Líderes

Portar el brazalete de capitán no es patente de liderazgo. Un jugador puede lucirlo en señal de veteranía, porque los compañeros le han elegido para tal misión o porque el entrenador considera que su mesura en la expresión le convierten en el más indicado para comunicarse con el árbitro, pues es una de las atribuciones de esta figura además de participar en el sorteo de campos.

Hay jefes del vestuario que nunca lucieron distintivo pero cuya prevalencia ha sido notoria. El gran agujero que dejó la marcha de Siqueira y Mikel Rico no solo se limitaba a la marcha del mejor y del más regular de toda la plantilla, que no es poco, sino a la ausencia de dos voces autorizadas dentro de la caseta, con poder para templar ánimos, conducir al objetivo común e incluso rescatar a ovejas negras que tienden a descarriarse. Con ellos se fue Lucena, cuya tarea integradora nunca ha sido bien ponderada hasta que salió. Quedó Mainz y un grupo de licenciados ya en el Granada, pero ninguno con el peso simbólico de los otros tres, por muy diversas razones.

La caída en el abismo de las lesiones de Mainz ha impedido ver progresar al central madrileño, lo que le ha hecho perder cuota de vigor en el grupo. Las referencias se difuminaron, siempre bajo la división cultural entre los futbolistas ‘afrancesados’ y los nacionales más algún verso suelto. Con la salida de Diakhaté y Yebda en el mercado de invierno, el grupo galo perdió a sus caudillos. Brahimi reconoce que echa de menos al argelino, su gran amigo dentro y fuera, sin el que se siente como el que ha visto irse a un hermano.

El tiempos difíciles, los líderes son muy importantes. Para la directiva era mejor eliminar a dos figuras contestatarias en el mercado de invierno, que les habían echado pulsos en el pasado. La cuestión es que el viejo bando de ilustres se quedó cojo en verano y el otro ha sido amputado en enero. No existen fracturas internas, pero tampoco grandes voceros que comanden al resto, ahora que se pasa por un ciclo aciago. Murillo es acaparador en el campo, pero mesurado fuera. Fran Rico se siente responsable de templar el balón, pero es un chico que no se mete en líos. Piti quizás está en proceso de heredar liturgias, además de ser crucial en la gestación del gol. Es la gran esperanza rojiblanca para que aporte madurez a la escuadra y asuma el rol de comandante. Los líderes son figuras singulares a veces no distinguidos entre sus homólogos, pero a Piti sí se le ha dado pronto lo que se luce por encima de la manga. En él se confía como guía en un mapa plagado de obstáculos.