El Granada vuelve a un lío de vértigo

Crónica publica en IDEAL el 01-04-14.

El confort del campo base no es para el Granada, que convive en el filo del abismo, siempre a mitad, con deuda de oxígeno y mal de altura, año tras año, en su vértigo existencial. Surgen oportunidades de colocar la mano en un hueco, dar un salto definitivo, tumbarse en una planicie y ver cómo los demás suben por la cuerda, asfixiados. Pero esa monótona observación no casa con los rojiblancos, que aunque seguramente intentan complicarse menos la vida, acaban metidos en el lío de la supervivencia siempre. Otra vez la calculadora, las cuentas, los borrones y el terror.
Es tan delicada la clasificación que el Granada, en caso de ganar, hubiera sido el líder del grupo humilde de la Liga. Ahora se ha quedado cortado, sin sentir aún las brasas pero mirando futuras misiones, estimando con el ábaco. Todo ante un equipo proletario, con cinismo para renunciar a cualquier estética, que duerme en un barrio valenciano pero que tiene acento transalpino. Lo dirige un sevillano que saca brillo al viejo ‘catenaccio’. Plan simple, que obliga a un compromiso colectivo en pos de la causa y requiere de soldados tan rocosos como Diop o David Navarro, quienes convirtieron un meollo en el área en la oportunidad de ponerse por delante y atrancar bien su ya de por sí duro candado.
El Granada sabía lo que se iba a encontrar, pero no encontró armas para remediar los golpes secos y certeros del rival, que colocó una espinosa trinchera en torno a Keylor Navas. Los locales hipnotizaron el balón, pero sin darle la frecuencia necesaria para talar el bosque granota. No lo logró el primer tercio de infantería, donde Brahimi y Riki alternaron bandas sin éxito, con El Arabi siempre suelto, ni tampoco el destacamento de refuerzo, con Buonanotte, Piti e Ighalo, con la ansiedad ya clavada en la frente.
La posesión fue un dulce envenenado para los rojiblancos, pues al Levante le atusaba poco que circularan siempre por franjas meridianas. En el último tramo, parecía el metro en hora punta. En ese ambiente irrespirable, solo El Arabi consiguió encontrar un lugar donde sostenerse, pero lanzó como el que da una caricia, en lugar de un sopapo.
Al tedio de picar piedra se unió una rectificación extraña del árbitro. Riki metió un centro que pareció golpear tanto en la cara como en el brazo de David Navarro. Álvarez Izquierdo miró el punto de penalti, para luego arrepentirse a los pocos segundos. Ambos asistentes estaban peor orientados. Solo él sabe qué alteró su parecer. La discrepancia enervó al público.
Un tiro de falta de Ivanschitz, muy centrado, obligó a la primera detención de Roberto. Pero sin duda el que tuvo una oportunidad clamorosa fue Rubén García, en un contragolpe emblemático para los de Joaquín Caparrós, estratega de la inercia. Justo tras un ataque local, sus pupilos salieron a toda mecha y en el intercambio de pases la opción apareció para Rubén, cuyo chut repelió Roberto y lo escupió el larguero. La parsimonia local carcajeaba al Levante, que hacía la goma.
Pese al dictatorial gobierno del esférico, no terminaban de aparecer los que mayor limpieza le aportan. Fran Rico se coló tras la línea enemiga, sin que el resto le viera mucho. Ya en la segunda parte bajó a mandar, cuando ya se apartó del asunto Recio, también muy diluido. Caparrós había diseccionado bien al Granada. Puso obstáculos a Brahimi y dejó que la pelota la moviera Iturra, más sargento que general.
Los visitantes quisieron hacer un ataque furtivo nada más arrancar el segundo acto, con una escapada de Casadesús que salvó Murillo con un cruce milagroso. Dos minutos después, llegó el golpe. Nació trompicado, como no podía ser de otro modo. De un desvío de una falta, llegó un balón para Diop, que se quitó con una carga a Coeff. Apareció David Navarro, al acecho, para tocar lo justo ante Roberto, quien no placó el tiro y el esférico rodó hasta la red, entre lágrimas.
Si la muralla visitante había sido consistente, el Levante elevó su atalaya con la ventaja. Buonanotte salió por la derecha, para buscar resquicios al acorazado. El menudo argentino apareció en un par de envíos, pero los centrales siempre se anticiparon. A la desesperada, Alcaraz acudió a Piti, recién salido de lesión, colocando a Coeff de lateral derecho y a Iturra de central. Con esa disposición de riesgo, el Granada generó una oportunidad tremenda, en un centro desde la izquierda que Riki dejó atrás para el chut de Brahimi. El balón salió repelido para que lo embolsara El Arabi, pero luego lanzó a la Ronda Sur.
Tampoco Murillo pudo cabecear a la red un saque de esquina. El minutero avanzaba sin que Keylor se disgustara. Apareció Ighalo en escena, pero el nigeriano está aún para el simulacro. Riki tuvo una posibilidad, pero fue Barral quien pudo finalizar una subida rápida, si no aparece Roberto. El delantero tuvo que ser expulsado en una entrada con las dos piernas sobre Murillo, pero Álvarez Izquierdo no usó el distintivo rojo. Con el campo inclinado hacia el fondo de ataque rojiblanco, el Levante consiguió zafarse para acabar con toda esperanza. Pedro López irrumpió por la media luna, sin mucho acoso, y colocó el tiro en la malla. Silencio de crematorio.
La empinada montaña se transformó en el Everest. El Granada entró en trance, tras el esfuerzo baldío. De cuerpo estaban presentes. Sus mentes ya volaron en dirección al domingo, a lo próximo que marca el calendario, porque esta ascensión había quedado abortada. Aguarda una Rosaleda llena de espinas, tan cortante como el amasijo de hierros que colocó el zorro Caparrós para seguir sumando. El fútbol se entiende de muchas formas, pero entrega la razón al que gana, aunque se repudie el balón. El Granada lo quiere mucho pero le cuesta encontrarle su verdadera utilidad.

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