Orgullo sin mirar solo a la historia

La Resaca en Ideal.es

1. Fran Rico reparte pases agudos con el deleite del que se da un chapuzón en La Covasa de su querida playa de Caneliñas, en su Portonovo natal. Hasta aquí, nada asombroso, más allá de la belleza del enclave pontevedrés. Lo llamativo llegó en el movimiento del receptor de su preciosa filtración ante el Barcelona. Brahimi personifica la gambeta, pero jamás el desmarque. Para que se accione, el franco argelino precisa del balón sobre los cordones de su bota. Si no, se clava como un autómata sin fuente de alimentación. Por una vez, sin embargo, corrió al espacio, en acto de sorpresa, como el tacaño que de repente le da por dejar propina sobre la mesa. Brahimi fue más que generoso.

2. Montoya intentó desestabilizarle con el hombro, pero lejos del área el ‘diez’ sí soporta las olas como un buque mercante. Con ventaja llegó al territorio de suspense donde frecuentemente suspende. Pinto intentó desenfocarle la lente con una precavida maniobra de aproximación, pero se quedó a mitad del río. Brahimi, más que lanzar, se quitó el esférico de encima. El arquero gaditano tal vez esperaba que se entretuviera. La bola respondió al impulso de quien mejor lo abanica en las medianías. El tratamiento que tomó ante el Elche le ha quitado la alergia. Cada vez se normaliza más sus exaltadas celebraciones ante el gol que, encima, dan puntos victoriosos. Se resarció de lo de Málaga.

3. Así fue la jugada. Esa que recalcó Iniesta como la que les costó el partido. Pero fueron algunos detalles más. También el Tata Martino incurrió en cierto ninguneo al Granada, apelando solo a la casualidad como madre del resultado. Evitaron el campeón del mundo y su abrumado entrenador mencionar el disparo de Piti en la primera parte u otra cabalgada de Brahimi que esta vez sí neutralizó Montoya, por no citar la última de El Arabi, cuando el apagón azulgrana en ataque parecía consumado. Tampoco el posible penalti de Mascherano en el primer ciclo, que habría allanado el tránsito del Granada. Sí, la suerte le fue en parte esquiva al Barça, que batió récord de posesión golosa, que no orgásmica. Pero defender bien es también un concepto necesario en el fútbol, aunque no esté tan agradecido por el público, salvo cuando consuma heroicidades como la del sábado.

4. El abuso del apelativo de ‘matagigantes’ cuando un pequeño le gana a un grande ha roto unos trazos históricos que sí convergían en el temible Granada de los 70 que, en la temporada que derrotó al Barça con dos dianas de Porta, se mantuvo infranqueable en el viejo Los Cármenes. Su zaga feroz asustaba a los visitantes, que consideraban que los toreros tenían más suerte que ellos, mientras veían la plaza al subir por Doctor Olóriz, camino del campo. La defensa actual es muy diferente. La expuesta el sábado tenía 22 años de media, pero cualquiera lo diría, sobre todo por sus centrales, que se emplearon como molinos. Nyom ya está más reputado en el duelos con gallitos, nunca mejor dicho, y a Foulquier le costó algo más, en parte por el nulo auxilio de Brahimi. Pese a su gol, Alcaraz hizo bien en sacarle a mitad del segundo tiempo, enfadado. Lo que tocaba era contrición y rezo.

5. El Atlético de Madrid plasmó un plan que el Granada trató de adaptar a sus posibilidades. Presión en la salida del adversario, cierre de espacios cuando el contrario superó el ecuador, máxima atención a las figuras y vía abierta a los menos dotados, como Song o Mascherano, hasta que cayeran en la celada. Fue un guiño entre rojiblancos. Como los Lannister, los de horizontales pagaron su deuda contraída con los colchoneros en el primer curso de retorno a Primera división, cuando Falcao sepultó al Villarreal y así invalidó el daño de la derrota del Granada en Vallecas. Ahora les toca a ellos consumar la faena y romper así el duopolio de los más ricos.

6. El encuentro de la otra noche entra en la historia, como el que se vivió el curso pasado ante el Madrid, con el enorme mérito de conquistarse el triunfo ante un Barça líder, no como entonces el equipo blanco, que se dejaba ir bajo la displicencia final de Mourinho. Los azulgrana están en una fase crepuscular y en una semana pueden haber derramado dos de las copas a las que aspiraban. El Granada de Alcaraz atisba la meta, mientras el entrenador escruta un legado extraordinario ante los dos grandes de la Liga en Los Cármenes, en un estadio donde hacia falta una alegría así. Al menos, una vez al año.

7. La hazaña destapó un debate inesperado en la portería. Karnezis salío del agujero para exponerse a uno de los mejores ataques del mundo, debido a los problemas físicos de Roberto. En el arco las rotaciones son extrañas, salvo entre distintas competiciones, pero cuando un cancerbero logra entrar y encauza una actuación tan esplendorosa como la del heleno, parece difícil que se tenga que quitar los guantes, aun con su compañero recuperado. En el Sánchez Pizjuán se comprobará cómo resuelve el técnico este dilema. Ya antes de lo de la pierna, Roberto parecía no estar en el mejor momento, muy atascado sobre todo en balones aéreos. Un nuevo desafío para el de Chantada.

8. Un día, cierto jugador se marchará de Granada y no nos percataremos hasta que vuelva la Liga y ya no aparezca el que, desde la aparente invisibilidad, logra cimentar el centro del campo. Recio no pasa por ser el centrocampista más agresivo, ni el más creativo, tampoco el más llegador, pero el malagueño da soporte siempre a las líneas. Bien lo saben Iturra, Fran Rico y el resto de compañeros que cruzan por allí. Schuster le despreció, pero aquí se le adora.

9. Dato significativo de la convocatoria. Pereira se volvió a quedar fuera, como ya le pasó en Málaga. Buonanotte se cayó de la lista al final, por pura decisión técnica. Eso que había dos canteranos y un juvenil en el banquillo: Fatau, Cristian Bravo (que debutó) y Success. Todo aquellos que piensan demasiado en su futuro, se olvidan del presente. Para ese día a día, mejor los que tienen todavía mucho porvenir en el club, no los que parecen en el camino hacia otros aires.

10. El voluble entorno rojiblanco ha visto aplazarse el pesimismo, para alumbrar una extraña sensación de obra consumada que es irreal. Al Granada le falta un último esfuerzo para garantizar la salvación. Puede ser en el Sánchez Pizjuán o en casa, donde ya va siendo hora que se celebre un objetivo en directo. Cuando llegue, se podrá poner el broche a un ciclo con más luces que sombras, pero que de por sí ya ha dejado una alegría indescriptible. Algo importante para una grada que ya no tiene que aferrarse a la historia para lucir orgullo.

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