Otros suplentes

Hay personas que ahogan y circunstancias que disipan. Para los dirigentes del Granada la influencia y el ejemplo de Yebda y Diakhaté restringían el oxígeno de la caseta con sus efluvios de vanidad y egoísmo. Los mismos jerarcas avalaban al entrenador cuando prefirió contar poco durante enero con todos aquellos jugadores a los que la tentación de otros destinos había tocado en sus casas. Aquellos dos jugadores ya no están y el mercado se ha clausurado. Pero el club rojiblanco ha deslizado el pestillo y frenado el vaivén. Los mandos perdonan el pecado de los que se quedan y le entregan las llaves de un despacho con diván a Alcaraz. Ahora le toca ejercer de psicólogo y sumar efectivos a la causa de la permanencia. Que cuando se gire hacia el banquillo sienta esperanza y no desesperación.
El técnico divisa al plantel saneado, observa el calendario feroz y planea la navegación con su catalejo. El salitre de la competición endurece la piel de Lucas, que sabe que perder la calma es lo que deriva sin maniobra hacia el remolino infinito de la derrota. Cornellá no será esta vez tan trascendental como el curso pasado, pero sí ha de ejercer de palanca para una situación truculenta, que puede arreciar en un escenario rocambolesco. Caer con el Espanyol llevaría después a un duelo dominical con el Betis, con invasión de aficionados sevillanos, que contrastarían con el previsible enfado local.
Ilori y Coeff se afanan para alcanzar el puesto del lesionado Mainz. Ambos jóvenes y poco rodados, el incorporado parte con una presumible ventaja ante el aval que supone la cesión del Liverpool, aunque no es lo mismo ejercitarse en Armilla que salir al ruedo. Coeff, que ya buscaba piso en Alicante, puede tener pronto su oportunidad de hecho. Murillo está con cuatro amarillas. Igual que Iturra o Recio. Los suplentes han de estar vivos, pero más aún los titulares. Para que los partidos se resuelvan con los planeados, no solo con las rectificaciones. Los relevos son los mismos, pero tendrán que aportar algo muy diferente.

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