El viernes de discurso

El viernes está previsto que Quique Pina comparezca ante los medios, según se desprende de su entorno. Dirigirá una de sus exposiciones de ánimo, con las que pretende la comunión en la grada y el consenso favorable al equipo y cuerpo técnico. Cambian las fechas, pasan los años pero se repiten patrones viejos, como esas comparecencias que en fases de zozobra parecían considerarse como muy necesarias, aunque no dejarán de ser mensajes previsibles y rutinarios, quizás importantes en momentos de duda para parte de la hinchada.

Lo trascendental en este momento, de cara al exterior, es entender que el Granada atraviesa una crisis deportiva en virtud de sus resultados, pero no una crisis institucional. Ese miedo es el que tendrá que disipar con mayor firmeza, porque siempre brota una corriente opositora que relaciona cualquier mal rojiblanco con los otros negocios del dirigente murciano, como si eso realmente estuviera afectando a la línea de flotación del club. La institución mantiene la salubridad, pero parece que sus mandos tienen que recordarlo con frecuencia.

En cuanto a lo propia situación de la escuadra, más que conocer las palabras de Pina en la rueda de prensa sería morboso indagar en el parlamento que trasladará al plantel y entrenador en La Manga, sin micrófonos indiscretos. La penetración de este comentario íntimo acabó siendo clave para la reacción en otras experiencias aciagas, felizmente salvadas. Es ahí donde Pina tendrá que esmerarse a fondo, porque al final el grueso de la afición enjugará su tristeza y estará seguro con su equipo el domingo, al menos hasta el minuto final. Pero el respetable espera unos actores comprometidos y un director de orquesta sereno y con el punto de valentía necesario. Para ello, el discurso de Pina aparece como clave.