El último que gana

La razón en el fútbol siempre se le suele otorgar al último que gana, en una suerte de pragmatismo condicionado por tendencias que llevan a modas, de lógica naturaleza pasajera. Hace un tiempo todos los clubes querían un Guardiola, un entrenador exjugador que conociera los valores del club y al mismo tiempo se postulara por un fútbol valiente y creativo. Esto ha adquirido una derivada con la aparición en el banquillo del Atlético de Madrid del Cholo Simeone. Su adquisición tenía similitudes con las de Guardiola en cuanto a paso por la entidad que le requería, pero su modelo de juego distaba mucho del utilizado en Can Barça. Simeone recuerda más a Bilardo sobre la pizarra, en cuanto ejerce un liderazgo férreo de sus hombres, articula cada encuentro desde la solidaridad colectiva y la fortaleza atrás, dando tremendos zarpazos cuando se despista el contrario, primero con Falcao y ahora con Diego Costa. En el fondo, tanto Guardiola como Simeone encuentran un reflejo en el banquillo en su naturaleza como futbolistas.

Este ejemplo de técnico como el Cholo, más práctico que pendiente de aspectos como la posesión de balón, ha sido el seguido por el Valencia cuando pensó en Juan Antonio Pizzi, que sobre el césped era delantero, pero de los peleones. Pizzi ha llegado a una entidad ciclotímica, sumida en una profunda crisis de identidad por la inestabilidad institucional. Sin embargo, el argentino ha estado avispado para contribuir a la depuración interna del vestuario, al tiempo que le han traído una serie de fichajes que no tiene mala pinta. Pizzi ha conseguido revertir la tendencia en la que se sumía el club con Djukic, un preparador que también se ajustaba al cliché imperante de antiguo deportista con éxito pero, en teoría, más proclive al fútbol de dominación del esférico. Sin embargo no pudo controlar las facciones reinantes entre su plantilla, que le acabaron devorando.

Pizzi ha sintonizado con la rigurosa grada de Mestalla y ha levantado el vuelo de la escuadra. El Valencia pasa por su mejor momento de la campaña, justo ahora que se enfrenta al Granada. Ya no es aquel cuadro sin personalidad que mereció perder en Los Cármenes, pese a llevarse los tres puntos en un garrafal error rojiblanco en los minutos de prolongación. Ahora gana, con un modelo muy vertical, acaudillado por un argentino con mucho carácter, que no renuncia a remontar posiciones en la clasificación e intentar ver sus opciones en la Liga Europa.

A Pizzi le adornan ahora los galones, pues es el último que ha ganado. En Valencia la felicidad no es un estado habitual. En ese estado de calma a orillas del Mediterráneo acuden los rojiblancos, deseando no ser los ‘ninots’ de su falla eufórica. Cuestionar el tópico triunfal sin ajustarse a la moda.

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