El Granada se hace la pascua (Sevilla 4 – Granada 0)

Crónica publicada en Ideal.

Las pistoleras humearon atadas a la cintura, una tras otra, pero los revólveres rojiblancos permanecían en sus fundas, descerrajando los pies de un Granada que se hizo la Pascua a sí mismo, ante un Sevilla que devoró sin gula, más ansioso por lo que le viene el jueves en la Liga Europa ante el Valencia. La nostalgia por Murillo emergió en una zaga de porcelana, en la que un descatalogado Mainz se metió un gol en propia meta e Ilori, en una tarde de tinieblas, prácticamente le emuló tras el descanso, cuando los locales todavía no habían tirado con rotundidad a palos. El esquema de Alcaraz se descosió por completo desde entonces, náufragos en un centro del campo donde Coeff fue un grotesco impostor de Fran Rico, que es único e inimitable. Para tapar la vacante había pocas alternativas creíbles, en una plantilla que ha racionado en exceso la materia gris, pero la posibilidad que queda totalmente descartada es la del francés, atropellado como volante. La lesión de Recio acabó por precipitar la dimisión colectiva, aunque hubo un joven futbolista que en el tiempo que estuvo le echó arrestos. Con velocidad e intenciones ofensivas. Es el chileno Cristian Bravo, que llama a la puerta a martillazos.
El Sánchez Pizjuán despierta respeto desde hace un tiempo, pues el Sevilla ha armonizado a una plantilla muy remodelada en verano cuando se fugaron algunos de sus principales talentos, pero que está encauzando una colosal segunda vuelta, con la que aspira a la máxima competición continental aún. Sin los dos futbolistas que marcan su filosofía, Murillo en defensa y Fran Rico en la media, el Granada se exponía a un huracán que trató de contener con muchas tablas y tornillos, pero sin un plan de respuesta al dejar el búnker. Alcaraz no pareció fiarse de Coeff atrás, algo endeble en su secuencia reciente de titularidades, y apostó por Mainz, pero no renunció al francés, al que quiso reinventar como gestor de juego, en detrimento de Fatau, que se ahogó en Málaga. Facultades para las que Coeff no está preparado. Tampoco funcionó la devolución del capitán al ruedo, pues las lesiones y el tiempo le han sacado de onda. De un mal despeje suyo, nació el primer tanto. Marin interceptó el balón, que dispuso para la carrera del frenético Gameiro. Mainz, al que pilló el pase a contrapié, trató de retroceder, azorado. Cuando el delantero francés trató de centrar raso, apareció el zaguero, exhausto. En el intento de corte, dirigió el balón hacia su red. Solo habían pasado 11 minutos.
El rendimiento colectivo estuvo en adelante muy por debajo de lo esperado para reaccionar. Quien al menos trató de sacar la cabeza entre la turbación fue Recio, con dos llegadas potables. En una se apoyó en El Arabi antes de chutar. Su otro disparo vino de falta, ajustada pero floja, fácil para Beto. La provocó Piti, quien se pasó el partido de los nervios ante el individualismo de Brahimi, cuyas gambetas suelen terminar sin soluciones generosas. Ni sus últimos goles le otorgan al franco argelino la clarividencia que se aguarda para un tipo como él.
Aguantando el dolor
Un pinchazo dejó a Recio tocado antes del descanso, con la sirena sonando en el banquillo, donde no predominan los de su especie. Aguantó hasta que el dolor se hizo insoportable, ya en la segunda mitad. Alcaraz ya había mandado ejercitarse al chileno Bravo para aspirar a la revolución, aunque conservó los cambios durante ese reposo para aclarar ideas. Lo cierto es que la escuadra asomó con otro aire en la vuelta. La intensa lluvia que empezó a caer difuminó la fragilidad expuesta y parecía que el Granada podría limar diferencias. Pero en una cesión grotesca de Ilori se enterró todo. Tocó atrás con Karnezis algo adelantado, provocando que el balón le superara con destino fatal hacia el arco. Gameiro, acaparador, se anticipó para evitar que todas las finalizaciones hispalenses tuvieran sello granadino.
Recio ya no pudo más y salió Cristian Bravo, que asomó por la derecha e hizo algo impresionante para un partido de tanta pifia: solo tomó decisiones correctas. Centraba cuando tocaba hacerlo, jugó en corto si fue necesario y peleó con denuedo para que la banda no fuera una pista de despegue para el enemigo. En estos momentos críticos, resulta saludable que un chaval sin bagaje aparezca al menos con la valentía necesaria para intentar ganarse una plaza con los mayores. Hará falta más de muchos para alcanzar la permanencia, pero es un gesto muy a tener en cuenta.
Los rojiblancos ya estaban asumiendo riesgos y tenían desguarnecida su coraza. Escenario perfecto para el fructífero contragolpe sevillano. Así anotó Mbia y luego Vitolo, para deleite de una grada que puede recrearse con el rondo local. El Granada había fundado una comparsa gaditana.
Deriva
Ante la deriva, Alcaraz comenzó a pensar en el sábado que viene. Retiró a Piti y a Nyom, ambos al borde de la suspensión por amarillas, y dejó morir el partido implorando que nadie más se lesionara. Brahimi acabó con un golpe, aunque no reviste gravedad. El resto fue un epílogo residual para un encuentro que subraya el influjo gigantesco que suponen Murillo y Fran Rico para este grupo. Ninguno de ellos tiene sustituto real. A ambos se les requiere para el partido del sábado, donde la magia de Los Cármenes tendrá que aparecer. Últimamente la conexión con la hinchada parece reverdecerse y es muy importante que ese poder aúpe ante un Rayo Vallecano que virtualmente ya está garantizado en Primera, pero que honrará seguro a la competición buscando sumar aun así. Pero tener la vida en juego es mucho más importante que el prestigio deportivo y eso lo tiene que tener presente plantilla y técnico rojiblancos, que saben que tienen en liza la primera bola de partido de la temporada. Parece imposible que si se alcanzan los 40 puntos la salvación pueda peligrar, así que una sola victoria podría bastar. Para ello, como en tenis, lo primero es evitar los errores no forzados, las pérdidas lamentables. Después, aprovechar bien los golpes que se puedan dar. Si está el escuadrón de gala, todo será más sencillo. Si Alcaraz tiene que experimentar, ya sabe qué pruebas son un chasco y cuál despierta expectativa. Bravo tiene condiciones para aportar fútbol a este conjunto. Eso nunca viene mal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *