Memoria y plan B

La Resaca en Ideal.es

1. La segunda vuelta ha celebrado ya tres partidos, pero en realidad el tramo definitivo empieza justo ahora, tras concluir enero. El mercado invernal se ha clausurado y depara una plantilla cerrada hasta el final del curso. El Granada sale, como poco, debilitado en cuanto a número de efectivos en el primer equipo. Ingresó Ilori, que todavía no ha debutado, aún integrándose, para una zaga que con él suma cinco centrales (con la opción Coeff en el centro del campo). Pero en este intervalo se han marchado el inédito Campos Toro y el ínclito Hassan Yebda, quien nunca adquirió el rango de importancia que se le pronosticaba. Unas veces por lesiones, otras por su intrascendencia en el campo. Nadie les ha sustituido.

2. Una vez cerrado el cupo, a la entidad le toca recomponer un vestuario revuelto, porque al final se han quedado hasta cuatro jugadores que han estado tentados a marcharse y que no encontraron destino, o bien lo rechazaron. Alguno puede que esté muy a disgusto. La mayoría de ellos se ha despistado. El entrenador no ha contribuido a subsanar su desapego, contando poco con ellos, si bien uno de sus grandes motivos es precisamente no verles con el grado de compromiso que esperaba por la circunstancia. En parte se trasluce que también les escruta sin las condiciones necesarias para cuestionar a los habituales titulares, después de chequearlos durante estos meses.

3. Sin refuerzos, el entrenador se obliga a la catarsis interna si no quiere complicarse la vida. Recuperar para la causa a las tropas auxiliares que estuvieron a punto de desertar. Hacer borrón y cuenta nueva. El pelotón es necesario para salvar la temporada, aunque el verdadero problema es que los titulares no logran por sí solos la resolución de los partidos. Esto sí es crucial, más que si hay agitación en la caseta, que es necesaria a veces pero no indispensable.

4. Los rojiblancos actuaron ante el Celta con su guardia de honor, pero perdieron una vez más en Los Cármenes, campo fértil para los visitantes, en un calco de innumerables situaciones durante esta campaña. Un fútbol de dominación con el balón pero sin completar el gobierno con dentelladas adecuadas en ataque. Encima, el equipo  es capaz de cometer enormes torpezas cuando se destapa y arriesga. Cuando eso pasa una vez, es mala suerte. Si se reitera, hay un alarmante problema de concentración.

5. Tener incertidumbre en el marcador provoca que un desliz aislado reviente todo el trabajo. Una cadena de errores individuales, que empezó por la pérdida de Brahimi, el mal cabeceo de Mainz, la dejadez del resto de compañeros y las manos blandas de Roberto, destrozó un partido en el que el juego del Granada volvió a sucumbir por el desfiladero del área, convertido en un sector de arenas movedizas.

6. Cuando las cosas funcionan, poco hay que tocar. Si los resultados amargan, se necesitan soluciones. Tan importante como tener a muchos miembros del plantel contribuyendo a la causa es que los llamados a acaudillar al conjunto aparezcan. El caso flagrante es el de Piti, de reconocido bajón, sin concretar las causas. Dice un hombre del fútbol que los jugadores son como las pilas: no avisan cuando se descargan. Uno no quiere pensar que el catalán se encuentre ya en barrena plana, avistando el ocaso de su carrera. Quiero confiar que solo es algo transitorio. Una concepción idéntica a la deseable con Riki. Sus lúcidas actuaciones la temporada pasada han cogido un rumbo distinto. Ojalá no sea un problema generacional.

7. Si el Granada ha dejado ir tantos puntos en los últimos minutos, bien porque ha encajado un golpe o porque no ha sido capaz de voltear una situación equilibrada o adversa previa, es porque los hombres de salida han visto fundidas sus ideas o porque las alternativas han sido vagas hasta ahora. Sin fichajes, salvo metamorfosis de algún defenestrado, a Alcaraz solo le queda mirar al filial.

8. El técnico ha observado muchísimos partidos del Granada B. Este sábado estuvo en Almería por ello. Muchos canteranos han trabajado a sus órdenes , pero pocos han contado con minutos en el primer equipo. Solo Álvaro, muy al principio, y Fatau han gozado de una oportunidad, con el ghanés pugnando bien en todo un Santiago Bernabéu. Aparte de Adolfo, que también ha estado en convocatorias, hay dos elementos que parecen con una capacidad por encima de la media. Se trata del extremo Nico y del delantero Antonio Puertas.

9. A Alcaraz le obsesiona encontrar complementos. Futbolistas que aprovechen cada minuto en el que actúen y revolucionen cualquier contexto, por poco que estén sobre el césped. Ni Nico ni Puertas se adecuan al 4-3-3 que emplea el Granada comúnmente. Nico es un rápido hombre de banda, clásico en el desborde y el centro a la olla, eléctrico pero quizás sin un fondo energético de partido completo. Puertas es un segundo punta, con mucha clase y elegantes soluciones, tanto ante el gol como en la asistencia. Roles divergentes a los que emplean Piti o Brahimi, las alas ‘falsas’ de los rojiblancos. Pero con el equipo atascado arriba, como tantas veces, una variante sorprendente puede ser la palanca que desestabilice a un rival. Alguien que enfile el fondo y envíe buenas ‘bananas’ al punto crítico. Un socio ocasional para El Arabi, que coloque dos referencias arriba. Esto lo podrían hacer ellos. Sobre todo, mientras Riki e Ighalo estén lesionados. Especialmente, si Pereira o Benítez no regresan de la penumbra.

10. La semana es corta, porque la escuadra se mide al Espanyol y de nuevo juega en viernes. El curso pasado, el Granada salió al terreno de Cornellá provisionalmente en descenso, en la única vez que cayó ahí desde que llegó Alcaraz. Un golazo de falta de Nolito y un despliegue colectivo generoso en defensa aunaron el triunfo final que evitó mayores sufrimientos. Nolito, ese chaval entusiasta que siempre quiso quedarse en el Granada, pero por el que el Celta terminó poniendo más dinero sobre la mesa del Benfica. Parte del público le maltrató el otro día. Una cosa es amedrentarle como rival para que yerre. Otra, obcecarse. Le pasó sobre todo a Orellana, uno de los héroe menos recordado del ascenso, el que provocó aquella tanda de penaltis precisamente ante los vigueses, aunque luego repudiara tanto su regreso a la casa rojiblanca. Ni siquiera él mereció tanto desprecio. Lo dice un periodista, a los que más ignoró. Hay que tener siempre memoria. Memoria para saber de dónde se viene. Memoria para saber que la historia parece condenar al Granada a un sufrimiento perpetuo, a pedir la hora. Un quebranto que al descorrerse a veces alumbra las mayores alegrías, las que se han concentrado en este lustro mágico. Ascensos. Permanencias. Todos los hitos llegaron después de un momento anterior en el que muchos creían que ya sería imposible. Todos esos desafíos los digiere el que sabe aguantar. Solo la memoria da fuerzas para levantarse siempre de la lona, cuando todo se ve borroso. Siempre fue así. Siempre va a ser así. Porque con memoria sí se puede aspirar a la grandeza. Sin memoria, solo hay soberbia.

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