No se fue

Lucas Alcaraz alcanzó el sábado los 200 partidos en Primera división. Una cifra redonda, que refleja su trabajo en la élite en distintos clubes y discute algún comentario inoportuno de algunos críticos, que le suelen invalidar como entrenador de la máxima categoría. Es cierto que su suerte ha sido dispar en aquellas experiencias. Perdió la categoría con el modesto Recreativo el año que logró el ascenso, aunque llegó a la final de la Copa del Rey; en el Racing estuvo temporada y media, tras lo que destituido; se trasladaría a Segunda división con el Xerez, para luego fichar por el Murcia, con el que subió de nuevo a Primera, pero de donde le cesaron del cargo a mitad de campaña, aunque Clemente, su sustituto, tampoco sacó a los pimentoneros de la parte baja. Alcaraz retornó a la división de plata, para mantener con cierta holgura al Córdoba durante un bienio apacible, para luego incorporarse al Almería, donde posiblemente sufrió uno de los chascos más grandes: le relevaron con el equipo en puestos de fase de ascenso. Sin él se quedaron fuera, en un error mayúsculo que insignes futbolistas del conjunto, como el portero Esteban o el centrocampista Soriano, le reprocharon al propio presidente.

Tras pasar unos meses en paro y probar la experiencia en Grecia con el Aris, la llamada de Quique Pina le hizo volver a casa, en lo personal y lo profesional. Cogió a un Granada bastante informe y lo llevó hasta la salvación, no sin tener su propio periodo complicado, que el conjunto terminó salvando con una jornada de adelanto.

Este viernes se enfrenta al Getafe, en su encuentro 201. Una vuelta exacta tras escuchar, en Los Cármenes, como la afición le cantó “Lucas, vete ya”. Pero no se marchó, ni la directiva le quitó del cargo. Al siguiente partido se produjo la gran reacción, con un cambio de sistema y mejores resultados. En lo que se lleva 2014 se han alternado resultados buenos con encuentros irregulares, con bastante mala fortuna en algunos. Quizás el momento de mayor convulsión llegó tras la visita a Cornellá, pero el equipo y Alcaraz sacaron el asunto adelante. Al menos, la ventaja con la parte baja ha sido suficiente.

Ahora se afronta una emocionante etapa final del campeonato, con la garantía de no haber terminado ninguna jornada en descenso desde que llegó. Nadie se va a rendir, como corroboran los últimos marcadores, así que el Granada necesita sumar sin mirar atrás. Si Alcaraz llega hasta el final, sumaría 211 partidos en la Liga. Después, a la directiva le tocará hacer balance. Sus detractores tiene. Sus partidarios, también. Muchas opiniones se sujetan en los meros resultados, pero por ahora es absurdo pensar en el día siguiente al fin de la temporada. Queda un trecho definitivo, donde la experiencia es importante, incluso las aciagas, para no repetirlas. Es esto lo que tendrá que extraer Lucas del baúl para ilustrar a los suyos. Un bicentenario da para mucho.