Tendido 7

Columna publicada el jueves en IDEAL.

Cada gol de Ike Uche con el Villarreal, y se está dando un atracón, es un figurado golpe en el hígado a los integrantes de esa especie de tendido 7 donde pulula la ácida crítica en Los Cármenes. Uche es aquel afable delantero nigeriano que se incorporó al Granada como cedido en la temporada del regreso a Primera, que acabó convertido en ese chivo expiatorio, para algunos obligatorio, que tiene que designarse siempre por parte de ciertos aficionados. La figura supuestamente apática que tiene que pagar los platos rotos en los momentos decrépitos, con la que se desfoga. Fue despellejado entre broncas y silbidos, incomprendido por unas personas que se habían acostumbrado a delanteros más acaparadores ante el gol en divisiones anteriores, pero también más toscos, con peor capacidad de asociación.

Uche, simplemente, ejerció de lo que le pidieron, en un equipo con bastantes lagunas. Llegaba a un proyecto que había ascendido sorpresivamente y que tenía que improvisar una planificación en la élite con enormes dificultades estructurales. Llegó el último día del mercado veraniego a una escuadra en la que se había entronizado su paisano Ighalo en Elche, que como mucho llegó a suplente del propio Ike en su selección. El Granada trataba a su vez de recuperar al ídolo Geijo, rematador indiscutible en Segunda, cuya lesión de hombro le diezmó en el tramo final. El suizo, en cualquier caso, no había llegado a romper nunca en la división de oro como en la de plata.

Uche empezó de punta pero Fabri le desplazó a la banda derecha porque no le convencía el argentino Franco Jara. El nigeriano cumplió su faceta con discreción. El técnico gallego todavía recuerda su excepcional trabajo en ese flanco en la victoria en San Mamés de los rojiblancos. Pero no era ese un Granada consistente. La relación de Uche con la meta seguía sin mejorar en demasía, pero siempre ponía su talento al servicio del grupo. Otra cosa es que corriera como un pollo sin cabeza, de esa manera demagógica que parece aplacar a ciertos hinchas. Cuando Uche arrancaba, era porque su inteligencia deportiva le indicaba que podía obtener algún rédito, no de cara a la galería.

Con Abel Resino al mando su protagonismo se diluyó, pues colocarle de titular en el estadio era someterle a un calvario. Aún despuntó en algún duelo, como en Santander, donde aportó bastante. Pero él mismo se fue apocando ante las represalias de su propia grada.

Su pase pertenecía al Villarreal y allí regresó al terminar ese ciclo aciago. Los castellonenses acababan de descender y se sumó a esa penitencia, hasta alcanzar el retorno a la cúspide. Ahora es importante en el ataque de uno de los conjuntos más en forma del campeonato. Actúa arriba, no en un ala, y se le caen los tantos del bolsillo. Es tratado como un ídolo en el Madrigal. En Granada se le señaló cruelmente. Verle triunfar debería de servir de lección para ese tendido 7 que establece juicios sumarísimos, aunque Los Cármenes no es la plaza de Las Ventas: los que silban no están todos juntos, sino que se diseminan por los distintos sectores. Pero cuando se orquestan, pueden alcanzar una tremenda vileza. Que se lo digan a El Arabi.

2 Comentarios

  1. Pues a mi me da igual que Uche triunfe , no es el mismo caso que Mikel Rico , Uche era un cedido y pasara lo que pasara volveria a Villareal , asique a la gente no deberia de importarle.

    Mikel era nuestro y se regalo y eso si escuece…

  2. Tres millones no es regalar. En virtud de su rendimiento puede parecer una cifra baja. Pero usted elude un tema capital: Mikel se quería ir sí o sí.

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