Otro castigo

Las concentraciones lejos de Granada, aunque bastante efectivas, no dejan de ser un castigo severo al plantel en general, o bien hacen pagar a todos justos por pecadores. La directiva aleja al grupo de sus rutinas, que por lo visto deben de considerarlas disipadas en algunos casos. Solo así se justifica que sea necesario obligarlos a vivir su profesión de nuevo durante 24 horas, controlando su alimentación, descanso y tiempo libre. El aislamiento mentalizará del reto deportivo a asumir pero si solo fuera para entrenar, no habría que salir de la ciudad deportiva armillera. Gran parte de la afición está muy quemada pero apenas se percibe esa agresividad de otras ciudades, en las que hinchas se presentan en las sesiones y las interrumpen. No hay más motivo del retiro que controlar a los futbolistas.

La otra evasión a La Manga permitió la recuperación en tiempo récord de varios jugadores que arrastraban problemas físicos. Esa sí es una ventaja de la vida en comuna, pero esta vez no ocurre eso. La enfermería solo alberga a Ighalo, que ya trota, y a Mainz, con el que no es sencillo acortar los plazos. Son las cabezas lo que pretenden recomponer entre todos, con un cénit en el discurso de Pina, que quizás desempolve el mensaje amenazante del curso pasado. El presidente sabe las reglas del juego, pero solo admite el tropiezo si hay máxima entrega y disposición. Tanto se ha estrechado el margen que está dispuesto a poner las cosas claras.

El cuerpo técnico también tendrá que subsanar sus errores, porque Alcaraz tiene el cargo en vilo el próximo domingo. El voto de confianza que le ha dado la cúpula le fortalece ante la tensión vivida el viernes, donde planeaba en el ambiente una posible destitución. Lo que hablaron en privado Pina y Cordero en las horas sucesivas no se sabe, pero la conclusión fue darle como poco un partido más.

En la calle hay un debate caliente sobre Lucas, pero parece que los que mandan concitan su interés en que los jugadores reaccionen y se impliquen en una permanencia que convertida en el único desafío. Con derrotas injustas como la ocurrida ante el Celta, nadie saca el palo. Lo de Cornellá merecía el escarmiento. Lo que cada cual haga en su día a día, es su respetable privacidad, pero que nadie se olvide que un deportista no lo es solo 90 minutos al día. El resto del tiempo también lo es. Cuidarse es el llamado ‘entrenamiento invisible’ que, paradójicamente, se nota mucho cuando se renuncia al mismo.