo. Sí brilló en las facetas imaginativas Buonanotte, quien hasta pudo estrenarse con la testa en una de esas secuencias bien hilvanadas por los rojiblancos. Su magisterio se extendió por el verde, con sus compañeros incorporándose a las llegadas que acorralaban a los levantinos.
Ese Granada exuberante no podía durar perpetuamente. Sus llegadas se redujeron, pero planeaba la sensación de que esa noche tocaba a rebato. Hasta el balón parado servía para originar inquietud, pero Murillo tampoco pudo acariciar la red. Si continua era la presencia en ataque, la organización seguía sin resentirse. Los centrocampistas se imponían, con Iturra barriendo ruidoso y Recio firmando un partido fantástico, agresivo para recuperar e inteligente como arquitecto.
Quien parecía perdido en el costado zurdo era Brahimi, quien incurrió de primeras en numerosas equivocaciones, tan obsesionado como está con fintar en tierra de nadie. Hasta el receso dio mucho más Pereira. Aunque a veces se embolica, tiene potencia felina y la capacidad para armar el tiro con cualquiera de sus piernas.
El poco lapso para restablecer fuerzas desde las citas del domingo atenazó el encuentro durante su segunda parte. Caía la energía pero creció sin embargo Brahimi, al que los regates le empezaron a sonreír. Asomó por la derecha a pase de Buonanotte y lanzó sin ángulo, aunque Alves tuvo que repeler a córner. El franco argelino gozaría de un mano a mano con el meta brasileño, tras limpiarse a cuanto rivales le salieron al paso por el carril zurdo. Pero la picardía de Brahimi en el zigzagueo es pura bisoñez en el área. Le dieron una tarascada justo antes de quedarse pegado al fondo. Buscó colar el esférico entre las piernas de Alves pero el arquero respondió.
La profundidad de banquillo cataloga a los equipos. El Valencia encontró arsenal para desarmar al Granada en el tramo final. Alcaraz no logró mejorar la situación con sus sustitutos. Riki rondó poco el área, siempre escorado, mientras que Ighalo se hartó de correr pero fue el desafortunado protagonista de la acción que hizo sucumbir el partido. El joven Álvaro también se vio superado por los acontecimientos.
El alargue a veces es un partido en sí mismo, que se disputa más por astucia. Mientras los rojiblancos golpeaban sordos, el Valencia estudiaba como desestabilizar. Banega tapó a Ighalo cuando intentó controlar el balón de espalda. Salió fresco, con clase. Canales se enchufó. El Granada estaba en ropa interior. Jonas rozó el esférico lo justo, con una terrible parábola. Fue injusto, pero fue así. Una derrota más, aunque durante minutos fuera un partido para enmarcar, con un cierre escrito en las historias del fútbol. En las trágicas.

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