El Granada se desata la presión (Granada 2 – Villarreal 0)

La crónica en IDEAL. 

La corbata apretaba el cuello del Granada tras la victoria del Valladolid, exigía una respuesta vital ante la presión y el nudo cedió para aliviar con una presencia inusual en la alineación, pero que transformó la imagen rojiblanca. Riki, uno de los suplentes con más minutos de la plantilla pero que no había sido titular desde la jornada cuatro, apareció en el ‘once’ en la teórica posición de Piti, un sorprendente recurso en una noche de acoso, con el descenso a solo un punto al arrancar el entuerto. Perfiló una versión local muy distinta a la habitual, menos obsesionada con tener el balón, pero con más boletos para visitar el área contraria. Un fútbol menos masticado pero con más picante, derivando en una receta de éxito ante un Villarreal con la defensa hecha puré. Marcelino retrasó a su mejor centrocampista, el capitán Bruno Soriano, a la posición de central, donde le asomaron las vergüenzas interpretativas en ese rol.
Barrió a Riki con precipitación en el área y Fran Rico pidió lanzar. Algo tiene el brazalete de capitán del Granada que bendice a sus portadores. Rico no solo marcó desde los once metros, sino que asistió a El Arabi diez minutos después, con un pase de los que dejan boquiabiertos. El Arabi cruzó el disparo y armó la traca. Nunca se había llegado a un descanso con tanta ventaja en Los Cármenes. Así se acabó también. Riki tuvo una gran influencia en ello.
Alcaraz tiene emprendido un ‘casting’ para encontrar quién debe completar un ataque en el que tienen hueco fijo el generoso aunque a veces poco avispado El Arabi, y el exuberante driblador aunque aciago en el área Brahimi. Todo por las reiteradas lesiones de Piti, quien suele afilar el tridente por la derecha. Tras pasar Buonanotte y Pereira, el técnico probó con Riki, con la duda de su inactividad. Sin embargo, la confianza depositada impulsó al madrileño, al que no le extrañó partir desde el flanco. El trabajo de desgaste de El Arabi resultó clave en su exposición. Riki ganó saltos, aguantó embestidas y realizó incursiones en diagonal en las que sembró de miedo a la zaga castellonense. Cada movimiento tuvo una intención de dañar al contrario.
La noche podría haber acabado en tormenta si no fuera porque un viejo conocido erró en los metros finales. Uche quiso festejar en un campo que le trató con hostilidad y a punto estuvo de hacerlo en una internada en la que dejó atrás a varios rojiblancos y en la que retrató a Coeff, blando como el bizcocho en varios quites, superado por los acontecimientos en bastantes fases, esforzado pero bastante verde. Uche se plantó ante Roberto, pero el gallego debió rememorar algún anterior mano a mano de su antiguo compañero, pues le leyó la intención y detuvo su afán.
Aquella llegada fue un espejismo para los amarillos, porque Roberto desde entonces apenas tendría que probar sus nociones. Sería el Granada quien entraría al encuentro con fiebre por el triunfo. Riki cató a Asenjo en un disparo desde la frontal, tras el toque en corto de Fran Rico en una falta. Desde entonces, se fundó una sociedad productiva.
El partido lo juzgaba Muñiz Fernández y el espectáculo arbitral siempre está garantizado con él. Escamoteó primero un penalti de Bruno Soriano al alejar un balón con el codo, pero sí indicó la racha con la que golpeó el pie de apoyo de Riki, en una subida del de Aranjuez por la diestra. Hacia el punto gordo fue El Arabi, pero Fran Rico pidió la vez por esta ocasión. La consecución del gol cerró cualquier discusión, pero a Rico le quedó el regomeyo ante el franco-marroquí. Le regaló un balón al espacio que rodó con brillantina, para que El Arabi saciara su sed. Muñiz se comería luego una posible pena máxima de Riki sobre Oliver Torres. Se hizo también el longuis.

La grada, en el partido
El dinamismo en vanguardia metió en el partido a la hinchada, ávida de una actuación semejante. La segunda mitad bajó las revoluciones pero siguió controlada por el Granada, con carrusel de llegadas oportunas. El Arabi pudo mejorar su marca de cabeza y Recio también sacó el ‘bazuca’ para intentar reventar la red. De nuevo Riki seguía picoteando a su alrededor, con una potencia descomunal para acelerar los avances. Se quedó sin marcar, aunque a punto estuvo en una subida llena de veneno, con chut al lateral de la meta.
Brahimi parecía ajeno a este ritmo frenético, tan acostumbrado a comandar las progresiones con el salvoconducto de su regate. Con las fuerzas mermadas arriba, viniendo El Arabi de disputar partido completo con su selección y Riki con menos energía, Brahimi inició su particular partido, ese que tantas veces se ha visto por estos lares. Superioridad ante el contrario hasta su humillación con caracoleos fantásticos, pero nubarrón siempre que asomó por el área. A veces por obcecación, otras precipitado. Mientras tocaba su partitura, Uche quiso poner percusión en el otro flanco, en una escapada donde orilló de nuevo a Coeff, pero que marró en el disparo. El Villarreal no expuso mucho más, salvo algún bombeo al cuarto de Roberto, que fue alejado por la defensa en labores de achique.
El Granada acabó el encuentro con un tridente ofensivo inédito. Primero saltó Pereira, sin enchufarse demasiado, y luego lo hizo Benítez, en principio para la otra ala. Parte del público le recibió entre silbidos y la afrenta continuó en otros momentos. Puede que el acto de censura inicial se amparara en aquella loca expulsión de hace unas semanas, pero continuar la repulsa durante el resto contribuye en muy poco a la salud del conjunto.
Benítez acabó hasta de ‘falso nueve’, pues Riki tuvo su homenaje a poco del final. Salió Foulquier para atar los cabos sueltos en defensa, aunque la victoria ya estaba sobre la mesa, dispuesta a degustarse. Cuando el aliento de los perseguidores se sentía intenso, apareció un Granada con las vísceras intactas, bien orquestado por Rico pero sobre todo con la ecuación del ataque despejada gracias a Riki, quien ni está quemado ni es inhábil para arrimar con furia. Uno que sí se sube al carro de la salvación con garantías.

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