Dani Benítez y la amargura

Hay episodios en la vida que ocurren solos, sin que nada podamos hacer por evitarlos. Otros suceden por nuestra propias elecciones, meditadas o no. La etapa de Dani Benítez en Primera división ha sido aciaga. Un carrusel de lesiones le ha torpedeado en momentos en los que empezaba a sacar la cabeza. Pero algo marcará su trayectoria en la élite: aquel botellazo a Clos Gómez que le condenó durante meses y tras el cual nunca ha conseguido estar sano más allá de unas semanas.

Benítez está sumido en una amargura deportiva, pese a que todos los entrenadores que ha tenido en esta etapa le han elogiado de arranque y han pretendido integrarle en la dinámica. Aún se recuerdan aquellas declaraciones de Alcaraz al aterrizar el pasado enero, cuando se lamentaba de aquel último malestar físico que le impediría contar con el balear hasta el curso siguiente. El entrenador granadino es el enésimo que se marca la meta de convertir al mallorquín en alguien fundamental para su sistema, pero las circunstancias chocan contra sus intenciones. Unas veces, los músculos que no aguantan. Otras, actuaciones aciagas que abundan en su tristeza porque encuentran una especial inquina en la grada.

Benítez, que pasa por ser uno de los pocos ‘héroes’ que quedan de los dos ascensos consecutivos, es censurado por parte del público por llevar una supuesta vida disipada. Ya da igual que ahora esté más o menos equilibrado. El reproche no tiene freno y la fragilidad mental del futbolista es alta. Pero Benítez no puede culpar al respetable ni al técnico de su actual rendimiento pobre. Él no ha logrado reivindicarse como debiera, no ha luchado lo suficiente para variar el estigma que le persigue. En un último intento por recuperarle, Alcaraz le ha estado colocando en los entrenamientos como lateral izquierdo postizo, justo donde hay una laguna en la plantilla, sin sustitutos naturales para Angulo. El encuentro ante el Alcorcón en Los Cármenes, sin embargo, le dejó retratado en esa demarcación, a pesar de que influyera venir de muchos encuentros sin competir.

Cada día con la mente más lejos de este proyecto, su representante le busca acomodo en otros destinos. Suena con fuerza la escuadra de su isla. El Mallorca le desea, pero no a cualquier precio. El ciclo de Benítez como rojiblanco se tambalea, en el que solo ha amagado con emerger en Primera desde la rotundidad. Ni siquiera la capitanía acabó girando su cabeza hacia una plena madurez. Con una condiciones de base excelentes, los avatares han impedido su despegue y puede que acabe volando bajo. Los días dirán si podrá tener redención en Granada o si emigrará en busca de una suerte mejor. Benítez es un espíritu libre, rebelde, que no ha sabido exprimir su talento y que jamás ha podido derrotar a su peor enemigo. Ese que le mira desde el espejo.