La llamada a la calma

Solo ocho jugadores quedan, entre un equipo y otro, de la eliminatoria entre el Granada y el Elche. Los presidentes, sin embargo, permanecen. Las relaciones institucionales son inmejorables y cualquier atisbo de tensión se cerró durante el almuerzo de la primera vuelta, del que se ausentó Pina, aunque luego sí estuvo en el Martínez Valero. Ambos mandatarios, Pina y Sepulcre, saben que mantener heridas abiertas es absurdo. De ahí que el responsable rojiblanco salga a la palestra para llamar a la calma, aun exigiendo que el ambiente sea de excepción para una cita importante de cara a la salvación de la escuadra.

Pina está asumiendo la vital responsabilidad de conectar con la afición cuando es necesario, a riesgo de que algunos miembros del entorno entiendan mal su mensaje. El murciano desea que el ánimo no esté reñido con la paz, que sacar al balcón la rojiblanca sea compatible con el respeto exigible hacia la hinchada rival. De aquella eliminatoria ya ha llovido y, afortunadamente para ambos clubes, tanto uno como uno están ahora en la élite, enfrascados en la lucha por la permanencia. Para lograrla hace falta que los jugadores estén con un grado alto de confianza y que reciban desde la grada la motivación extra que les acerque a la victoria.

La afición no pierde partidos, pero puede ayudar a ganarlos. Una historia reciente con capítulos chuscos no puede manchar el señorío del público, de un lado o del otro. El sábado Los Cármenes necesita a su número 12. Pina quiere que todos goleen y no haya tarjetas amarillas, ni siquiera aisladas.