El indicador de la estrategia

Discernir hasta que punto influye un entrenador en la dinámica de un equipo es algo complicado. Su trabajo siempre está filtrado por la ejecución que hagan sus futbolistas. Puede pasar que un equipo con un precario trabajo táctico y una nefasta dirección en el banquillo funcione como un reloj, si los jugadores son lo suficientemente buenos. Luego está el gusto de cada uno. Cada técnico tiene su modelo, que algunos trastocan según las cualidades de sus hombres. Hay críticos que solo consideran bueno lo que les gusta. Luego está el influjo mental del jefe. Hay preparadores con mucha personalidad que no transmiten esa garra al grupo. Luego los hay apacibles que sin embargo logran que su gente salga con el cuchillo entre los dientes. No siempre hay una acción – reacción.

¿Cómo distinguir el buen trabajo de un entrenador sin considerar la única variable de los resultados? Existe un fundamento que es bastante llamativo. Se trata de las acciones de estrategia. La pizarra es algo en lo que se ahonda en las sesiones, que nace en el laboratorio. Pues bien, si no leyeron el reportaje de mi compañero Camilo Álvarez en Ideal el otro día, se lo ilustro con números. El Granada del curso pasado encajó 14 goles en este apartado, en situaciones de faltas botadas al área y saques de esquina. Cruzado el ecuador de esta temporada, sin embargo, los rojiblancos no han recibido ni un solo gol así. El único de toda la Primera división.

Pero hay otro dato añadido. Seis tantos de los 19 que ha metido el Granada se han conquistado con ese balón parado, sin incluir dos dianas más de falta directa y también un par de penaltis. Los rivales no le sacan partido ante los de rayas horizontales, pero ellos sí.

Podremos entrar en si Alcaraz está extrayendo el máximo potencial o no de los elementos que maneja, pero estos datos tiene poca discusión. Los puntos actuales tampoco dan para muchas quejas, en cualquier caso, pero alrededor del club se han prodigado ciertos ‘gourmet’ de este deporte que minusvaloran todo y aspiran a una excelencia que no es nada fácil de alcanzar. Paladares finos con tendencia al pesimismo también. Para remediar esto sí que no hay estrategia. Suelen ser de piñón fijo.