Nyom, C-15

El panadero de la aldea en la que vivían mis abuelos recorría cada esquina de la comarca en una furgoneta que no era muy estética, pero que cumplía su labor a la perfección, tanto en capacidad como en circulación por carriles a veces no asfaltados. Aquel vehículo era una C-15, un emblema para los transportistas de la época, la cual estaba siempre cubierta de polvo por fuera y llena de migas por dentro. Una pegatina adherida a su ventana trasera subrayaba el eslogan con el que era promocionada, toda una declaración de intenciones: se lo carga todo. Allan Nyom es un poco como aquella C-15. No es el más refinado de los jugadores ni acaricia el balón cuando lo manejan sus pies, pero es un bastión defensivo en el mano a mano. Además, es capaz de tumbar a cuanta oposición le surja en el puesto.

Sin duda, Nyom ha evolucionado muchísimo desde que llegó al Granada. Sigue sin pulir ciertos defectos, eso también es verdad. Su juego aéreo, pese a su altura, es precario. En situaciones de presión, el balón le quema. Sin embargo, cuando un extremo le encara tiene muy complicado escabullirse de su marca, sobre todo si intenta la incursión por fuera, cerca de la línea lateral. A su rapidez, Nyom añade su capacidad para emboscar al contrario. Esprinta, cuerpea al ponerse en paralelo y logra levantar una fina pero dura pared entre el que ataca y el balón. El franco camerunés también se adorna con alguna subida interesante. Su mirilla se ha afinado, aunque sigue teniendo mucho margen de mejora en los centros al área.

Nyom tiene el mérito de pulirse mientras llegaban a los rojiblancos otros laterales que se postulaban a la titularidad. El primer curso en Primera se encontró con el veterano David Cortés. El extremeño apenas tuvo cabida. Cuando entró, enseguida le volvió a ganar la mano el parisino. Cortés era un ortodoxo de su oficio, pero Nyom añadía el punto de fiereza y juventud que le convertían en temible sellando el costado. Cortés acabó más de remplazo de Siqueira más que de su teórico homólogo.

La temporada pasada apareció Juanma Ortiz. El alicantino era polivalente y podía actuar más adelantado, pero en principio estaba llamado a ocupar el lateral. Tampoco tuvo mucho margen. Cuando tuvo que ocuparse de la demarcación defensiva, renqueó. Nyom recobraría siempre la titularidad, incluso cuando llegó Alcaraz, que conocía a Ortiz de su etapa en Almería. Ayudado por Torje, el ala derecha del Granada resultaba casi impenetrable.

Este curso le ha tocado medirse al chaval Foulquier, compatriota, que de nuevo maneja registros distintos a los de Nyom: es mejor en ataque que en defensa. Pese a alguna flaqueza con la pelota, al final su aportación a la hora de recuperar prima sobre el proyecto que supone Foulquier aún, que encima ha tenido un par de actuaciones irregulares fruto de su bisoñez, justo antes del duelo ante el Valladolid.

Nyom no es un jugador que me entusiasme, pese al reconocimiento que hago a su progreso. Hace meses tuve un desagradable incidente con él al hilo de una de mis críticas, afortunadamente ya aclarado, cuando entendió que cuando escribo intento abstraerme de filias y fobias personales y dedicarme a enjuiciar lo que veo desde mi máxima honestidad. En esa conversación, en la que ambos pudimos hablar con tranquilidad, él me confesó su secreto para anteponerse a cuantos han llegado para ocupar su parcela: simplemente explota su físico como pocos, preparándose a conciencia cada verano para estar más fuerte que nunca. Nyom asume que muchos de los que han pasado tenían más habilidad con el esférico, pero ninguno puso sus ganas. Esto es digno de elogio. Puede que una furgoneta no sea un coche para pasear por la playa, pero te vale para todo y no te suele dejar tirado. Llevado al fútbol, estas aportaciones son muy importantes.

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