Pina y su invocación

Quique Pina concentró el viernes algunos de los argumentos que ha ido destilando en sus intervenciones durante estos meses o que se interpretaban en su círculo de íntimos. El presidente profundizó en un lamento que, sugestionado o natural, está contaminando a la afición del Granada. Por más que la parte más oscura de la historia se quiera dejar atrás, hay hechos que son irrenunciables. El conjunto rojiblanco es un recién aterrizado en Primera división, donde lleva tres temporadas, a la que retornó casi 40 años después de la última vez, cuyas circunstancias en la élite en ese pasado añorado no fueron para tirar cohetes, más allá de un par de campañas donde se alcanzó la sexta plaza de la clasificación. En todo lo demás, el conjunto sufrió para mantener la categoría, cuando no fue uno de esos ‘ascensores’, que permanecían en vaivén entre la azotea y el piso de abajo. Antes de que se sumergiera en la decepcionante ‘B’ y, peor aún, en el ciclo de Tercera.

El desencanto en la grada puede estar motivado por un arranque de soberbia. Por adjudicarse una aristocracia impostada. Pero también puede ser fruto de otros motivos. Uno, el precio de los abonos, que sigue indignando a muchos seguidores. Entusiastas que se quedaron en los años del barro que se vieron obligados a cambiar de zona en el estadio o, peor aún, que no pudieron renovar el carné; o aficionados al fútbol que se subieron al carro con el éxito pero que en periodos de derrotas se alejan o tampoco continúan, que relacionan precio con triunfos o espectáculo.

Dos, los resultados, al hilo de esto. Que algunos tratan de confundir con el mal juego, pero que se refieren consciente o inconscientemente al marcador. Porque este Granada no regala el balón, lo cuida, despierta buenas críticas entre los opinadores imparciales, pero su gran problema es que no define ante la meta, lo que lleva a signos negativos y a esa frase cruel pero injusta de que la escuadra “no juega a nada”.

Tres, la planificación de fichajes. Ya no solo porque se hiciera un esfuerzo o no en invierno, algo que puede estar justificado si el mercado no propone opciones. El problema viene de los veranos, cuando ha habido que revolucionar con innumerables contrataciones el plantel. Si el primer curso se entendió que el salto de nivel obligaba a muchas altas y encima estuvo lleno de dificultad por el desconocimiento de muchos futbolistas en torno al proyecto, el segundo incurrió en fallos con bastantes apuestas, mientras que el tercero empieza a posar una sensación agridulce con ciertos baluartes, con el agravante de la marcha de pilares como Mikel Rico y Siqueira, por voluntad de los futbolistas, ojo, pero en definitiva quebrando un hilo sentimental de la hinchada con ellos.

El mérito de mantenerse en la Liga BBVA durante un trienio es un éxito descomunal de Pina y su gente, con sus aciertos y errores. Si en algún momento se olvida, parece adecuado que el mandatario lo recuerde. Soy de los que piensa que el público al final es lo suficientemente sabio para calibrar que ha llegado el momento de aparcar debates y centrarse en el modo de sobrevivir. Ya habrá tiempo de ambición, de cuestionar a un jugador o de abrir un dilema con el técnico. El Granada es uno más de esta guerra de guerrillas y quien cuente con mayor fidelidad y cierre filas tendrá algunas ventajas importantes.

El domingo no cabe otro pensamiento que el triunfo. Lo sabe el entrenador y se tiene que ver en los ojos de los jugadores. El trago ha de superarse para llegar al verano con el rostro apacible. Pero si el Granada evita el precipicio, entonces será momento de que Quique Pina reflexione sin agobios. Percibir qué aspectos hay que mejorar del club, no solo en el deportivo, sino también en el institucional y por supuesto en el social. A veces el mosqueo de los entusiastas no se deriva solo de perder en el campo. Hay un cariño y una atención que no se deben derrochar y en eso Pina sí puede hacer un esfuerzo. No se trata de invertir por invertir, sino hacerlo por cabeza, en torno a una idea. Ni en el campo, ni mucho menos fuera.

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