Un inocuo Granada muere de pie (Real Madrid 2 – Granada 0)

El flamante Balón de Oro se convirtió en una aislada pero mortal esfera de demolición para un Granada robusto hasta el descanso, tras el cual se abrió el grifo para los estiletes blancos, que se espabilaron bajo la ducha. Cristiano Ronaldo rompió el precinto cuando concurrió una fatalidad en el hasta ese momento impoluto escuadrón rojiblanco, que había hecho mareante la travesía al Madrid, incómoda como el camarote de un barco a la deriva. Orden atrás y gestión eficiente del balón para multiplicar los silbidos en la grada, aunque el peligro del Granada se equiparara al que hay en un monasterio de clarisas. Al menos, todo lo iban salvando con equilibro en medio de la amenaza de un partido que hicieron feo, hasta que a alguien le entró mucha prisa y cayó en una trampa de consecuencias funestas.
Dicen que para conseguir algún botín del Bernabéu tienen que acaecer tres supuestos obligados. Un mal partido de los locales, una extraordinaria actuación de los visitantes y que estos cometan pocos errores no forzados, que faciliten la tarea a los anfitriones. Bajo este último concepto se subrayó el patinazo que acabó liberando al mastodonte.
Iturra precipitó una jugada que seguramente debió iniciarse sin tanta premura. Xabi Alonso acababa de derribar al canterano Fatau, extraordinario en su sustitución de Fran Rico en un escenario magno, y el ghanés se quedó tendido sobre la hierba, lamentándose con claras señales de dolor. A ‘Colocho’ se le encendió la bombilla en medio del 0-0 reinante. Una iluminación algo ambiciosa.
Prisas de Iturra
Posó el balón con ojo avizor. Sacó rápido. Imaginó que la jugada pillaría difuso al Madrid y prestos a sus compañeros de vanguardia. Pergeñó que de ese desconcierto los suyos podrían por fin hincar el diente. Pero aquella falta acabó enseguida en las botas adversarias. Como todo lo que alcanzó el verdadero territorio hostil, morada enemiga. El balón se aceleró como solo ellos saben, con Fatau aún herido, hasta rondar a Cristiano en la corona del área, donde se quita el frac y aparece el demonio. Todo tras una sucesión que cogió a los rojiblancos descubiertos, de la manera que esperaron encontrar al rival. La bola sorteó todos los efectivos cepos rojiblancos. Había uno menos. Tras unos veloces amagos, CR7 encontró el hueco para disparar ajustado y vencer al resistente Roberto, quien tendrá como penitencia regalar 500 pares de guantes, como prometió en un programa de televisión. Desafiar a este ‘bicho’ resulta contraproducente, incluso el día del cumpleaños del de Chantada, aunque en descargo del gallego hay que decir que disolvió muchísimos problemas. Al propio portugués le hizo una detención de dibujos animados antes del receso, en una acrobática chilena que alejó con reflejos de guepardo. La encrucijada del encuentro trajo el derrumbe definitivo, tras aguantar un acto entero. Un final obvio, la derrota. Pero el Granada al menos se fue de pie, no arrastrándose humillado.
De esta derrota salió vigoroso el invitado más inesperado. Alcaraz apostó por Fatau en el centro del campo y el chaval le dio la razón. Su aspecto fiero confunde. Podría parecer que se trata uno de esos muchos centrocampistas africanos, de rompe y rasga. Pero Fatau es meloso con el balón. Apacible para gestionar cada entrega sin ruido ni enredo. No le quemó la ansiedad ni le superó el miedo escénico. Se trata de un proyecto interesante que se forja en el filial. Enseñó la pata ante el Málaga hace varias jornadas y no desentonó. Le costó más en la Copa del Rey, dentro de un ‘once’ que a la postre resultó demasiado experimental y que se derritió hasta la eliminación. Ayer, ante algunos de los mejores centrocampistas del planeta, con un contrincante ilustre que ahora apuesta por ser protagonista constante con el esférico, Fatau fue intrépido para cuestionar este dictado. Después, ya con la marejada local desatada, trató de alimentar el inocuo ataque rojiblanco, donde el apagón fue permanente. El Arabi parecía un tren de mercancías al que le surcaban aviones alrededor, siempre de espalda al objetivo, dando continuidad y poco más. Brahimi quiso complicar la papeleta a Carvajal, pero el lateral acabó colocando más candados que en esos puentes que frecuentan las parejas. Piti simplemente estropeó la mayoría de conexiones en las que intervino. Lleva con la caja de cambios bloqueada unos partidos. Sigue siendo el más astuto, capaz de sacar agua en el desierto, pero su contribución ha de crecer porque con un lobo solitario el Granada no tiene suficiente.
El Granada fue lo contrario a un digestivo. Generó retortijones al Madrid con su organización y su juego balanceado. La parsimonia en ataque dejaba en la tumbona a Diego López, pero ante tal oponente la supervivencia ya tenía mérito. El gol desencajó las piezas y los blancos sintieron que los grilletes se desplomaban. Aumentaron los espacios y solo Roberto y la compostura evitaron que cundiera la úlcera. El patrón varió a peor, pues el Madrid originó numerosas ocasiones ante unos rojiblancos que quisieron entrar al duelo, pero sin maldad. Una diana de Benzema allanó el camino hacia el liderato provisional de los blancos, nacida de una pared de Cristiano hacia Marcelo, quien penetró hasta el fondo como una catana.
Alcaraz sí agotó esta vez los cambios, pero sin mejoría. Pereira se colocó en la izquierda, por Recio. Luego se mudó. No se llegó más y de paso se perdió peso en la medular. Las últimas sustituciones tampoco tuvieron incidencia. Buonanotte reemplazó al desdibujado Piti, mientras que Coeff tuvo ocasión de pisar el césped por Murillo, que tenía una amarilla y el técnico le preservó para futuras batallas más terrenales.
El Granada reflejó sus ordenadas ideas aun en la derrota, sin su guía Fran Rico, pero también sus deficiencias. Marcar le resulta habitualmente una auténtica cruzada.

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