Realidad paralela

Hay una realidad en la que el Granada está en los últimos puestos de la clasificación. La plantilla pasa reiteradamente de todo y el entrenador presenta su dimisión ante su incapacidad para manejarles, al borde del motín. El presidente dialoga con los propietarios del club para que procedan a su venta inmediata y así dejar de soportar vejaciones por parte de un grupo de seguidores de la entidad. El proyecto se muere. En ciertas tribunas mediáticas se hacen chascarrillos acerca de la demolición, con mucha guasa. Todos los fichajes han fracasado, dinero tirado al contenedor. La escuadra no hace goles y encaja a porrillo. Los lesionados de larga duración jamás se recuperan. Los veteranos están tiesos y los jóvenes siguen bisoños. El campo da pena y ya no va nadie. Es un silencioso mausoleo.

Pero este mosaico solo pertenece a una realidad paralela. Una oscura, distinta a la actual. El Granada está noveno y encabeza la tabla de los conjuntos de clase media. Solo tiene por encima a los llamados a aspirar por las competiciones europeas y el título. Sus registros en casa no son los mejores (tampoco ya los peores) y la goleada ante el Valladolid le ha levantado en el capítulo anotador. A domicilio, los datos son de altas aspiraciones. Roberto aparece como uno de los porteros más seguros de la Liga. El Arabi ya es el máximo goleador extranjero de la historia de la entidad. El gol de Murillo se erige como el mejor de la jornada y no sería extraña que el seleccionador colombiano le acabara echando el ojo para el Mundial. Tras el fiasco en Almería, llegó la mejor versión colectiva de la temporada.

Esta y no la otra es la realidad que atiende al Granada. No todos es siempre maravilloso. A veces se pierde, otras el juego no es demasiado vistoso. Pero poco a poco, con humildad y trabajo, llega la superación. Solo hay que tener confianza. El reto era alcanzar la permanencia desde el sosiego. Puede que el desafío sea más que factible. No se dejen deprimir por una caduca idiosincrasia. Si dudan de la realidad en la que viven, echen un vistazo a la clasificación o lean a periodistas de fuera de la ciudad. Ellos lo ven sin contaminación y les dirán que es para estar muy contentos.

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