Un tridente acomodado

La Resaca en Canal Rojiblanco del Madrid – Granada.

1. La rivalidad motiva. Suele sacar lo mejor de cada espíritu competitivo. La seguridad acomoda. Las personas tienden a instalarse en la zona de confort, pero las que reúnen cualidades deportivas buscan nuevas metas que superar. Nada mejor para plantear desafíos que encontrar un oponente. Allan Nyom es un ejemplo de ello. Apareció el fulgurante Foulquier y le tocó apretar. Su compatriota cometió errores que abrieron a Nyom la puerta del regreso a la titularidad. Salió al campo y se lo ganó a pulso. Lo mismo hizo Recio, al que parecía cuestionar Yebda. Se lesionó el argelino y volvió el malagueño, con poderío y encima gol, como se demostró ante el Valladolid. Ambos se han crecido en la adversidad. Esto no ocurre con el tridente que ataca en el Granada. No tienen relevos claros. Están rindiendo por debajo de sus posibilidades. Quizás, sin quererlo, se han apoltronado.

2. El Granada tiene un estilo académico. Es ordenado atrás. Evita dividir el balón. Sale con los centrales abiertos, busca al ancla Iturra en el centro. Combina este con los volantes del medio. Abren el juego para los laterales o los teóricos extremos, que abandonan la cal para buscar fracturas en el interior. Pero aquí encuentran una barrera invisible. Un acantilado por donde rueda la posesión de balón. Se generan pocas ocasiones claras. Las oportunidades que nacen, están manchadas.

3. La calidad de los hombres que se abren es indiscutible. Su complicidad no está tan avalada. Brahimi y Piti tienen una coincidencia. Les gusta el protagonismo. Ellos no corren a por el balón. Necesitan que les llegue, para utilizarlo a conveniencia. A ambos les gusta el regate elegante. Más al franco argelino, rey de la finta. Ninguno es rápido. Piti tiene un disparo demoledor. En esto mejora ostensiblemente a su compañero, quien solo ha festejado un penalti. Pero al basar su progresión en la calidad y no en la potencia, les cuesta comandar avances rápidos. El Granada se invalida con ellos para contragolpear. Los ataques se arman desde una perspectiva posicional. Esto hace previsible al colectivo, salvo que tengan un golpe de genio.

4. Tampoco el acompañante ayuda a alterar este ecosistema. El Arabi es un chico con graves problemas de concentración. Su tendencia a dispersarse es tremenda. Él intenta proteger el balón, descargar el juego a un lado menos cerrado, pero luego le cuesta proporcionar profundidad. Ante la meta, tampoco es un matador consumado. Calidad tiene y con la inercia adecuada le llegan los goles. Pero si no soluciona sus despistes, derramará muchas opciones. Con las lesiones de Ighalo y Riki, tampoco tiene quien le tosa. Saber que va a ser titular indiscutible durante los 90 minutos, salvo maniobra rara, le quita cualquier tipo de inquietud. Aminora el instinto de reivindicación.

5. Lo mismo pasa con Piti y Brahimi. Miran al banquillo y no ven a alguien que les pueda quitar el puesto. Buonanotte fue el gran damnificado de la implantación del ‘trivote’. Pasó a suplente habitual y no llegó a asumir de nuevo aquel rol de revulsivo que le caracterizó el curso pasado. Pereira también desapareció de las alineaciones y ahondó en un estancamiento que él no supo evitar. Cedido con opción de compra, tampoco está poniendo demasiados motivos sobre la mesa para abonar un traspaso.

6. A Dani Benítez le ha terminado de sobresaltar la apertura del mercado. En vías de reconversión a lateral, apareció en la Copa en esa posición con sombras y luces, para regresar luego al ostracismo. Si ya barruntaba la posibilidad de salir de la entidad, quedarse sin minutos ante el Osasuna dinamitó su moral. En lugar de luchar por retornar, parece ondear la bandera blanca de la rendición. Alcaraz le tenía fe, pero se la ha ido perdiendo. Su futuro es una incógnita. Sigue sin derrotar al monstruo que le consume.

7. Ante estas circunstancias, hacen falta soluciones. Dos partidos sin marcar subrayan una tendencia. Los rojiblancos han avalado parte de sus éxitos en el balón parado, mérito indiscutible de la estrategia que se forja en los entrenamientos. Pero en vanguardia falta algo más, fuera de la aislada fiesta ante los pucelanos. Con el ariete frecuentemente en las nubes, Brahimi alérgico al gol y Piti metido en un bache cada vez más hondo, o mucho cambian su semblante los suplentes o a la entidad le tocará maniobrar. Traer algo del bazar que se cierra este viernes. Mirar de reojo a la cantera.

8. Parece que en el filial no hay tanta aspereza frente a la diana. El cuadro está en Segunda B, dos niveles por debajo. Los contrarios son incomparables, peores en todos los registros, pero aparecen algunos proyectos interesantes en el cuadro que comanda Joseba Aguado, que demandan atención. Puertas, Nico o Machís son chavales que frecuentan las sesiones de los mayores, cuyos detalles despiertan la curiosidad de Alcaraz. Tienen que seguir trabajando duro y con humildad para cumplir su sueño. Seguro que la cortina se descorrerá en algún momento. Tendrán que hacer mucho ruido para no dar un paso atrás.

9. Quizás sea adjudicar mucha responsabilidad a unos chavales el hecho de que se incorporen con pleno derecho a la disciplina de los mayores. Habrá que ir con tiento y sin delirios que aborten sus carreras. Pero ahí está el ejemplo de Fatau, que salió reivindicado del Santiago Bernabéu. Había muchos miedo de que se lesionara uno de los mediocentros habituales. Ahí irrumpió el ghanés con desparpajo y modales. Iturra y Recio están con cuatro amarillas. Ya no da tanto pavor que cumplan ciclo, como se pensó en principio con Fran Rico. En la necesidad, un fogonazo de juvenil ilusión.

10. Pasó la página del Bernabéu. La de la visita al flamante Balón de Oro. La de un conjunto temible que hace complicada cualquier tarea, al que se le agrió el plan hasta el descanso. Diego López se tomó el día libre, algo que no podrá ocurrir en adelante. El Granada se sumerge en su mundanal barro. El calendario anuncia batallas cruentas. La Liga es aún larga, pero los siguientes encuentros establecerán si los fantasmas vuelven a salir del arcón. Aunque a los estiletes rojiblancos no les vendría mal algún susto. Creerse intocable es un problema en cualquier profesión. Cuanto antes halle Alcaraz posibles alternativas, seguro que los habituales mejoran su rendimiento. Dormirse es un defecto humano. Superarse, una virtud.

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