Mucha polémica, escaso juego (Granada 0 – Espanyol 1)

Crónica publicada en IDEAL.

Apresado por esa confusión adolescente de no saber qué quiere ser de mayor, al Granada se le amargó la mañana tras una decisión arbitral que corrobora que ciertos colegiados memorizan el reglamento, pero que el juego les cuesta más interpretarlo, como si no tuvieran un jueves libre para practicarlo con sus amigos, que los tendrán, aunque estos no suelan alardear de tener un colega trencilla. Solo alguien que observa el fútbol desde su estricto ordenamiento jurídico y sin el conveniente análisis práctico puede cobrar como cesión un balón que recogió Roberto en el área tras un intento de robo a un rival de Fran Rico, sin orientación a portería ni voluntariedad. Nadie del Espanyol presionó la escena, ninguno reclamó antes del silbido. Solo Iglesias Villanueva identificó el castigo que dejó lívido al portero, pero la negligencia tuvo una consecuencia atroz. En un partido sin ocasiones de gol, despejó una posibilidad para el Espanyol que Lanzarote, con sutileza y fortuna, pues lo ajustó pero también rozó a un miembro de la barrera, transformó en el único tanto de un partido que no mereció alterar su marcador, pues poco dio de sí. Intentó trenzar el Granada sin seguridad ni empaque, con una propuesta más bonita en la formación que en la cancha, que invitaba a mucho más que lo expuesto. Mordió mucho y fuerte el conjunto visitante, aferrado a un equilibrio roto por un detalle decisivo. Una severa contrariedad.
Nada habían hecho los locales, eso es cierto, hasta ese último tercio de la segunda parte para comprometer a Casilla bajo palos, pese a perfilar una alineación que incitaba a las buenas maneras, aun con las bajas importantes de Piti y Brahimi. Contaba el once titular con la presencia en la sala de máquinas de dos mediocentros tendentes a la combinación, Fran Rico y Recio, llamados a llevarse bien por compartir sintonía. Alcaraz renunciaba así al fiel Iturra, ardoroso en la recuperación pero en teoría más tosco para la salida. Lo que quizás no esperaba el técnico es toparse con tres “Iturras” en el sector contrario. Aguirre desprendió su propuesta de bagatelas e hizo comparecer a unos futbolistas sin nombres rimbombantes, salvo el de Sergio García arriba, pero con sed de sangre. Desde el primer momento se percataron de que la propuesta local de tocar desde atrás estaba poco madura y que si hostigaban la harían imposible. Así, los rojiblancos se veían forzados a pases largos o balones hacia su cancerbero, que achicaba sin contemplaciones, mientras que se mostraron incapaces de ordenarse adecuadamente para arrebatar el esférico en parcelas adelantadas.
Buonanotte
Solo cuando Buonanotte controló sin hostilidad alrededor evolucionaron algo las acciones en el primer capítulo, pero con mucha tosquedad. El argentino, incitado al liderazgo ofensivo, se diluyó en el tramo final, inédito en los metros decisivos. Salió a la intemperie sin socios. La profundidad por los costados fue mínima. Debutó Pereira ante las ausencias pero no dejó más rastro que algún tiro lejano y muchas incomprensiones con Nyom. Peor le fue a Benítez, cuyo mal momento se recrudece por la ira de la grada, que le ha colocado en su escaparate de chiflidos. El balear lleva tres partidos horribles pero a su voluble sensibilidad no le ayuda convertirse en el chivo expiatorio del respetable. No anda fino, acarrea sus irresistibles demonios particulares y la tensión ambiental le termina por desbocar. Todo con la entrada más baja en Los Cármenes desde que se retornó a Primera división, en un triste reflejo del momento económico pero también de cierto desapego de la hinchada, ya sin el efecto novedad de la categoría. Benítez tendrá que hacer toda una exhibición de carácter y ganar en precisión si quiere recuperar el afecto de gran parte de los abonados, que parecen haberle dado la espalda, pese a ser un veterano del plantel. El club tendrá que analizar su política de precios; los ciudadanos, si realmente les duele dar la espalda al equipo de su tierra, que sin la protección de los suyos tendrá más complicado sobrevivir al campeonato.
Decir que lo más peligroso del Granada en ataque durante el arranque fue un córner cerrado de Fran Rico que pareció untado en mantequilla por como se le escurrió a Casilla, hasta atizar al balón sobre la misma raya de su arco, denota el registro trágico de unos rojiblancos precipitados, obsesivos en el pase al hueco para un Riki que no está para el “sprint” y que cuando se libró de las enredaderas lanzó siempre alto.
El joven Murillo apareció sorpresivamente en la zaga y poco le pesó la inexperiencia, pues mantuvo mejor el tipo que cualquiera de sus compañeros de la retaguardia. El agobio que les suponía el tanteo de los catalanes impedía que germinara el fútbol con limpieza. Iglesias Villanueva corrompió el encuentro justo antes del 0-1, pero además fue tolerante con la agresividad de un Espanyol que ponía cepos en los tobillos contrarios.
En el balón parado, el Granada también acumuló desorden, porque los cabeceadores blanquiazules se tiraron de los pelos tras varios remates en solitario que mandaron fuera, libres de marca. Sin solución para reaccionar, acosados por unos “periquitos” que parecían mastines, Alcaraz introdujo a Mainz por Diakhaté al descanso, ya amonestado, con la obsesión de que la circulación mejorara en el origen. Pero el circuito seguía saltando. Se imponía el rudo plan visitante. Una ruta abocada al empate hasta la incomprensible señalización que vendría después.
El partido se emponzoñaba, sujeto solo a la estrategia, coartada la inspiración, pero los movimientos del banquillo sonrieron al técnico mexicano. Aguirre coló a Thievy por un malhumorado Sergio García, con el que tuvo un intercambio de impresiones tras la sustitución. Los hechos le dieron a su vez la razón. La frescura del delantero alteró las rutinas. Era él al que Fran Rico le intentó arrebatar la posesión en la secuencia que terminó con la cesión a Roberto. Luego, ya con ventaja, protagonizó un contragolpe fugaz en el que desfondó a Mainz y con el que asistió a Lanzarote, quien perdió esta vez el pulso ante el gallego, con una mano portentosa que le libró de la segunda punzada.
Alcaraz, sin embargo, no halló ese revulsivo en el armario. Tantos obstáculos escudriñaba que creyó mejor a Ighalo para estas condiciones estrechas que El-Arabi, más potente. En el primer balón que reposó en sus botas evocó sus credenciales con un caracoleo marca de la casa que solventó flojo, como también es costumbre, para su desgracia. Más impresionante fue el serpenteo de Riki por la línea de fondo, que sin apenas ángulo consiguió lanzar al poste, sin fortuna para acompañar el rechace a la red. Ya sí entró El Arabi, que en esa situación desesperada no alimentó la mecha. Pero el dúo ofensivo con Ighalo duró poco, porque en una protesta absurda, el “siete” se quedó señalado por una roja que agrió su enésimo reestreno.
Con la desventaja de resultado y efectivos, el Granada perdió el hilo. Se metió en la jaula el Espanyol a la espera de la consumación de un triunfo excesivo, que no mereció nadie. La acidez en las críticas puede arreciar en el entorno, pues ya van dos derrotas en casa, pero lo cierto es que a priori lo que se quiere enhebrar desde el área técnica es un equipo más ambicioso con el balón, aunque el desarrollo sea tan pifiado. Son estilos que cuesta afianzar, que requieren de la participación de todos, no solo de los de ataque. Una necesaria paciencia que tal vez Granada no esté preparada para ofrecer.

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