El león de Arrigorriaga

Lo bueno cuando se le hace una pregunta a Mikel Rico es que contesta, como demuestra en el diálogo mantenido con mi compañero Camilo Álvarez en Ideal. Rico no se convierte en un autómata con respuestas preconcebidas. Escucha lo que se le inquiere y construye un argumento a la altura, sin escurrir el bulto ni acudir a esos lugares comunes tan frecuentes en los futbolistas, que les valen para cualquier tipo de interpelación.

Si Rico no hubiera sido futbolista seguro que se habría enrolado en el comité de empresa en su otro trabajo. Aparte de sus cualidades como jugador, tiene alma de sindicalista, pero no de los de comilonas y desvíos de subvenciones. Sería un representante de raza, con férreos y honorables principios, siempre protector con el débil, en una traslación de su manera de jugar a su comportamiento vital. Porque Rico es un líder en el campo, un apasionado de su profesión que ha conseguido cumplir su mayor sueño a base de constancia, endulzando el tránsito con una inusual capacidad goleadora.

Pero el león de Arrigorriaga (cómo me gusta el comienzo del nombre de ese pueblo) mira todavía a la que fue su casa durante tres años. Añora al otro Rico, Fran, al que siempre deseó el retorno glorioso al campo, logro que ha conquistado, aunque se haya perdido la visita al Bernabéu y también la del flamante estadio donde destaca su amigo Mikel. También tiene palabras de aliento para Benítez. En una etapa complicada, cuando precisamente más se cuestiona su estabilidad emocional sobre el verde, Mikel Rico dice que es “la persona más fuerte que me he encontrado”.

La “rara sensación” de enfrentarse al Granada sucederá de nuevo este viernes. Un día para el reencuentro, pero en el que no habrá clemencia durante los 90 minutos. Rico peleará por su escudo, aunque guarde y cariño y atención para la que fue su casa. La ciudad donde nació su hijo Xabi, que ya ha visto siete veces su inicial formada por los dedos de su progenitor en las celebraciones del ahora número 17 del Athletic Club.

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