Pina y la psicología del futbolista

Un tipo bastante agudo me dijo una vez que Quique Pina era una de las personas que más sabían del fútbol. Ojo, no hablaba estrictamente de fútbol, algo que también es posible, sino de lo que rodea a este deporte, en lo que no siempre permanece al descubierto, ya sea porque ocurre en sus bastidores o en las cabezas de los protagonistas del juego.

Pina es uno de los pocos presidentes de Primera división que fue futbolista profesional, lo que le facultad para entender muchos de los comportamientos, en el campo y fuera, de los jugadores que militan en sus plantillas. El murciano siempre ha defendido la filosofía de que a estos elementos indispensables hay que tratarles con mimo y respeto, cuidarles para que sean felices y así expongan lo mejor que llevan dentro. Pero cuando le cabrean, Pina saca el catón militar a la palestra. No escatima en discursos incendiarios o en medidas coercitivas, como la concentración en La Manga.

Si hay que cualquier sombra de apatía colectiva en la plantilla, no duden que este mandatario pondrá las medidas necesarias para eliminarla. Pina puede ser generoso en momentos álgidos. A veces, hasta mira para otro lado con la fe de que los problemas se disipen en la propia gestión de sus subordinados. Pero como hinque el diente a la cuestión, no suelta hasta alcanzar la resolución. No entrará en tácticas ni elección de jugadores sobre la cancha, pero cuando se pone es un tremendo psicólogo futbolístico. Sabe cuándo y en qué medida aplicar terapias de choque.

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