La purga

En el seno del Granada pueden perdonar momentáneamente una afrenta de un futbolista, pero jamás la olvidan. Más tarde o más temprano, se la hacen pagar. Hassan Yebda y Pape Diakhaté son ejemplos rotundos de ello.

Uno de los secretos de la singladura de Quique Pina y Juan Carlos Cordero está en reaccionar cuando han detectado cualquier anomalía en el vestuario. Unas veces, el remedio habrá sido drástico y la solución inmediata. Otras, les ha costado más trabajo extirpar el quiste.

Los dirigentes murcianos son ‘fichadores’ natos. Por eso ha extrañado tanto que no haya más altas que Ilori en este proceso invernal. Lo cierto es que incorporar a muchos es sinónimo de que la plantilla no es lo suficientemente buena y está ofreciendo malos resultados. Para ellos, no es así, en contra del sentir de parte del entorno. Consideran que hay recursos suficientes, alternativas para prácticamente todos los puestos y que, pese al terrible balance de derrotas en casa, el descenso todavía está a un margen más que aceptable.

Son conscientes de que durante el mes de enero utilizar en el equipo a hombres que estaban en el disparadero era muy peligroso. Después del cierre del mercado, la piedra está en el tejado del entrenador, del que esperan que recupere en lo psicológico a tipos como Buonanotte y Benítez, que vuelvan a ser de utilidad. 

Pero el afán de los mandos ha estado en purgar. Aún rememoran el malestar suscitado por Diakhaté con sus declaraciones el curso pasado, en las que cuestionaba su suplencia, adjudicándose la categoría de “el mejor” entre los elementos de la zaga. Tampoco han gustado los ademanes de Yebda en muchas ocasiones, del que critican su influencia en futbolistas más maleables y tiernos, como Brahimi o El Arabi. Ambos estaban señalados, pero no les han encontrado el acomodo previsto hasta la fecha. Ahora ven el camino más despejado.

La cúpula piensa que con este equipo la salvación acabará siendo cómoda, si no se pierde la cabeza y se sabe sufrir. Ese es su diagnóstico, sin cuestionar hasta el momento a Alcaraz, quien tiene la tarea no solo de conseguir victorias, sino de que el grupo funcione al pleno tras la supuesta depuración.

Más que contrataciones, los de arriba querían que entrara oxígeno que aliviara el mal rollo. Tienen la creencia de que menos terminará siendo más.