El doble discurso con la cantera

Los partidos del filial han vuelto a disputarse en Los Cármenes, un hecho que satisface a los muchachos y su entrenador, pues consideran que su fútbol se relata mejor sobre el estadio, pero que devuelve imágenes en grada que recuerdan a las del Granada en Segunda B, cuando solo se abría la tribuna y estaba bastante despoblada. Allí se sientan entusiastas del club, seguramente aficionados de toda la vida, entre los que bulle un nuevo rango dentro de la hinchada: los expertos en la cantera. Algunas de estas personas se erigen en firmes defensores de los talentos en formación y es propio de ellos que hagan campaña en pro del ascenso de algún chaval, no se sabe muy bien si por intereses amistosos o por un criterio más coherente.

El caso es que hay muchos nombres que salen a la palestra, con especial intensidad en los momentos de malas rachas del primer equipo (que se salpican durante el curso), pero solo han sido tres los que han tenido la ocasión de estrenarse con los mayores: Álvaro García, que fue fichado esta campaña y ya había despuntado en Segunda B; Fatau, integrado como mediocentro de guardia en cuantos se resiente un miembro de la tríada formada por Iturra, Recio y Rico, que también se había baqueteado algo en la categoría de bronce; y Boateng, el último en estrenarse, otro mediocentro, sin la exuberancia física de Fatau, aunque con recorrido y criterio.

Álvaro cayó en desgracia al comienzo del curso cuando era un recurrente para Alcaraz, marcado por el estigma, fijado por alguna mente mal pensada, de la coincidencia de representante entre jugador y técnico. Álvaro no deslució en ese tramo, aunque tampoco se saliera. Parte del público y la crítica, sin embargo, le hicieron un juicio rápido con la severidad del veterano. Ahora es titular habitual en el B y mete algunos goles. Una lesión le está importunando en este último tramo. Sin embargo, se antoja difícil que sea de nuevo llamado a filas con los grandes. Aquel examen tan exigente, en el que no había descargos por edad, sirvió de aviso para navegantes.

La edad de cada uno es importante y el entorno tiene que considerarla. No se puede pedir lo mismo a gente reputada que a deportistas sin contrastar aún. Debería de existir un cierto nivel de tolerancia al error, pues a veces no se debe a la falta de calidad en su tarea, sino a la inactividad, nervios o inmadurez, fase que solo se supera jugando, precisamente. Foulquier y Coeff, siendo fichajes, son otros veinteañeros a los que algunos les han puesto una cruz. Al lateral porque Carlos Vela simplemente demostró lo gran futbolista que es ante él en el último encuentro de 2013, y porque Aleix Vidal en Almería confirmó que Foulquier puede parchear de lateral izquierdo, pero que a pie cambiado sufre ante un extremo afilado. Lo de Coeff es más reciente pero la paciencia ha sido aún más corta. Decente en Mestalla, aunque estuviera marcando al tipo que metió el gol definitivo en la funesta falta del 2-1, pero horrendo en San Mamés, donde Aduriz le atropelló, para cierta gente su crédito está consumido y no tiene capacidad ni siquiera para militar en la división de escuela de la entidad. Comentarios hirientes y sin proporción.

Las pifias se llevan a veces a ese punto exagerado cuando se valoran. Se quieren convertir en norma y puede ser un estatus de desmesura. Foulquier y Coeff son internacionales en las categorías inferiores con Francia. Nadie regala eso. Materia hay, pero tiene que pulirse. Eso solo ocurre con exposiciones en campos abiertos y ante enemigos hostiles. Lo mismo le pasa a Álvaro, Fatau, Boateng y seguro que algún otro de la escuadra que dirige Joseba Aguado. Pero si cada vez que sube alguien con los mayores, o se estrena uno de los elementos bisoños del plantel, se establece un análisis tan férreo como el que se haría a un veterano, entonces es imposible que si hay diamante, coja forma.

Sean fichajes del A o del B, granadinos, andaluces o de otro país, todo el mundo merece el cariño cuando inicia su carrera en el deporte. Tan malo es cebarse como lo sería inflar un globo que alimente la vanidad de estas criaturas. Machacarles ante sus primeros tropiezos no solo es contraproducente para su carrera, es que acaba perjudicando, con esas críticas ácidas, a lo que supuestamente estas personas aman: el rendimiento del Granada CF que, como se está comprobando por necesidades del guion, necesita a estos bisoños.

El domingo, por ejemplo, de nuevo es necesario Coeff por las bajas. No es cantera, pero requiere el mismo aliento que un zagal recién salido del cascarón. Solo asentado a tipos así llegarán los demás con naturalidad. Si no la cantera será un adorno. Un entretenimiento para los fines de semana sin fútbol de Primera. No debería de ser ensalzada precipitadamente, ni tampoco ninguneada.