Fe

Columna publicada en IDEAL.

La pierna de Roberto se tensó como una catapulta en un asedio y el balón despidió una curva amenazadora que recogió la escarcha que se depositaba sobre el barrio donostiarra de Amara. 20 tipos se arremolinaban ante Claudio Bravo como si fueran solteras esperando que la novia les tirara el ramo. Los futbolistas de la Real Sociedad creían que su amplia falange controlaba el perímetro y solo buscaban reenviar el esférico a la playa de la Concha, pero fue a caer en el pecho inadecuado. Aranda, con su gesto pétreo y la apariencia de mostrenco, confirmó la hipótesis de los que investigaron sobre su especie: definitivamente era más dañino de espalda que frente a la portería.
Se separó lo justo de su sombra para que aquella bola de fuego se aplacara en su esternón. En un quite firme e instantáneo, la sirvió hacia aquel compañero con el que coincidía en barrio de crianza. Recio armó entonces una carambola de ‘pinball’. De Mikel González rebotó hacia Bergara, para regresar hasta su bota, con el hueco de disparo cerrándose como una puerta mecánica. El malagueño giró su tobillo en la maniobra de tiro para evitar los obstáculos con un lanzamiento más acompasado. Los dedos de Bravo solo abanicaron la trayectoria. Recio correteó hacia el banderín como un niño tras una travesura, señalando a su cómplice paisano. Estiró levemente la camiseta hasta formar las rayas reales de aquella extravagante indumentaria de códigos de barra rojos del curso pasado. Resbaló hasta tumbarse y desaparecer entre una montonera de compañeros que no se creían aquel empate en Anoeta en el tiempo añadido, ante un conjunto vivaz que acabaría clasificado para la Liga de Campeones. Valorado al tiempo, reportó un punto inesperado y sobre todo un golpe de moral extraordinario para las últimas citas de un campeonato en el que el Granada se alivió antes de la frenética última jornada.
Ese plus de motivación busca de nuevo el Granada en su visita a San Sebastián, ante un rival que ha cuajado una temporada menos redonda que la anterior, pero que ya tiene sellada su participación en la Liga Europa y no tiene próximo el escalón superior. De los tres adversarios que le quedan es el más temible en potencial, pero el que menos tiene en disputa. Ese tipo de enemigos superiores que solían sacar un reflejo contestatario de los de Alcaraz. Lo que desconocemos es si esa versión ha caducado. Una vuelta ha pasado sin triunfos fuera.
Aquel Granada de las tablas era sufridor también, pero diferente. En ese partido remontó por dos veces. Estuvo muy a merced al principio pero luego acorraló a la Real. Siqueira se lesionó, fue el único incidente. Pero, por lo demás, no hubo expulsiones, ni penaltis, ni fallos a puerta vacía. Solo un partido de equipos con objetivos divergentes que al final repartieron fortuna. La épica mitigó las carencias. A estas alturas, más que cambios tácticos, destituciones o castigos, hace falta un golpe así de fe. Porque llegar a los 40 no supondrá en este caso meterse en una crisis, sino salir de ella.

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