Alcaraz como escudo

La Resaca en Canal Rojiblanco.

1. Lucas Alcaraz sigue, al menos de momento. Dirigirá al Granada ante el Betis, en una cruzada donde tendrá que mostrar que su gobierno late y que su plantilla recupera el pulso. La percha de los palos de muchos iracundos seguidores cuenta con una bola extra, en este escenario sísmico tan frecuente en nuestro país cuando los equipos de fútbol se atrancan en el lodazal.

2. El culto reverencial que se suele dispensar a los entrenadores en Inglaterra incluso cuando pasan años sin conseguir objetivos brillantes contrasta con la caducidad efímera que se le otorga a los técnicos en los países latinos, donde son tratados como figuras sospechosas, a menudo bajo la consideración de mal necesario. Hasta los más exitosos y carismáticos, en cuanto flaquean, son acompañados del rótulo de final de ciclo, algunos degradados por un cansancio que se precipita sobre el ambiente.

3. En realidad, los técnicos ejercen un poderoso mecanismo de regulación del entorno. Como suelen cargar con las culpas de todo, desahogan al aficionado y liberan de increpaciones a los dirigentes. De alguna manera, son el paraguas de la plantilla, un escudo que soporta la frustración del respetable, sobre todo cuando la ruina se extiende y no se puede focalizar en un solo futbolista. La falta de capacidad motivadora, les acusan, ha gripado el motor. El problema es cuando este tapón se libera y el líder del vestuario queda así descabezado. Entonces solo queda apelar a la perspicacia de su sustituto como bala en la recámara, porque si el atranque continúa los paganos estarán sobre el césped, a merced de la tormenta, aunque muchos cuellos se girarán al palco, donde habita la materia gris que configuró el organigrama.

4. El principal error que se le achaca a Alcaraz es, seguramente, lo que ha impedido que esta anarquía visible aflore antes, salvo en aquel episodio almeriense, tras el Año Nuevo. Su obsesión organizativa, la querencia por que el orden sustente la estructura, ha mitigado la aparición de brotes ególatras que han estado siempre presentes, pero que la consecución de puntos ocultaba. La verdadera fuerza del Granada hasta la fecha ha estado precisamente en aquello que más se trabaja en los entrenamientos. Su discurso con el balón para empezar, que no le acercaba en demasía al área rival pero sí mantenía el esférico lejos de la suya. El usoeficaz de balón parado, otra vertiente destacada, notablemente defendido y exprimido para hacer goles. Pero hasta este concepto se esfumó en Cornellá.

5. El Espanyol llevó el encuentro a su terreno, aun en inferioridad. Pugnas físicas, en las que se imponía. Disputas aéreas, donde siempre saltaban más y antes. Furia hasta agotar a un adversario rojiblanco sin trazo, al que encima descerrajaron desde el banderín, en una desatención que recuerda a los tiempos de Anquela, cuando el jienense no logró que los suyos mejoraran en la faceta estratégica, lo que derivó en la molicie.

6. Antes, en el periodo algo más apacible, cuando el ‘trivote’ acaparaba la posesión y la defensa se amurallaba ante los acosos, en esas fases en la que se recolectaban dígitos sobre todo de forastero, el debate en la calle estribaba en si Brahimi, Piti o Buonanotte, cada cual con su división de partidarios, tenían que jugar por dentro, como canalizadores. El viernes se comprobó que precisamente el nulo aporte al crecimiento de la vanguardia converge en algunos estos futbolistas dichosos, pero lejos de ser los surtidores que se anhelaban.

7. Brahimi exhala su habilidad para la danza de salón, malabarismos que enternecen a los críticos que ven partidos sueltos del Granada, pero cuando se reitera la contemplación entonces se descubre que está desprovisto de la capacidad de lectura. Conduce hasta en las condiciones más adversas, desde cualquier ubicación, para incurrir en una rutina de fin soso, pues encima no se acompaña de puntero. Para ser mediapunta le queda por aprender nociones elementales del oficio.

8. Se añoró por tiempo a Buonanotte pero tampoco el argentino resultó la solución de urgencia que se esperaba. Mucho se censuró a Alcaraz por etiquetarlo de revulsivo pero lo es. Apto para situaciones comprometidas o bien con una descarada iniciativa en el juego. Así ocurrió en la primera media hora en la cancha del Espanyol. Transcurriendo todo en apenas media cancha, con los rojiblancos circulando en la parcela contraria, el argentino se ofrece y dinamiza. Tras la expulsión de Víctor Álvarez, los blanquiazules aportaron un repliegue intensivo, pases largos, ida y vuelta. Con toda la hierba en uso, encadenándose los impactos, se funde entre estocadas, derribado por su frágil tren inferior.

9. Con Piti el componente mental entra en liza, aunque malas lenguas intentan justificar su postura en un supuesto divorcio con Alcaraz. Lo único demostrable es que cuesta recordarle con intervenciones continuas. Su periplo se engalana de aquel golazo de falta ante el Levante y de varios disparos trepidantes, que hacen relucir su impresionante fusil. El mismo tramo se estropea en varios duelos errados ante los porteros, tras acciones sinuosas, pero sobre todo por una progresiva desaparición en la parte constructora, cuando no en una derrama de avanzadillas. Quien más silbidos se ha llevado de todos ellos, sin embargo, es el que más esfuerzo dispone en ataque, el que protagoniza las incidencias. El siempre mal ponderado El Arabi.

10. ¿Le están haciendo la cama a Alcaraz? ¿Carece ya de primacía sobre el grupo? ¿Puede revertir la caída? Lo único rotundo es que el domingo ha adquirido tintes de épica final. El hombre que parecía abatido se levanta con aliento, aún confiado en sus posibilidades, con un respaldo que espera que le lleve hasta el final del viaje. Alza su escudo, mientras prorrumpen ciertas quejas sobre él. Lo fácil es achacarlo todo a sus carenciasprofesionales, a su falta de tacto, a un parlamento que no inflama a los suyos. El fútbol será su juez. Los hinchas en Los Cármenes, los testigos. El Betis, el púgil de la otra esquina. Pero los que salen a defenderle son sus futbolistas. Ellos tienen en las manos su destino. Su actitud nos dirá, esa es la única certeza, si están con él o no le soportan más.

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